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8 de octubre de 2015 | #1384

XXX Encuentro Nacional de Mujeres: por otro Ni una menos

Desde que más de medio millón de personas reclamó contra los asesinatos de mujeres, contra las muertes absurdas por abortos clandestinos, contra la violencia laboral e institucional, los gobiernos locales y el nacional no acusaron recibo. El empoderamiento de mujeres pregonado por la presidenta se ha reducido a una colocación de funcionarias en puestos del Estado.
 
Tanto han dado la espalda que en los presupuestos elaborados para el año 2016 no han destinado un centavo más de los inexistentes presupuestos destinados para años anteriores.
 
El Consejo Nacional de las Mujeres, dirigido por La Cámpora y Kolina, es una burla en la cara de miles de mujeres violentadas. A los 105 trabajadores de la línea de emergencia 144 se los mantiene precarizados y sin las herramientas para resolver las desesperantes llamadas que deben atender y que el propio 3 de junio ascendieron a 5.100.
 
El PRO y el kirchnerismo bloquearon de manera conjunta el tratamiento en el Congreso del proyecto de aborto legal, lo que nuevamente los coloca de manera unificada en el terreno del impulso a una de las formas más pérfidas de violencia contra la mujer, contraponiéndose incluso a principios liberales elementales de defensa de los derechos individuales de las personas. Las pretensiones de que con un poco de misoprostol por aquí (aún cuando el gobierno kirchnerista no autoriza su comercialización y producción en cantidades adecuadas) y alguna guía para el aborto no punible por allá (que el gobierno se niega a convertir en un verdadero instrumento) se mitiga el mal que produce la no aprobación del aborto legal es una impostura.
 
La Iglesia, a su turno, es consciente del papel que cumple la clandestinidad del aborto y la defiende hasta el final. Se trata de echar mano a un instrumento de control social de primer orden. Y Scioli, Vidal, Massa y Macri están dispuestos a hacer causa común con los intereses de la Iglesia, que en definitiva son los propios.
 
La violencia en el hogar, contra mujeres y niños, no es más que otra de las caras de las políticas de disciplinamiento social de las cuales se valen los representantes políticos de minorías expropiadoras de trabajo, la riqueza, los recursos naturales y la vida de las mayorías populares.
 
El Estado será incapaz de resolver esta situación, porque su orientación política y social es la opuesta. La mujer necesita independencia económica; el gobierno necesita que sea dependiente de trabajos con ingresos bajos y en negro. O que esté en su hogar haciendo malabares para parar la olla a como dé lugar, porque ellos necesitan bajar los salarios para beneficiar a exportadores u otros socios capitalistas.
 
La orientación de pagar a fondos buitres, devaluar, convertir al Anses en una AFJP, encubrir a Milani, pagar a Repsol, entregar los recursos a la Barrick Gold o a Chevron es incompatible con la de impulsar la emancipación de la mujer.
 
Esta debe ser obra del propio movimiento de mujeres organizado. El próximo 25 de noviembre será oportunidad de organizar marchas y acciones en todo el país con motivo de conmemorarse un nuevo aniversario del asesinato de las hermanas Mirabal por parte de la dictadura de Trujillo. Esa es la fecha elegida por las mujeres para reclamar contra todas las formas de violencia.
 
Desde el Plenario de Trabajadoras promoveremos en el Encuentro Nacional en Mar del Plata una discusión a fondo para lograr la unidad de acción necesaria para una enorme convocatoria nacional por nuestras demandas.

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