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15 de diciembre de 2016

La lucha arrancó la renuncia de un acosador en la Universidad Nacional de Tucumán

Tres trabajadoras no docentes de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) habían denunciado por acoso laboral y sexual al Secretario de Asuntos Estudiantiles, que las autoridades mantuvieron en su cargo hasta que la movilización universitaria derribó la maniobra; la rectora sólo había dispuesto el traslado de las trabajadoras a otra oficina. Una de las mujeres afectadas es pasante estudiantil, cuyo contrato está  próximo el vencimiento y teme que no le renueven. 
 
Frente al desamparo de las trabajadoras que sufrieron el abuso, que sólo el gremio de docentes universitarios (Adiunt) salió a respaldar en el ámbito universitario, desde el Plenario de Trabajadoras y otras organizaciones de mujeres impulsamos una movilización al Consejo Superior para pedir que se aparte de manera inmediata al funcionario y se dejen sin efecto los traslados. 
 
En dicha sesión, con la presencia de las víctimas, la representante por los no docentes pidió que se trate el punto sobre tablas y, puesto en consideración, los consejeros terminaron votando su tratamiento en secreto. La rectora aclaró que apenas llegó la denuncia a sus manos la había derivado a asuntos jurídicos de la UNT "como correspondía".  Retiraron a la prensa y a quienes nos  manifestábamos,  escucharon a las trabajadoras afectadas y luego deliberaron sin carácter resolutivo.  
 
Las trabajadoras denunciaron toda la violencia institucional que se descargó sobre ellas, ya que las obligaban a firmar en la oficina donde estaba apostado el acosador y que nadie se les acercó para ofrecerle contención psicológica ni asesoramiento. También descargaron contra la presencia de una barra de estudiantes del Movimiento Humanista, mandados por el acosador a la sesión de Consejo con el propósito de amedrentarlas. 
 
Al día siguiente a la sesión,  presentamos una nota solicitando una audiencia con la rectora e informamos que si no había respuestas a los reclamos iniciaríamos un plan de cortes de calles.  La trascendencia que tomaron los hechos, y la propia gravedad de lo denunciado, provocaron que el acosador termine presentando la renuncia. Advertimos que este triunfo de la lucha puede sea manipulado por las autoridades para que no avance la investigación. 
 
Esta  política de desprotección de las víctimas y protección a los responsables, se repitió en otros hechos de violencia que sucedieron en la UNT. 
 
Recientemente, se denunció el desconocimiento de los derechos laborales y de maternidad de dos trabajadoras del comedor de Filosofía y Letras. Las declaraciones de las autoridades, en este caso, del mismo funcionario denunciado por acoso, fueron que la UNT no tenía ninguna obligación y que se trataba de aspirantes. 
 
A esto se suma la denuncia de abuso sexual de una estudiante de Artes que fue atacada por otro estudiante y quedó en la nada. En ese momento las autoridades de dicha facultad habían declarado que ofrecerían contención a ambos estudiantes poniendo en igualdad de condiciones a la víctima y victimario. Pasado el tiempo no se tomó ninguna medida de suspensión del agresor y la causa quedó parada. 
 
La denuncia  de acoso y abuso al docente de Trabajo Social, Guillermo Frías, sólo quedó en el apartamiento del cargo pero no se avanzó en ninguna otra medida. Hasta el día de hoy sigue trabajando en la UNT.  
 
Desde el Plenario de Trabajadoras consideramos necesario avanzar en el planteo desarrollado desde Adiunt de conformación de un Consejo de Mujeres de la UNT, electo por las mujeres de la comunidad universitaria (docentes, no docentes, estudiantes), con atribuciones e independencia plenas, así como presupuesto para recibir denuncias, investigar, proteger a las víctimas y desarrollar todas las acciones necesarias para enfrentar la violencia de género en la UNT.
 

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