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2 de agosto de 2018 | #1513

[Editorial] ¡A las calles!

Las nuevas medidas del gobierno en el marco del pacto con el FMI, la habilitación de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna y la ofensiva de la Iglesia contra la legalización del aborto están, sin lugar a dudas, en el centro de la situación política actual. 

A un año de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, las fuerzas federales responsables que encabezaron aquel operativo han sido encubiertas y reforzadas por el gobierno nacional.

La nueva fase del ajuste fondomonetarista, iniciada con la devaluación del 50%, se despliega ahora con otro paquete contra las masas trabajadoras. Tarifazo del 25/30% arriba del de marzo, el enésimo aumento de combustibles, rebaja nominal a la mitad de las asignaciones familiares, paritarias a la baja con ataque a los sindicatos que sacan los pies del plato, parate de la obra pública en seco y enorme recesión que acompaña los despidos estatales con cierres y despidos en industrias y comercios, ataque a los convenios colectivos y recorte de fondos a las provincias que a su vez ajustan, como Urtubey, quien acaba de sacar un decreto de virtual congelamiento salarial. 

Se trata de la ofensiva de todo un régimen político cómplice de los repetidos fracasos macristas. Los docentes pelean contra todo un régimen de guerra social y económica contra los trabajadores, que intenta descargar sus propios fracasos y contradicciones, sobre las espaldas de los trabajadores.

Tal vez el capítulo más pérfido de esta nueva fase del ajustazo sea el ataque a los más vulnerables de todos: la promesa de un 25% de aumento en cuotas, hasta fin de año, a los planes sociales de 4.800 pesos, porcentaje coincidente con el tope máximo de las paritarias, cuando la inflación efectiva supera el 30%. 

El gobierno golpea más aún, no por su fortaleza sino porque no encuentra un rumbo de salida. Avanza en medio de crisis y fracturas. La Iglesia mediante las denuncias de corrupción de La Alameda contra Vidal le pasa factura y le cobra caro su rol estratégico en la contención. Frenar el aborto legal se ha transformado para el clero en la moneda de cambio de su rol ante la reacción social y en el ariete para enfrentar uno de los mayores movimientos de masas de la última etapa en la Argentina, el de la mujer, por todos sus derechos. 

La burocracia sindical de la CGT y también la de centroizquierda juegan este juego de contención junto a las organizaciones sociales ligadas a la Iglesia. 

Aborto, crisis y desafío

Por estas horas, la media sanción de Diputados está sepultada debajo de las operaciones de la Iglesia. La movilización popular se reafirma como la única carta posible, para asegurar la aprobación en Senadores de la legalización del aborto con las modificaciones a la que han adherido una treintena de senadores.

Las modificaciones presentadas por el PRO y el PJ hace 15 días se han convertido en la última posibilidad para la legalización, aunque de ningún modo la garantizan, como se pudo observar en la incapacidad mostrada para poder obtener un dictamen de Comisiones, aún cuando Miguel Angel Pichetto lo había prometido. A través de las modificaciones se elimina la penalización a los médicos que incumplan con la práctica, se bajan las semanas de gestación para la legalización de 14 a 12, se exceptúa del cumplimiento de la ley a las instituciones de salud confesionales y se incorpora un artículo para el financiamiento en instituciones públicas y obras sociales. En el punto de las consejerías se modifica su finalidad para que sean instruidas a fin de desanimar la interrupción, mientras que en la formulación actual estaban destinadas a proveer información. 

La modificación de la media sanción de Diputados mostró que dentro del campo de la legalización se acusa recibo de la presión de la Iglesia y su temprana elaboración por parte de los senadores de Córdoba, precipitó definiciones que llevaron al cuadro actual, en el cual, esas modificaciones pasaron a ser la única y desesperada tabla de salvación. A pesar de esto, la aprobación de esta ley, defectuosa, sería sin dudas un triunfo de características históricas de todo el movimiento de mujeres y una plataforma excepcional para la lucha más de fondo por la separación de la Iglesia del Estado.

La lucha política

El adalid de las modificaciones ha pasado a ser el presidente del bloque del PJ, Pichetto. Su lugar en el debate está orientado por la posibilidad de que este papel le otorgue el relieve que hoy no tiene a nivel nacional para ingresar al juego de los precandidateables del PJ, para lo cual ya anunció una gira por la ciudad de La Plata el 9 de agosto, al día siguiente de la votación sobre aborto en Senadores, bajo la consigna “Un peronismo de centro, nacional y democrático”. 

El kirchnerismo y la llamada pata “izquierda” del pejotismo post-kirchnerista, representada en el triunviro San Cayetano, con fuerte presencia del Bloque Peronismo para la Victoria y el espacio “En Marcha”, integrado por el Movimiento Evita y por Libres del Sur, juegan a reforzar a la cúpula de la Iglesia católica de la mano de los curas villeros y de los obispos más cercanos a Bergoglio. El principal referente de este espacio, Juan Grabois, es un operador fundamental contra el derecho al aborto y principal inspirador de la marcha del 7 de agosto, que no sin crisis internas, se propone levantar a la Iglesia en su función social, un día antes de la votación en el Senado. Conspirando de hecho contra la gran movilización del 8A.

Las dirigencias sindicales más cercanas al kirchnerismo, como la de UTE (gremio docente de la Ciudad de Buenos Aires) y la del Subte, están inscriptas en el acercamiento a los lineamientos papales, quitándole el cuerpo a la movilización para el 8, como lo hicieron para el 13J, reforzando la figura papal y convocando a la marcha del 7 de agosto con toda la fuerza, tal como se ha podido ver en estos días. La adhesión al aborto legal por parte de una secretaría de la AGTSyP no cambia el impacto de la presencia de los dos principales dirigentes de los metrodelegados en el Vaticano en medio de un conflicto gremial y del debate más histórico para las mujeres trabajadoras, como lo es el de la legalización del aborto. Esta condición política es la que ha llevado a la burocracia sindical a no dar continuidad al paro de 24 horas a través de uno de 36 horas con movilización, como venimos planteando. Todo lo contrario, aíslan la huelga de Télam y miran para otro lado ante el brutal ataque al derecho de huelga de Triaca contra Camioneros y Suteba.

La base social que lucha por el aborto legal está bajo la influencia de estos campos, fundamentalmente en la expectativa de una alternativa kirchnerista al macrismo en 2019 y esto es lo que explica el juego de colocar los huevos en diferentes canastas o el silencio brutal de los principales referentes del espacio kirchnerista en estos debate cruciales. 

Seamos millones por el 8A,  por el aborto legal y la separación de la Iglesia del Estado

El debate sobre aborto ha pulverizado cualquier resabio de laicismo del que hacían gala sectores de ese espacio. A su vez, a 100 años de la Reforma Universitaria, que se orientó en la lucha por la educación científica y laica, Franja Morada de la UCR no puede hacer gala de la más mínima independencia con relación al clero, sólo tres de sus doce senadores apoyan la legalización y su pata más laica, la UCR Capital, pugna por reingresar al gobierno de Larreta que acaba de consagrar a la Ciudad de Buenos Aires, al “sagrado corazón de Jesús”. 

Este cuadro no hace más que ratificar el balance de las jornadas del 13 y el 14J. Sin movilización, sin desconfianza en un parlamento postrado ante el clero, sin acción directa en las calles no tendremos aborto legal ni educación sexual científica y laica, ni podremos obtener ninguna de las aspiraciones más sentidas de este movimiento. 

Si arrancaramos el regreso a Diputados sería sin dudas un logro, nuevamente, no de las maniobras, sino de la movilización popular. Pero requerirá que seamos millones en las calles. Las movilizaciones y la campaña por la legalización del último mes y la aguda confrontación con la Iglesia y sus lazos con la clase capitalista, su Estado y sus partidos, deben llevarnos a conclusiones políticas de fondo respecto de este régimen de hambre, violencia y explotación. 

Para reforzar la lucha contra el ajuste y la represión, para triunfar en la legalización del aborto y avanzar en la separación de la Iglesia del Estado, nos tenemos que multiplicar por millones en las calles. Si la ganamos el 8A, vamos por el paro activo nacional de 36 horas para derrotar el conjunto del ajuste y la represión.

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