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3 de junio de 2018

Momento de definiciones

Momento de definiciones

Foto: Ojo Obrero Fotografia Bernardo Cornejo

Por las audiencias en el Congreso que se desarrollaron entre abril y mayo para discutir el proyecto de legalización del aborto pasaron 738 expositores. Por disposición de la organización del debate, en manos de Cambiemos, la mitad de las y los oradores pertenecían al campo de la defensa de la legalización y la otra mitad, al campo contrario.

El fiel de la votación final está hoy en manos de los diputados “indecisos” o que mantienen en secreto su voto. De ellos, una parte significativa pertenece al bloque parlamentario del gobierno, que horas después de escuchar el sermón del tedeum  del 25 de mayo, envió a su canciller al Vaticano a negociar.

En el terreno de la defensa de la legalización se escucharon cuestiones tales como la defensa del derecho de las mujeres a decidir, el derecho a gozar de una sexualidad apartada de lo reproductivo y  la lucha por la separación de la iglesia del Estado. De nuestra parte, llevamos la denuncia contra un régimen capitalista y mostramos que el aborto clandestino es una herramienta del régimen para disciplinar a los y las trabajadoras. La intervención del cardenal Mario Poli en el tedeum del 25, en la catedral de Buenos Aires, advirtiendo al gobierno que todo ajuste debe transitarse “con una buena dosis de religiosidad”, puso nuevamente de relieve ese rol anestésico o de contención que cumple la institución religiosa. Las palabras de Poli fueron una extorsión dirigida al gobierno y también  una ratificación de nuestra denuncia.

El papa Francisco instruyó a Gustavo Carrara, obispo auxiliar, para intervenir en la apertura de las audiencias y al cura “Pepe” Di Paola, para el cierre. Los “curas villeros” fijaron posición tempranamente en el debate, mediante  una carta que reproducía las falacias, golpes bajos y cretinismo político de bajo vuelo que abundó entre los expositores partidarios de perpetuar la clandestinidad del aborto. A su turno, Pepe repitió en el Congreso que el aborto legal era sinónimo de muerte, comparable a las producidas por el genocidio de la dictadura o por el narco, y afirmó que la mujer pobre abraza la causa de la maternidad “en cualquier condición”. Las expresiones de los “curas villeros” fueron acompañadas por el dirigente de la Ctep, enrolado en el Movimiento Evita, Juan Grabois. En el campo del kirchnerismo y del pejotismo en general, primó el silencio frente a estos ataques al movimiento de mujeres, que comparte esta causa con la de los derechos humanos, mientras que la Iglesia católica está poblada de cómplices de la dictadura, incluido el propio Bergoglio. Algunas voceras ´nac and pop´ fueron rápidas para festejar el “machirulo” de CFK, pero no se les ha caído ni una denuncia sobre este operativo clerical, de lo más ofensivo contra la lucha de las mujeres.

La mayoría de los expositores contrarios al aborto legal fueron reclutados por ONGs y fundaciones dependientes de la Iglesia Católica y por los emporios empresariales y religiosos Austral, Universidad Católica y Universidad del Salvador. Todas las fracciones del Vaticano se mantuvieron unidas detrás de ese propósito reaccionario. También se sumaron a la faena, aunque en menor medida, los representantes de Aciera, “alianza” que agrupa a 15 mil iglesias evangelistas distribuidas por todo el país, y algún que otro representante de la religión judía.

Por otra parte, del lado de la defensa del aborto legal hubo de todo. Desde una honesta militancia del movimiento de mujeres, hasta llegar a funcionarios y ex funcionarios que formaron parte del bloqueo a que esta causa avanzara bajo sus gobiernos y que ahora hablan como si hubieran sido los embajadores del aborto legal toda su vida.

La militancia por el aborto legal superó muchos límites. En muchos casos, el empeño por esta causa contradice a la representación política de sus movimientos de pertenencia, encabezada por figurones que fueron aliados del clero y que se mantuvieron agazapados para no ser interpelados por la “marea verde”. El oportunismo dictado por las circunstancias -al que ahora llaman “deconstrucción”- no puede soslayar el registro de muertes, mutilaciones y encarcelamiento de mujeres pobres y jóvenes que cargan sobre sus espaldas, y mucho menos los pactos con la Iglesia Católica, que dejaron sus huellas en el cuerpo de generaciones educados bajo sus principios y en la legislación, como el Código Civil o la propia ley de educación sexual integral, entre otros registros que no podrán borrar de la memoria de esta lucha. Aunque sólo el Frente de Izquierda lleva en su programa y en su ADN la defensa del aborto legal, la presión de la movilización social mayoritaria hizo que una parte de los representantes de la política patronal “salieran del clóset” para tratar de capitalizar el reclamo.

Por su parte, el macrismo debe enfrentar las definiciones de este debate en medio de una crisis política y económica brutal y en medio de feroces ataques a la clase obrera. La movilización popular impedirá, en el caso de un desenlace favorable a la legalización, que este gobierno antiobrero se arrogue lo que constituye un patrimonio político de las mujeres y la juventud que lucha por el aborto legal y contra el ajuste de Macri y de los gobernadores.

Movilización

En el transcurso del debate parlamentario se produjeron hechos de suma importancia.

Ante la obstaculización de otro aborto no punible para una niña violada, el gobernador Urtubey, un títere del Opus Dei, se vio obligado a derogar el decreto de 1.170, con el cual mantenía bloqueada la interrupción legal del embarazo en la provincia desde el año 2012, cuando fungía de aliado estratégico de CFK.

El referéndum irlandés significó otro golpe brutal al oscurantismo local e internacional. En el país considerado el más católico del mundo, el 66% de la población optó por abrir el camino a la legalización del aborto. Fue el resultado de denuncias demoledoras contra la Iglesia, responsable de miles de abusos contra menores. Los hipócritas “defensores de la vida desde la concepción” mantenían en secreto una fosa común donde depositaron los cuerpos de 800 niños y fetos al lado de uno de sus principales templos.

Actrices, escritoras, secundarias y piqueteras fueron las que más emocionaron por sus testimonios. El protagonismo de actrices argentinas se expresó en una serie de intervenciones en las audiencias, con picos políticos y emotivos como los testimonios de Muriel Santa Ana –quien relató su propia experiencia- y de Flor de la V, hablando de la muerte por aborto clandestino de su propia madre y lanzando una acusación poderosa: “el femicida de mi madre es el Estado”. La intervención de las actrices se plasmó además en una organización permanente y en otras acciones, como las de saludar al público con los pañuelos verdes al final de sus obras o llevarlas a la puerta del Congreso en los “martes verdes”.

También en el campo de la cultura, Claudia Piñeiro, una de las más destacadas escritoras argentinas de la actualidad, puso su reconocimiento internacional al servicio de esta causa, incluso llevándola a la apertura de la Feria Internacional del Libro. En su discurso en la feria, refirió a los lazos entre la literatura y la temática del aborto y se adueñó de la palabra vida, instando incluso al propio presidente a no apropiarse de un término que pertenece a quienes luchamos por la vida de las mujeres. Se ganó por esto un fuerte ataque de diputados/as fundamentalistas del aborto clandestino. Las estudiantes secundarias de la UJS, Camila y Manuela, las más jóvenes que intervinieron en el debate, recorrieron la lucha estudiantil, reclamaron la separación de la Iglesia del Estado y hablaron de su derecho a la educación sexual científica y laica. Reclamaron a viva voz por su libertad, sin las ataduras del Estado y el oscurantismo clerical.

El último tramo del debate no estará exento de maniobras. Los diputados del gobierno y del FpV acordaron incorporar la “objeción de conciencia” en el dictamen de las comisiones -una concesión inadmisible al lobby clerical-, junto a otras reformas relativas al Código Penal y a los derechos de las menores de edad, respecto de la formulación establecida en el Código Civil, en el que se respeta la llamada “autonomía progresiva”.

En los días que tenemos por delante, sólo una firme movilización popular podrá arrancar la media sanción en diputados. No alcanza con decirlo. Tenemos que militar la presencia masiva en las jornadas del 4 de junio, en el aniversario de la movilización por el “Ni Una Menos”, y del miércoles 13, cuando se trate en el Congreso el proyecto de legalización.

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