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18 de junio de 2019

El mundial femenino de fútbol y la lucha de las mujeres

Que el campeonato mundial femenino de fútbol –el cual se lleva a cabo en  la tumultuosa París de los chalecos amarillos- gane espacio en los medios periodísticos y muestre un crecimiento exponencial en la cantidad de público que va a las canchas y que lo ve por la televisión, es la demostración del avance logrado por la lucha de las mujeres por sus derechos, entre ellos los del ámbito laboral.

Como lo expresara Estefanía Banini, jugadora número 10 y referente de la selección Argentina, luego de empatar el primer y emotivo partido contra Japón 0-0, “supimos reflejar la lucha que está haciendo la mujer argentina”.  Y lo demostraron también muchas pibas secundarias en nuestro país que, mediante sentadas y protestas, obtuvieron la autorización para poder verlo en los colegios.

Las chicas australianas

Del mismo modo que el campeonato, la lucha de la mujer también es global. Para el arranque del mundial nos anoticiábamos de una gran reivindicación obtenida por las futbolistas de Australia: ganarán el mismo sueldo que sus colegas varones.

“Según el acuerdo que alcanzaron las jugadoras, y que se dio a conocer justamente el día de la inauguración del mundial de Francia, el salario base anual de las jugadoras de la W-League fue incrementado en un treinta y tres por ciento, a $16.344 dólares australianos (10.100 euros). Así, y en proporción con lo que dura el torneo de los hombres, el salario base de las mujeres será el mismo que el de ellos” (Página 12, 7/6).

En la Argentina la pelea está en sus comienzos. A fines de marzo pasado la AFA cerró un acuerdo de “profesionalización” del futbol femenino, firmado por Futbolistas Argentinos Agremiados. Lo pactado es que “habrá, a partir de ahora (marzo), ocho contratos en cada uno de los 16 clubes que componen la liga de primera división” (Clarín 16/3). La AFA destinará $120.000  mensuales a cada club, durante un año, para poder cumplir con el pago de los salarios de las jugadoras. Serán salarios equivalentes al básico de un futbolista de Primera C, última categoría rentada de la rama masculina, que en julio del año pasado fue establecido en $15.000.

Obviamente, se trata de una medida ultra-limitada, no sólo por lo exiguo del monto sino porque alcanza a solo una parte de las jugadoras de cada club, estableciendo una división totalmente arbitraria. Aun así, es una enorme conquista de las jugadoras que llevaron adelante una lucha muy importante por sus derechos y lograron quebrar el saboteo de la AFA y los clubes.

Business is business

Por parte de la FIFA, con Gianni Infantino a la cabeza, y explotando el discurso de la igualdad y la inclusión, está en proceso de desarrollo un gran negocio económico con el fútbol femenino.

 ”Actualmente se paga por el fútbol masculino” y “el femenino también cuesta dinero. Debe pagarse y se pagará por él”, dijo una directiva de la FIFA en un llamado al desarrollo de un nuevo negocio, planteando “acabar pronto con sus escasos traspasos y sus derechos televisivos mal explotados” (Ambito, 15/5). La nota citada concluye que “el objetivo de la FIFA es tener un producto independiente que pueda ser comercializado y que aporte lo suficiente para poder desarrollar las infraestructuras”.

Los pasos para alcanzar ese escalón de negocios se van acelerando. Así, por ejemplo, el primer campeonato mundial, organizado en China en 1991, solo fue trasmitido por la televisión de ese país. La edición actual llega en directo a más de 200 países, con más de 1.000 millones de espectadores de audiencia potencial, según la FIFA. 

Los que manejan y se enriquecen con el negocio del fútbol ven el enorme potencial que se les abre cuando comparan los mercados de jugadores y jugadoras: en el 2018, la FIFA registró 16.533 traspasos de jugadores hombres, por un monto total de u$s7.030 millones, frente a apenas 696 movimientos registrados entre las mujeres, por u$s564.354.

La FIFA se ha comprometido, en tanto, a duplicar el monto de los premios a repartir entre las selecciones. Pero los treinta millones de dólares que destina se encuentran muy por debajo de los 400 millones que se distribuyeron en el mundial masculino de Rusia 2018.

En la Argentina, las jugadoras que con la selección están dando un ejemplo espectacular -enfrentando de igual a igual a chicas de otros países donde viven del deporte- tienen por delante una pelea por imponer el reconocimiento de que su actividad es un trabajo y que debe ser remunerado. Todas las jugadoras deberían cobrar un salario y el mínimo debería cubrir el costo de la canasta básica. De la misma manera, ese mínimo debería alcanzar a todos los jugadores hombres de las divisiones inferiores del fútbol profesional.    

Es necesario que el desarrollo del fútbol femenino y la lucha por los reclamos de las jugadoras vaya de la mano con la lucha por la recuperación de los clubes por parte de los socios y socias, y por el acceso al deporte para las grandes masas, enfrentando a las mafias que lucran con él.

 

 

 

 

 

 

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