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12 de julio de 2018 | #1510

Aborto legal: una pelea que se define fuera del Congreso

Pañuelazo frente a la CGT
Por Vanina Biasi

El tratamiento del aborto está provocando un tembladeral al interior de los bloques políticos, y particularmente del bloque gobernante. El entrecruzamiento del tema con la crisis política y económica es total. El problema de la legalización del aborto va de la mano de los pedidos de postergación del pacto fiscal que están haciendo las provincias o de los realineamientos macro-pejotistas, que encabezan los ultracatólicos Vidal y Larreta.

La Iglesia se sirvió de los actos patrios para bramar contra la legalización. El novel obispo de La Plata, Víctor Tucho Fernández, llegó a reclamar un veto presidencial en caso de una aprobación, algo que rápidamente fue rechazado por el jefe de Gabinete. La “grieta” entre ambas posiciones enfrenta a facciones de un gobierno jaqueado por el desmadre económico, y que no logra disciplinar ni a sus propias filas. Lipovetzky parece preparar un recule moderado, mientras Larreta retrocede al medioevo y consagra “a la Ciudad al corazón de María y Jesús”. También hubo un cruce en el PJ del Senado, cuando José Mayans desautorizó al jefe de su bloque, Pichetto. 

Pañuelazo en la CGT

Por su parte, la CGT volvió a hacer declaraciones contrarias a la legalización del aborto, relativas a las crisis de las obras sociales y los costos de la práctica, lo que provocó la inmediata convocatoria a un histórico pañuelazo en Azopardo y en otras sedes del país, desde un sector del movimiento sindical combativo y de mujeres, junto a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Las delegadas sindicales presentes y la Campaña fuimos recibidas por la secretaria de Igualdad de Oportunidades de la CGT, quien confirmó los lazos de la central con el clero. La secretaria se excusó sobre el problema de las prestaciones médicas, explicando que ya no existen obras sociales con estructura propia y buscó justificar por qué la CGT no puede pronunciarse por el aborto legal.

Las sindicalistas que baten el parche de la paridad sindical, como las integrantes de la Corriente Federal, pegaron el faltazo. Mientras en las asambleas se muestran con duros discursos contra los “machirulos” burócratas y se proclaman feministas, en la realidad se disciplinan al triunvirato empresarial clerical y bajan las banderas de la defensa de las mujeres haciendo prevalecer la defensa del aparato sindical. No fueron las únicas en faltar a la cita.

El ingreso de una treintena de delegadas y representantes sindicales combativas a la reunión en la CGT representa un hito que sólo el aguerrido proceso encabezado por el movimiento de mujeres y el temor al malestar contra la central de parte del movimiento pudieron lograr.

Senado

Mientras tanto, en el Senado, Miguel Angel Pichetto, el presidente del bloque del PJ, trata de ser el “Lipovetsky” de esta instancia parlamentaria y embanderarse con al menos una causa progresista. Cada tanto desliza algunas cuestiones que ponen a prueba su condición de clase, como ocurre con la pretensión de que el que quiera ser objetor se pase al sistema privado. Ese postulado se sostiene en base al principio de que “en el sector privado cada uno hace lo que quiere”, incluso si se trata de salud o educación. Viniendo de quien ha sido parte de un gobierno responsable de la consolidación y extensión de la presencia católica en la educación y en la salud, no es muy confiable la profesión de fe atea que ha resuelto practicar en estos momentos. Su par, Cristina Kirchner, permanece ausente de éste y de todos los debates, a la espera de no resentir su imagen hacia 2019. Ni el verso de la deconstrucción, al que echará mano nuevamente en medio de este tema, sin dudas, la salva.

La libertad de empresa está muy arraigada en los principios sostenidos por peronistas, radicales y macristas. Aunque ha escandalizado, ninguna represalia institucional se ha tomado aún con el cura Lombardo, que uniformó con pañuelo celeste a todos los alumnos de un colegio que tiene el monopolio de la educación en Santiago del Estero, y bajo una marcha militar los hizo desfilar por el pueblo. Este cura, de fuertes lazos con el gobierno local pejotista, antes K y ahora PRO, pertenece a la secta católica de “El Verbo Encarnado” y forma parte de una congregación que -junto al episcopado argentino- supieron encubrir al cura pedófilo Bruela, acusado de varios abusos.

La expresión de “nazis de guante blanco”, acuñada por Bergoglio contra quienes luchamos por el aborto legal, sería muy apropiada para este accionar fascista.

La libertad de empresa se viene imponiendo en el debate. Desde progres hasta oligarcas, todos comparten la visión de que el privado hace lo que quiere. Aunque la objeción de conciencia y la libertad de empresa existen desde siempre en los hechos, el reclamo de que alguna ley reconozca la objeción por ideario institucional es puro reclamo de seguridad jurídica… para los beneficiarios de la clandestinidad. Si las obligaran a practicar el aborto legal, la gran mayoría de las clínicas que reclaman la “objeción” perderían el abultado negocio del aborto clandestino, que hoy les reporta entre 30 y 120 mil pesos la práctica.

Las especulaciones parlamentarias en torno de una posible modificación del proyecto tienen un vuelo limitado, aunque no hay que descartarlas. Por un lado, y de conseguirse algún cambio, los mismos no se lograrían más que con una mayoría simple y con la misma proporción de votos podrían ser revocados en Diputados, la cámara madre del proyecto. No obstante, conviene tener presente que la media sanción en Diputados contó con muy escaso margen -conquistados a último momento bajo una enorme presión popular- y deberían repetirse esos mismos votos, sin que ninguno quede en el camino, para rechazar los cambios. Pero, por otro lado, las posibilidades de que los opositores lleguen a una modificación consensuada son muy bajas, ya que la mayoría está en contra aún de la despenalización existente desde 1921, tal como lo expresó en un reportaje en La Nación, la vice Gabriela Michetti -“si te violan, tenés que bancártela”.

La lucha planteada

El derrotero del debate en el Senado, por un lado, y el incrementado ataque del clero, por el otro, obligan al movimiento de mujeres a establecer un alerta incrementando aún más la movilización popular. La Iglesia no pudo siquiera acercar el número de movilizados a la Basílica de Luján, cuando monseñor Ojea se dispuso a dar la misa del 9 de julio. Sin embargo, sus poderes superan al de la movilización y se vinculan a cuantiosos negocios en los que está metida toda la clase dominante. Redoblar la movilización es para nosotras una tarea estratégica. Y no debemos desviarnos de este punto fundamental. Por cada manifestante del 13 y el 14 de junio debemos lograr que uno o dos más se sumen en esta nueva etapa. Van a sentir el calor popular vibrando por la conquista de un derecho. Esa fuerza no tiene comparación con ninguna otra.

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