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8 de agosto de 2018

La sesión del Senado: los aprietes, la senadora que no leyó el proyecto y las "convicciones" de Larraburu

Apostillas del debate

La maratónica sesión en el Senado por la legalización del aborto, con 61 oradores anotados y una votación que recién culminó a altas horas de la madrugada, dejó varias perlas políticas. He aquí algunas de las que tuvieron lugar en las primeras horas del debate.

Uno de los puntos más bochornosos del bloque contrario a la legalización lo dio la senadora Cristina del Carmen López Valverde (PJ San Juan), quien esgrimió como uno de los fundamentos de su voto contrario el hecho de ¡no haber podido leer el proyecto! (que tiene 13 páginas).

El senador fueguino José Ojeda (FPV) –al igual que su par Julio Catalán Magni- denunció que la senadora del Movimiento Popular Fueguino Miriam Boyadjian (interbloque PRO), “públicamente pidió a la Gobernadora y al Vicegobernador de mi provincia que intercedan para que yo cambie mi voto” (lo había hecho por Twitter días atrás).  Esta defendió sin tapujos el apriete: “interceder en favor de las dos vidas vale la pena”. La gobernadora fueguina Rosana Bertone participó de las manifestaciones “pro-vida” del fin de semana junto con su vice Juan Carlos Arcando, quien además firmó una solicitada instando a los senadores a votar en contra.

A su turno, el senador entrerriano Pedro Guastavino denunció presiones de la Iglesia Católica para que cambie su voto.

Mientras se producía la sesión, María Eugenia Vidal dijo en Radio Mitre que “si la ley no se vota hoy, mañana voy a estar más aliviada”, a la par que volvía a la carga con el argumento desvencijado de que no habría cómo financiar la medida.

El senador salteño Rodolfo Urtubey (que anticipó su voto en contra) dijo que "hay casos donde la violación no tiene esa configuración clásica de la violencia sobre la mujer, sino que la violación es un acto no voluntario con una persona que tiene una inferioridad absoluta, como en el abuso intrafamiliar, donde no se puede hablar de violencia ni consentimiento". Léase bien: que la violación intrafamiliar no sería violenta.

María Belén Tapia, senadora radical por Santa Cruz, planteó el respeto del ‘niño por nacer’ “más allá de las condiciones en que fue concebido”, es decir, aunque la mujer haya sido violada. Aseguró, contra toda evidencia, que la aprobación del proyecto generaría un aumento del riesgo de mortalidad materna, y empujaría a la mujer que aborte a “comportamientos autodestructivos como el consumo de drogas, de alcohol, nuevos abortos y enojo”.

En fin, casi todo el grotesco arsenal retórico del oscurantismo fue desplegado en el recinto.

La senadora kirchnerista Silvina García Larraburu sostuvo que “las convicciones no se negocian”… luego de haber cambiado su posición horas antes de la votación, ahora en favor de la clandestinidad.

La presión contra la legalización del aborto fue brutal en las últimas semanas: a las diatribas del clero, encabezadas por el Papa, se sumaron –entre otros- las clínicas privadas (que amenazaron con no realizar la práctica del aborto aun en caso de que se apruebe la ley) y la burocracia de la CGT.

Conforme avanzaba el debate, entretanto, se multiplicaban en las calles las banderas, pañuelos verdes y manifestantes. “Que sea ley”, era la consigna más repetida.

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