23/03/1993 | 385

El “gabinete de mujeres” y las mujeres del país

Evidentemente ya nadie puede prescindir de las mujeres, negar su existencia y su peso en la sociedad. Su intervención a la cabeza de todas las últimas luchas: jubilados, defensa de la Educación pública, contra la impunidad en Catamarca por el caso María Soledad, la defensa de Somisa, y de San Nicolás, de Sierra Grande.


Por eso la creación del gabinete de mujeres. Ante este año electoral, el gobierno necesita de los votos de las mujeres y de su apoyo.


¿Pero este gabinete es una expresión de las mujeres que luchan diariamente en el país?


Creemos que no, ¿Por qué?


1º) El marco en el cual fue creado. Un proceso electoral furioso donde se juega el porvenir de la reelección.


2º) Su falta  completa de autonomía. No sólo por la forma en que ha sido designado, sino porque debe contar para las deliberaciones con la presencia del ministro del Interior, como una especie de veedor. No vaya a ser que se exceda en sus funciones y no cumpla con los objetivos para el cual fue creada.


3º) Además, quienes la integran, ¿qué trayectoria tienen en la lucha por la liberación de las mujeres?


La intervención de las mujeres en el plano social y político combinado con los intereses del poder obtuvo la conquista del 30% en todas las candidaturas de las listas. El gabinete de mujeres dice que asegurará que esto se reglamente nacionalmente y se aplique. Pero esta relativa conquista del 30%, que ya se intenta sabotear, puede ser un arma de doble filo o una trampa. ¿Acaso la sola presencia de mujeres en las listas de los partidos asegura que se dará respuesta a las inquietudes de este sector de la sociedad? ¿Acaso la presencia de mujeres en el partido justicialista puede transformar la naturaleza de ese partido? ¿O en cambio, pueden ser utilizadas en la furiosa lucha interna de poder que existe en su interior?


¿La existencia de este gabinete elegido desde y para el poder, podrá ser útil para el progreso social de las mujeres del país, que es decir la sociedad?


Su única relación con las mujeres es su identidad de género o sexo. No es suficiente; además de ser mujer hay que tener conciencia social del rol de la mujer y decisión para avanzar en su liberación. Las integrantes de este gabinete no sacarán los pies del plato.


Y convengamos, que aunque paradójicamente el 30% y este gabinete expresan el avance del rol de la mujer en la sociedad, nosotras las mujeres no tenemos un movimiento fuerte y autónomo para pesar en las decisiones gubernamentales.


Pensemos en el gobierno de EE.UU. con respecto al derecho al aborto. Las mujeres impidieron con su movilización que Bush avanzara —como era su propósito— en suprimir lo conquistado en esta materia. Por eso es que Clinton tuvo, para triunfar, que considerar ese movimiento, así como el de los homosexuales. Aún estamos lejos en nuestro país de ello. Pero debemos avanzar en ese camino.


El régimen que gobierna quiere parecerse al primer mundo. Trata de asemejarse enviando tropas al Golfo, es decir igualarse en los aspectos más bárbaros de ese primer mundo. Pero no en los derechos y libertades que allí gozan, como el derecho de las mujeres a decidir sobre sí mismas, sobre su maternidad, en esto parece que seguiremos perteneciendo al tercer mundo, por no decir al cuarto o fuera del mundo. Está claro, porque ello toca uno de los pilares fundamentales en que se asienta el poder: la Iglesia.


Se dice que el gabinete tendrá como objetivo asegurar la aplicación del Plan Social, cuyos aspectos concretos se conocen muy vagamente. Por las razones que decimos, será un punto de apoyo asistencial para apuntalar un plan encuadrado en los objetivos electorales y de reelección, para la continuidad de un régimen que se asienta en la riqueza creciente de los más ricos y en la miseria creciente de los más pobres. Nadie se engaña sobre esta cobertura cínica una vez más.


Manifiestan que lucharán contra toda esta discriminación de las mujeres. Pero la discriminación sexual no es abstracta. Tiene formas concretas, que son entre otras: medidas para asegurar la educación sexual en las escuelas primarias y secundarias y contribuir así a evitar las madres-adolescentes. Asegurar, mediante asesoramiento eficaz, la distribución de los anticonceptivos y profilácticos para prevenir el SIDA. Garantizar a toda mujer que quiera interrumpir su embarazo, que pueda hacerlo en un hospital público y evitar así las muertes de las mujeres pobres. Crear guaderías infantiles en todos los barrios con comedores infantiles. Mejorar la atención de las mujeres que van a tener sus hijos en los hospitales y de los bebés. Combatir el cólera, mejorando las condiciones económicas y sociales de los sectores populares. Asegurar la aplicación de una ley sobre violencia familiar y muchas otras medidas que son pausibles de poner en práctica.


 


19/2/93


* Reproducido de “Nuevos Aportes Sobre Aborto”


(Nº 8-marzo de 1993)

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