23/09/1998 | 601

El Encuentro de Mujeres de 1997, en San Juan, dejó claramente sentado que la Iglesia, el gobierno, las instituciones provinciales y los sectores reaccionarios se oponían agudamente a nuestros intentos de organización. Atacando nuestros derechos, montaron el encuentro paralelo, agrediendo y hostilizándonos.


Pero fue inútil: en pleno Encuentro, nos transmitimos las experiencias sobre las luchas encaradas en cada uno de esos lugares, las denuncias sobre la responsabilidad política del gobierno y junto con la larga lista de reivindicaciones, de necesidades urgentes de las trabajadoras y de toda nuestra familia, debatimos qué medidas a nivel nacional podríamos llevar a arrancarlas.


Pero el Encuentro no tomó resoluciones.


Durante más de un año, los ataques se profundizaron: la reforma laboral impuesta en convenios firmados a nuestras espaldas, la flexibilidad que saca el‘democrático’ parlamento, la crisis mundial descargándose con toda su fuerza sobre nuestras familias, en nuestro país, en Latinoamérica, Asia y Africa. Y ahora la persecución penal a una mujer doblemente víctima de la prohibición del aborto. Esperar las próximas elecciones significa más meses de hambre. Si bien el ataque es mayor, más consciente e independiente es nuestra respuesta.


Así, un grupo de mujeres constituimos el Plenario Autoconvocado de Mujeres Trabajadoras, reuniendo a las luchadoras de Capital y Gran Buenos Aires: las esposas de los trabajadores de Atlántida, las mujeres de los barrios de Laferrère, las inundadas de Villa Adelina, las dirigentes de la lista bordó del Hospital de Clínicas, las manzaneras de Bancalari, las feministas, las desocupadas de San Vicente, las compañeras de La Plata, las docentes de la lista Rosa, Tribuna Docente, las Madres Lesbianas, las mujeres de Villa Corina en lucha contra la impunidad, cientos de mujeres. Fuimos quienes organizamos un acto el Día Internacional de la Mujer, en la Plaza del Congreso. Fue un acto unitario, con oradoras trabajadoras, sobrellevando las negativas de otros sectores convocados al único acto, lanzamos el Plenario públicamente. Publicamos la revista Trabajadoras, que actúa como nexo de los debates, planteos y denuncias en todo el país.


Marchamos hacia el Encuentro convocando, en todas las provincias, a través de la constitución de Plenarios Zonales. Llamamos a sumarse a las tareas allí votadas a todas las compañeras y así garantizar que este Encuentro sea un Encuentro histórico, que dé el salto que toda nuestra historia nos reclama: nuestra propia organización independiente.


Proponemos convertir a las comisiones en Asambleas Deliberativas y Resolutivas, reuniéndonos en una Asamblea General que vote actos en cada provincia, el mismo día y a la misma hora, de todas las compañeras trabajadoras del país, por nuestras reivindicaciones. Proponemos elegir delegadas de cada provincia, pueblo o barrio que mantengan viva la organización y la extiendan.


Así, continuamos la lucha de las mujeres de principios de siglo, las organizaciones feministas, las luchadoras obreras y convocamos a las mujeres y a las organizaciones existentes a unirnos bajo este planteo y superar el agotamiento de la anualidad de los encuentros y el seguidismo de las variantes políticas patronales. Dar este paso, constituir nuestra propia organización de lucha, nos permitirá arrancar cada una de nuestras reivindicaciones contra este régimen de discriminación y miseria.


Este Encuentro nos pone frente a la gran oportunidad histórica: nuestra Organización Nacional de Mujeres Trabajadoras.

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