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8 de marzo de 2020

Entre Ríos: justicia para Fátima Acevedo 

Una nueva víctima de femicidio en Paraná. Hallaron su cuerpo este 8M.

El femicidio de Fátima Florencia Acevedo, en Entre Ríos, se conoce en un nuevo aniversario del Día internacional de la mujer trabajadora. Este nuevo crimen estremece y reivindica la lucha de las mujeres por Ni una Menos, poniendo también de manifiesto que los gobiernos no han dado respuesta a los reclamos que venimos haciendo en materia de protección y asistencia estatal. Todas han sido medidas superficiales que en nada modificaron un régimen donde de forma sistemática las mujeres son asesinadas por su condición de oprimidas.

Fátima tenía 25 años y fue encontrada en un pozo, tapada de ropa, ramas y basura. Había atravesado el calvario denunciante que se supone debería impedir llegar hasta este último eslabón de la violencia. Tenía un botón antipánico, que escasean y solo son entregados a las mujeres que batallan frente a las autoridades policiales y judiciales para que su denuncia sea tomada en serio. Había conseguido también que su ex pareja, Nicolás Martínez, fuera detenido de forma preventiva por las sucesivas violencias que ejerció contra ella. Fátima estaba viviendo en la Casa de la Mujer, refugiada de su agresor, pero salió un domingo y nunca volvió.

La descomposición social que tiene como un fruto a un hombre decidido a matar, no tiene que ocultar el hecho de que si Fátima hubiese contado con recursos materiales para independizarse plenamente de este ser enajenado podría haber salvado su vida. Si contáramos con una red federal de derivación de casos y no con recursos descentralizados por provincia y municipio, sin presupuesto; si tuviéramos un sistema de inserción laboral genuino, que permitiera a la mujer víctima de violencia conseguir un trabajo y un salario que le permitiera emanciparse económicamente de las trabas que la atan a un lugar que la pone en riesgo y tener una vivienda familiar propia; que contáramos con los mecanismos de seguimiento sobre los violentos, que les marcara el paso en su deriva; si estas medidas de corto y mediano plazo existieran, tal vez Fátima que luchó por su vida mañana podría marchar junto a sus compañeras en su día.

Ahora queda la tarea de impedir que este crimen quede impune, pero Fátima y las decenas de mujeres asesinadas por su condición de mujer (¿cuántas? si ni siquiera sistematizaron un registro nacional, hoy confinado al sesgo que le imprime el registro de la Corte Suprema o a los "Observatorios" dirigidos por funcionarias cooptadas) ya no vuelven. Necesitamos dar una lucha estratégica contra el régimen capitalista, garante de todas las formas de explotación y opresión, poniendo en pie un organismo -independiente del poder de turno- electo y revocable por las mujeres que ejerza de forma sistemática las acciones que cotidianamente las organizaciones de mujeres hacemos, exigiendo todos los recursos que hoy nos niegan para pagar una deuda pública con parásitos nacionales y extranjeros.

Luchemos contra los femicidios. Vayamos a un debate en el movimiento de mujeres para exigir la creación de un Consejo Autónomo de la Mujer, que le de poder a quienes  luchan de forma consecuente para terminar con la violencia hacia las mujeres.

 

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