19/06/1997 | 544

Balance del Encuentro de la Mujer

La realización del XII° Encuentro Nacional de las Mujeres fue un gran triunfo sobre la reacción clerical y oscurantista.


La determinación de las casi 10.000 mujeres que marcharon desde todos los rincones del país a San Juan, de no dejarse pisotear y de llevar adelante el Encuentro, pudo más –mucho más– que todas las maniobras, las amenazas, los aprietes y los ataques lanzados por la curia sanjuanina con la complicidad del gobierno provincial.


Es totalmente falso que en San Juan haya habido ‘dos encuentros’. Hubo sólo uno, el de las mujeres; el otro, el ‘paralelo’, no pasó de ser un montaje clerical cuyo‘número’ lo aportaron los alumnos de las escuelas religiosas.


La marcha triunfal de más de 7.000 compañeras por las calles de San Juan, al grito de «les hicimos el Encuentro» y «para el obispo y Menem que lo miran por TV», confirma quién ganó este partido: las mujeres, y por goleada.


Una caja de resonancia


La importantísima victoria sobre la reacción clerical y sus aliados menemistas (y también ‘opositores’) no agota, sin embargo, todas las dimensiones de este XII° Encuentro.


Lo primero que hay que decir es que este Encuentro confirmó algo que ya se había insinuado en el último: el cambio de su composición social. En San Juan, fue determinante la presencia de mujeres pertenecientes a las capas más explotadas de la población trabajadora, y de las mujeres que protagonizaron las grandes luchas que el movimiento obrero y los explotados están librando contra el régimen menemista.


«Estuvieron las piqueteras de Jujuy y Salta y las fogoneras de Cutral Co y Plaza Huincul; las docentes cesanteadas por el oficialismo y la ‘oposición’ en Tucumán; las obreras de Terrabussi, que están librando una fiera lucha contra la flexibilización; la comisión de esposas de los trabajadores de Atlántida, verdaderas ‘fogoneras’ de la ocupación y la olla popular; despedidas del Hospital Italiano de Rosario; desocupadas de San Juan; estatales de Mendoza, reprimidas por movilizarse contra la privatización de la empresa estatal de energía; las organizadoras de los cortes de ruta en Entre Ríos; docentes del Chaco, que luchan contra los cierres de escuela; esposas de los obreros de las fincas Peñaflor, reducidos a un régimen de semi-esclavitud; las esposas de los obreros de carrocerías Dick de Rosario, reincorporados después de 89 días de toma y olla popular; estatales de La Pampa, movilizadas contra la privatización de la distribuidora de gas; costureras de San Martín, que pelean contra salarios de miseria y contra la burocracia vendida; activistas sindicales cordobesas», nos dice Silvia Jayo, docente de la zona norte del Gran Buenos Aires y militante del PO.


Es innegable que el Encuentro se convirtió en una caja de resonancia del ascenso de las luchas obreras y populares que están cambiando la situación del país y, sobre todo, de la necesidad imperiosa de sus protagonistas y participantes de contar con un ámbito nacional de deliberación política y organización, que supere la dispersión de las luchas.


Por eso, agrega Silvia Jayo, «para las trabajadoras que vivían, muchas de ellas por primera vez, una instancia de deliberación colectiva de esta envergadura, el planteo que llevamos las compañeras del PO de una Asamblea Obrera nacional que ponga en pie al conjunto de los trabajadores, aparecía como una cuestión imperiosa».


Manuela Valdés, dirigente de los cortes de ruta en Santa Elena (Entre Ríos), lo dice con sus propias palabras: «Estoy de acuerdo y quiero participar de una Asamblea nacional de trabajadores para unir las luchas; con la Marcha Federal no es suficiente».


Los debates


Para María del Carmen Martínez, dirigente de la Lista Naranja gráfica, este cambio en la composición social del Encuentro, «hizo que las reivindicaciones sociales, de clase, se impusieran como prioritarias».


En las 35 comisiones del Encuentro fueron aprobados masivamente el reclamo de unificar las luchas; el apoyo a las puebladas; el repudio al pacto CGT-gobierno; el llamado a recuperar las organizaciones sindicales; el reclamo del reparto de las horas de trabajo sin afectar los salarios y de un subsidio de 500 pesos para todos los desocupados; el repudio a los ‘planes Trabajar’ y sus sucedáneos y al asistencialismo electorero; la derogación de la legislación flexibilizadora y de la ‘desregulación’de las obras sociales; el repudio a la privatización de la salud y el sistema previsional; el aumento de los salarios; el levantamiento de todos los procesos penales contra los militantes del movimiento obrero y popular; repudio a la ‘jubilación para el ama de casa’ votada en el Congreso, que no es más que un ‘curro’ de las AFJP; repudio a la llamada ‘ley anti-terrorista’ y reclamo del juicio y castigo a los responsables del asesinato de Cabezas y de todos los casos de ‘gatillo fácil’; por el reconocimiento del derecho de los pueblos aborígenes a sus culturas y a sus tierras. También fueron aprobados masivamente los reclamos de igual salario por igual trabajo para la mujer trabajadora; de guarderías y de apoyo económico estatal para la madre cabeza de familia; de no al trabajo infantil, y de jubilación sin aporte para las amas de casa.


Una gran batalla política se libró en el tema «Mujer y Educación» respecto del reclamo de Ctera de la ley de financiamiento educativo. Después de un importante debate, este planteo fue rechazado y se reclamó la derogación lisa y llana de la Ley Federal de Educación. También se cuestionó el ‘ayuno’ como método de lucha; se llamó a apoyar masivamente la marcha docente del 20.


Las consignas del género, claro, no fueron olvidadas. Se reclamó el derecho a anticonceptivos gratuitos, educación sexual y planificación familiar, y se reafirmó la vieja consigna del Encuentro: «anticonceptivos para no abortar; aborto legal y gratuito para no morir». Se repudió la persecución a las lesbianas y se reclamó protección económica y social para las prostitutas. Estas reivindicaciones, sin embargo, sólo fueron debatidas a fondo en las comisiones respectivas.


¿Y ahora qué?


Es notorio que un Encuentro anual es claramente insuficiente frente a la magnitud de las luchas que las mujeres protagonizan y encabezan, y frente a la magnitud de los ataques que enfrentan. Por eso, al finalizar el Encuentro, quedó flotando nuevamente un interrogante que ya se había planteado en Encuentros anteriores: ¿Y ahora qué?


«Año a año volvemos a reiterar las quejas pero no logramos una acción común que pueda transformar la situación. Reiteramos los repudios a la legislación vigente, que ya hicimos el año pasado, pero no les damos una resolución práctica porque el Encuentro se autodisuelve», opina María del Carmen Martínez. Así, continúa, «aunque la curia no pudo con el Encuentro mientras estuvo reunido, van a poder a la hora del desagrupamiento: seguirá en pie la ‘ley de reproducción responsable’ que omite el aborto; siguen en pie la ‘jubilación para el ama de casa’; la flexibilidad; la destrucción de la salud y la educación públicas».


Del propio Encuentro surgieron planteos para superar esta situación. Hubo en algunas comisiones el planteo de cortar las rutas. El planteo de fondo, sin embargo, era tomar los métodos de organización que se dieron las puebladas y proyectar el Encuentro como un movimiento de carácter nacional. El Encuentro se convertiría, así, en un Congreso, y el ‘espacio de debate’ se convertiría en una herramienta para la lucha reivindicativa.


En este sentido, la limitación de los Encuentros para convertirse en una herramienta de lucha permanente pasa por el carácter de su dirección política. Esa dirección existe pero no actúa públicamente; se esconde detrás de los planteos de horizontalidad, pluripartidismo y resoluciones por consenso (y no por voto); pero sin el ejercicio del voto y de una dirección que sea reconocida como tal, no hay posibilidad de que los Encuentros se transformen en una organización.


El funcionamiento del Encuentro, nos dice María del Carmen, «aparece hoy con un atraso notorio respecto de las nuevas formas de organización que se han dado en Cutral Co, Tartagal, Jujuy y en lo más destacado del movimiento obrero. (Ellos) han superado la horizontalidad y el consenso entre grupos mediante las asambleas masivas, la votación a mano alzada y la revocatoria de los delegados elegidos por la asamblea general».


Pasar de los Encuentros anuales a una organización nacional de deliberación y lucha. Esta es la ‘asignatura pendiente’ que debe resolver el movimiento de la mujer, para pegar el salto político que plantea la participación decisiva de las mujeres en las luchas de todos los explotados.

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