27/06/2002 | 760

Se realizó la II Asamblea Nacional de Trabajadores (ocupados y desocupados)

Por el Argentinazo y una nueva direccion

La II Asamblea Nacional de Trabajadores, que sesionó en el Polideportivo José María Gatica de Avellaneda durante los días 22 y 23 de junio, fue quizás menos espectacular que la anterior (convocada en Plaza de Mayo cuatro meses atrás) pero mucho más trascendente. A lo largo de un día y medio de deliberaciones, una fracción significativa de la clase obrera piquetera debatió «los problemas de la revolución» de cara a delegados e invitados, una necesidad que Roberto Martino (Movimiento Teresa Rodríguez) había planteado en aquel acto del 1º de Mayo, «para ver si se saca el agua con una cucharita del barco que se va a pique o ayudamos decididamente a que ese barco se hunda».


Hubo casi un millar de delegados entre aquellos provenientes de las organizaciones de desocupados (a razón de uno cada cuarenta compañeros), de las Asambleas Populares y del movimiento sindical. Convocaron y participaron las organizaciones que componen el Bloque Piquetero Nacional (BPN)* y el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD). Estuvieron presentes fábricas y empresas ocupadas y en lucha como Brukman, Clínica Junín, Transportes Del Oeste, Lanera El Triunfo-, una tendencia que, como lo corroboró la Asamblea, tiende a afirmarse en la clase obrera. Se escuchó la voz de los dirigentes de los Docentes Unidos de Ensenada, La Plata y Berisso, surgidos de las autoconvocatorias de la base docente de los distintos gremios contra la política de las burocracias. Se aprobó un plan de lucha que, en su primera fase, incluye a la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón y a la organización Barrios de Pie (en la CTA).


Una divisoria de aguas


Luego de la lectura de la convocatoria se formaron comisiones (un acierto que permitió que muchos compañeros se animaran a intervenir por primera vez en una deliberación de estas características), las cuales se volcaron a elaborar la resolución política, el programa y el plan de lucha. Cada una de estas comisiones fueron cruzadas, en mayor o menor grado, por un debate que recorrió la Asamblea y se convirtió en la lucha política central de ambas jornadas.


El MTL y el MPSL presentaron en forma conjunta, a través de una declaración repartida masivamente en los inicios de la Asamblea, una moción que proponía la constitución de un centro coordinador de las luchas y las organizaciones y los movimientos populares que impulse, a su vez, un bloque de poder político y social con posibilidades ciertas de confrontar por el poder. Ambas corrientes desenvolvieron, al explicar esta propuesta, su caracterización de la situación política. Negaron la existencia de una situación revolucionaria y plantearon los límites insalvables de la Asamblea y el BPN para terciar en la lucha por el poder si no se planteaba una política dirigida a sumar otras representaciones políticas y sociales («con esto no alcanza», planteó Chapu Urreli, del MTL). En la apreciación de los dirigentes del MTL-MPSL, la oposición a este cambio de rumbo delataba a una corriente «vanguardista» y «autoproclamatoria» guiada por su propia lógica de aparato antes que por la necesidad de constituir una sólida alternativa de poder. En el terreno del plan de lucha estas corrientes planteaban que la Asamblea se pronunciara por la movilización a Plaza de Mayo el 9 de julio por la «segunda independencia».


Estas posiciones fueron literalmente demolidas primero en las comisiones y luego en la sesión plenaria de la Asamblea, pero más importante que esto fue que dieron lugar a una superación notable del debate. Un conjunto de oradores plantearon que la Asamblea Nacional era un «centro de coordinación» constituido sobre la base de una política de independencia de clase frente al Estado y la colaboración de las burocracias con el gobierno, e impulsor de un Argentinazo; y que los que propugnaban un nuevo «centro coordinador» propugnaban en realidad un cambio de política y de estrategia. El nuevo escalón de «coordinación» que se le pedía a la Asamblea era un planteo de disolución política que llevaba a la «mesa de coordinación» CTA-CCC-FUA-FAA y Frenapo, y que se había expresado previamente en el intento de partir el acto de la clase obrera piquetera el 1º de Mayo en la Plaza en nombre de una política de compromiso con estas fuerzas (ver PO N° 753). Los compañeros que llamaron a rechazar el planteo de disolución en nombre de un nuevocentro coordinador, caracterizaron a esta política como funcional al ARI, presente en el Frenapo, y al planteo de las elecciones anticipadas, que ofrece una salida a la catástrofe capitalista dentro del cuadro estatal presente, de su régimen de partidos y del sistema de dominación de banqueros acreedores y grandes capitales. Se explicó allí que la Asamblea Nacional anterior, como el Bloque Piquetero, habían trazado una política para la unidad de la clase obrera piquetera y los explotados, llamando a la CCC, a la FTV y a las organizaciones obreras a romper con la tregua y la colaboración de clases con el gobierno y sumarse al movimiento de lucha común.


Los oradores del Polo Obrero llamaron a reafirmar una política que trazara un salto en la unión de la clase obrera en lucha, impulsando congresos de bases en los municipios, las provincias y la nación que adoptaran planes de lucha por todas las reivindicaciones planteadas y el programa de salida obrera a la crisis, un punto que fue colocado en la resolución política.


En la deliberación plenaria que se concentró en este punto, la oradora por el MIJD, representante de La Matanza, coronó estas intervenciones planteando: «¿De qué centro o coordinación distinta se habla, si esta Asamblea es la coordinación de los que luchan?».


Origen


La propuesta de disolver la Asamblea Nacional en un «nuevo centro coordinador» corresponde al PC (Propuesta, 20/6), pero en su origen al Frente Nacional de la Pobreza, que en su asamblea nacional de marzo de este año llamó a «la construcción de una nueva experiencia de unidad popular» en función de una política de rescate de la democracia («seguimos convencidos que el dilema principal de la Argentina sigue siendo ajuste o democracia»).


Plan de lucha


La Asamblea aprobó lo que los medios caracterizaron como un «vigoroso» plan de lucha que incluye un piquetazo nacional el 26 de junio, una movilización de repudio a la misión del FMI, el sitio a Repsol y las privatizadas y el apoyo militante a la rebelión docente en la provincia de Buenos Aires.


La nota destacada en el programa y en el plan de lucha es el llamado a la «unión inmediata y efectiva» de las fábricas y empresas ocupadas, en lucha o gestionadas por sus trabajadores y a una «reunión nacional». La Asamblea llama a impulsar la ocupación de toda fábrica que cierre o despida para luchar por su continuidad mediante la expropiación sin pago a cargo del Estado y el control de los trabajadores. En lo que constituye un salto en el programa, se plantea impulsar la transformación de las fábricas y empresas ocupadas en una red nacional de empresas bajo control de los trabajadores y que una banca estatal única brinde financiamiento sin interés con directorios de trabajadores y representantes de esta red de empresas bajo gestión obrera.


En lo que constituyó otro capítulo de la lucha política, la Asamblea votó marchar el 9 de julio bajo las consignas «Por un nuevo Argentinazo. Fuera Duhalde y el FMI, que se vayan todos», en la línea de impulsar una nueva rebelión popular, rechazando los planteos que pretendían ahogar esta perspectiva detrás de slogans como la «plaza del no» o la «segunda independencia».


En la Asamblea se hicieron presentes treinta y siete Asambleas Populares que son centros de movilización en sus respectivas zonas, lo que supera el número de las que se hicieron presentes en el acto del 1º de Mayo y expresa con mayor fuerza la existencia de una conciencia en los vecinos organizados sobre la necesidad de un movimiento popular bajo la dirección de la clase obrera. Casi todas ellas fueron convocadas en reuniones previas por el BPN y participaron con delegados plenos en las deliberaciones, lo que puede dar paso a un salto en la colaboración con las organizaciones piqueteras.


Los oradores en la sesión plenaria fueron sólo una parte de la Asamblea. Una medición establece más de 350 intervenciones en comisiones y de conjunto, una maduración del activismo en relación a otras deliberaciones.


La II Asamblea Nacional de Trabajadores cumplió su cometido.


(*) MTL, FTC, MTR, Cuba, Polo Obrero.

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