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12 de mayo de 2017

La hipocresía de Scioli la pagamos las mujeres

Por Mariana Ángeles
@romano_m
Luego de que Daniel Scioli diera en TV "el feliz anuncio" de que iba a ser padre ( "Ojalá Dios me ilumine para ser un buen padre") a los 60 años, la madre de su futuro hijo o hija, Gisela Berger, declaró: "Ahora quiere la familia feliz, pero cuando se enteró me pidió un aborto".
 
Durante la campaña electoral 2015, el candidato del Frente para la Victoria fijó posición contra el aborto y su legalización, como lo hizo durante toda su gobernación y se autodefinió como “pro vida”, al igual que su jefa, CFK –repitiendo así el libreto clerical que encubre las muertes y mutilaciones maternas a causa de los abortos clandestinos. 
 
Durante sus 8 años de gobierno, Scioli llevó esta postura personal al plano de las políticas públicas en la Provincia de Buenos Aires. Bloqueó por un lado la aplicación del Protocolo para la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en hospitales y centros de salud, en consonancia con la orientación del Poder Ejecutivo a nivel nacional, que limitó el acceso al no darle rango ministerial para que sea de aplicación obligatoria. 
 
Scioli también acompañó la reforma reaccionaria y antiobrera del Código Civil y Comercial que impulsó el kirchnerismo con acuerdo del Episcopado, que vino a ratificar el poder de la Iglesia Católica como un Estado dentro del Estado y fijó el "inicio de la vida desde la concepción" en oposición directa al derecho al aborto.  
 
La doble vara de Scioli, sin embargo, va más allá de la impostura personal. Este hombre de Estado ha condenado a todo tipo de riesgos a las mujeres que no cuentan con los recursos económicos y el acceso a la información para acceder a un aborto seguro. ¿Scioli cambio de posición? No. La disposición personal de Scioli a recurrir a un aborto deja en evidencia que no lo rechaza públicamente por moralidad o adhesiones religiosas personales, sino como un derecho para las mujeres trabajadoras.
 
El pacto de los partidos de gobierno (FpV, PJ, Cambiemos) con la Iglesia católica y otros cultos operan al servicio de la regimentación de las mujeres y con ello, de la clase obrera en su conjunto. La criminalización del aborto como política de Estado forma parte de la opresión de las conciencias y los cuerpos de las mujeres para subordinarlas al mandato social de la maternidad como tarea privativa femenina, que además debe realizarse bajo la forma de sacrificio privado.
 
El “milagro de la vida" se impone con violencia desde el Estado a niñas violadas, a las mujeres cuyas vidas corren riesgos si llevan adelante un embarazo y a las que no tienen esperanza de que el feto llegue a sobrevivir, dada la vulneración existente a las causales de aborto legal. Los mismos que impulsan la maternidad a cualquier costo, son los responsables de los despidos, los bajos salarios, el carente acceso a la salud y la educación, que hacen insoportables las condiciones de crianza para la clase obrera bajo el capitalismo. 
 
El poder político rechaza medidas que permitan a las mujeres trabajadoras capacidad de planificar su maternidad, elegir o no ser madre, cuántos hijos tener o cuándo: legalización del aborto, acceso al aborto no punible, educación sexual científica y laica, acceso a la anticoncepción. La posibilidad de elegir sobre nuestros cuerpos y  vidas sería un verdadero “empoderamiento” que abriría a millones de mujeres trabajadoras a la conciencia y capacidad de ocupar otros lugares en la sociedad. Por eso lo combaten como a la peste. 

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