fbnoscript
20 de enero de 2019

Las mujeres trabajadoras y la lucha en los sindicatos

Un análisis y una crítica al libro “La Marea Sindical”

El avance del movimiento de mujeres reflejado en la marea verde, por el derecho al aborto legal, se expresa en diferentes ámbitos. Desde los lugares de estudio y la juventud hasta los barrios. Pero, ¿qué ocurre dentro del movimiento obrero y los gremios?

En el libro “La marea sindical. Mujeres y gremios en la nueva era feminista” (Editorial Octubre, 2018) escrito por la periodista Tali Goldman, se vuelcan diferentes historias de mujeres delegadas en gremios como la UOM, Atilra y Camioneros. Lejos de cuestionar la integración de los gremios al Estado y a los partidos del régimen, remarca y celebra la incorporación de mujeres a las cúpulas de la burocracia sindical, cuando la tarea del movimiento obrero consiste en derrotar a esa burocracia y recuperar los sindicatos para las y los trabajadores. Como ya se ha debatido anteriormente, un cupo de mujeres no es más que un maquillaje cuando lo que se pretende es avanzar contra los derechos de la clase obrera. Ese cupo puede servir inclusive como lavada de cara a la misma burocracia que deja pasar todo tipo de despidos y avanzada de las patronales contra los convenios colectivos y los derechos de las y los trabajadores.  

“Tenés que ser delegada” es el título del capítulo dedicado a las mujeres en el gremio de la Unión Obrera Metalúrgica. Allí, la autora entrevista a Alicia Mesa y Graciela Jerez. La primera, aliada al “Barba” Gutiérrez y la segunda cercana al actual secretario general Antonio Caló. En definitiva, dos mujeres enquistadas en la burocracia sindical. En estas dos historias se hace un recorrido por sus vidas, su militancia en el peronismo y el “techo de cristal” que les dificultó llegar a un cargo en la comisión directiva del gremio. En conclusión, todo gira en torno a ocupar puestos en lugares monopolizados por los hombres. Una lucha en la que no faltaron las claudicaciones de parte de las protagonistas; entre ellas se encuentra una de las que cuenta Graciela Jerez, en la que Caló les suspendió una actividad en el Encuentro Nacional de la UOM en Mar del Plata, quien fue disculpado después de invitarlas a una cena en la sede del encuentro. Lo que no dicen -y se encubre con un manto de feminismo- es lo que ocurre con las condiciones laborales de las mujeres ante el avance de las patronales contra las conquistas del movimiento obrero. Esto en un gremio que cuenta con más de tres mil despidos y miles de suspensiones.

Hasta el momento solo un 9% de la población de operarios industriales metalúrgicas son mujeres (Cemyt), y las tareas que emprenden están ligadas habitualmente al encastre de piezas pequeñas o al bobinado de motores. Si ya es difícil para los obreros metalúrgicos “pelear” una categoría cuando hay ramas donde las tareas no están claras, en las mujeres esto se acentúa porque la patronal se aprovecha de su condición de mujer para negar todo tipo de categoría. A esto hay que sumarle la enorme brecha salarial entre hombres y mujeres -que se aproxima al 20%, según datos de la OIT y que debidamente impacta en todos estos sectores. Si agregamos la presión de las patronales con los ítems de productividad y presentismo, el peso que recae sobre las que son madres y deben estar bajo el cuidado de los hijos se vuelve insoportable. Todo un panorama que se agrava con el acoso y el abuso sistemático que enfrentan estas mujeres en sus lugares de trabajo.

Ninguna de las mujeres que se reclaman parte de la “marea sindical” ha llevado adelante, desde las direcciones sindicales que integran, la tarea de organizar la lucha por las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras. No es un accionar que debiera extrañarnos si consideramos que esta ha sido la práctica, en términos generales, de la burocracia sindical para todas las luchas y sectores en conflicto. En contraposición, se han limitado a organizar reuniones periódicas en las que no se define ninguna medida concreta, sino que más bien pareciera ser un espacio de reflexión reducido al sector que las integra.

A esto, las mujeres trabajadoras debemos oponerle la creación de comisiones de mujeres en los sindicatos y lugares de trabajo, que sean independientes de la burocracia, y organicen la lucha por todas nuestras reivindicaciones – desde la igualdad salarial y la recategorización hasta la creación de guarderías y licencias por violencia de género.

La pelea por los derechos de la mujer trabajadora no puede partir de la integración con una burocracia adaptada totalmente al Estado burgués. Sobre todo con una burocracia que se negó a garantizar el paro el 8 de marzo, o que en plena lucha por la legalización del aborto se encolumnaron detrás del Vaticano declarando que las obras sociales no se harían cargo del aborto legal de sus afiliadas.

La verdadera “marea sindical” será la que luche codo a codo con sus compañeros por una nueva dirección en el movimiento obrero.

En esta nota:

Compartir

Comentarios