20/06/2020

Intentan censurar a Vanina Biasi en la Comisión de Mujer por cuestionar al Congreso y denunciar a las Iglesias

Las diputadas del kirchnerismo y su hostilidad hacia los reclamos de las mujeres trabajadoras.

El jueves 18 tuvo lugar la tercera reunión informativa (es decir, no resolutiva) que las Comisiones de Mujer y Legislación Penal del Congreso han planeado a lo largo del mes para simular un funcionamiento. La modalidad es la participación de expositoras que opinan sobre distintos proyectos que no se sabe cuándo tendrían efectivamente tratamiento, y que no responden a las urgencias que las mujeres estamos viviendo en esta cuarentena. En divorcio entre la agenda parlamentaria y las necesidades de las mujeres es total.


Luego de cuatro largas exposiciones de abogadas invitadas por distintas diputadas, tocó el turno de nuestra compañera Vanina Biasi, destacada dirigente del movimiento de mujeres, que fue convocada por Romina Del Plá para exponer sobre aquello de lo que nadie habla en estas comisiones: la situación que viven las mujeres trabajadoras, y las medidas que promovemos tomar ante la emergencia en esta materia.


Impotencia política y mordaza


Ante la aguda denuncia de Vanina, las diputadas oficialistas Mónica Macha, Carolina Gaillard y Mara Brawer se fueron turnando para interrumpirla bochornosamente ¡en más de cuatro oportunidades! con descalificaciones (Mara Brawer llegó a decirle maleducada). Nada de eso sucedió con ninguna otra invitada. Este método patoteril de amedrentamiento no solo expresó la intención de regimentar el debate sino sobre todo la bajeza y la impotencia política de quienes no toleran, ni tienen argumentos, para refutar las críticas al gobierno que permite que mujeres sean asesinadas, violentadas, sometidas a todo tipo de atropellos y al oscurantismo clerical, sin hacer absolutamente nada al respecto.


Lo que les dolió a las diputadas oficialistas es que Vanina desarrollara una crítica de fondo respecto al funcionamiento del Congreso en general y de la Comisión de Mujeres en particular. “Hay una urgencia en el país que no se nota en el Congreso de la Nación. No se da respuesta. El Congreso debería estar pensando en qué hacer para que, en la situación de excepcionalidad que vivimos, las mujeres no la pasen tan mal como la están pasando”, señaló desde el inicio de su intervención.


Explicó además que en lugar de reformas de fondo del Código Penal (el anacrónico tema en debate) lo que debía abordarse son medidas de emergencia “para que las mujeres que ya eran pobres antes de esta cuarentena no terminen muriéndose de hambre, para que aquellas que han estado teniendo que abortar por embarazos no deseados en la clandestinidad -porque el Estado argentino sigue no reconociendo sus derechos- puedan hacerlo como corresponde”. Y reclamó el tratamiento del proyecto presentado por Romina Del Plá para proteger a las mujeres que sufren múltiples violencias en esta cuarentena.


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No es casual que la primera interrupción llegara cuando Vanina denunciaba el cajoneo del aborto legal “porque el presidente tiene otras preocupaciones”. Cuando llevaba poco más de 10 minutos de intervención (luego de una expositora que se explayó más de media hora), la camporista Carolina Gaillard quiso quitarle la palabra, planteando que solo hablara de “los proyectos que están a la vista”. Fue secundada por Mara Brawer, que se indignó por la crítica al funcionamiento del Congreso. Gaillard y Brawer deberían explicar por qué integran una fuerza política que conscientemente impide que se legisle sobre el aborto y se niegan a otorgar un derecho tan elemental para las mujeres. Sin ir más lejos, ¡la política y el gobierno que defienden son responsables de que en el día de hoy tengamos una nueva mujer muerta por aborto clandestino en La Matanza!



Otro punto álgido y que motivó un nuevo intento de censura fue la denuncia de Vanina sobre el poder de la alianza que existe entre el Estado y la Iglesia Católica, reforzada en la cuarentena. “Nosotras nos levantamos en el 2018 para reclamar por el aborto legal, pero lo único que hemos visto durante todo este período es un intento por lavarle la cara a instituciones que denodadamente hicieron todo lo que pudieron para que hoy sigamos sin aborto legal”, sostuvo, y denunció que Alberto Fernández ya le dio tres reuniones a Aciera, “lo más recalcitrante y reaccionario” del evangelismo.



Quienes toleran la injerencia de estas instituciones en los distintos ámbitos de nuestras vidas, para aplastar nuestros derechos, atacaron a Vanina por ¡“faltar el respeto”! ¿A quién? ¡Somos las mujeres y las disidencias a quienes se nos niega el respeto a nuestros derechos de la mano de la opresión clerical!



El método de la intimidación continuó, pero Vanina no se cayó. Reclamó contra el financiamiento oneroso que recibe la Iglesia Católica en nuestro país, y que ese dinero podría destinarse (al igual que el que podría venir de un impuesto a las rentas y fortunas) a financiar las medidas urgentes. “Los subsidios que recibe la Iglesia no fueron afectados para atender hoy la emergencia que estamos viviendo. Este Congreso no ha querido tratar el proyecto del Frente de Izquierda, que deroga los decretos de Videla de subsidio a la curia”.



Vanina denunció también que las trabajadoras de casas particulares “están viviendo situaciones muy extremas y el Estado no está interviniendo. Las cambian compulsivamente de categorías, se les deja de pagar el sueldo. Es el gremio más grande del país, donde la enorme mayoría son mujeres”.  Y fue categórica al señalar que ni el Congreso ni el Ministerio toman iniciativa alguna frente a esto.


Sordxs y Ciegxs: la realidad de las trabajadoras no es tolerada por este Congreso


Mientras arrecian el hambre, la violencia y los femicidios, las comisiones del Congreso que refieren a la temática, y las diputadas del Frente de Todos que las presiden, no sólo excluyen el tratamiento de medidas que den respuesta, sino que pretenden reprimir y amordazar a quienes llevan denuncian esta situación. Un bochorno grave que retrata la hostilidad de clase de las diputadas que se pretenden “sororas”, pero son incapaces de empatizar con la dramática situación de millones de mujeres en nuestro país.


La hostilidad contra nuestra compañera Vanina Biasi (una actitud que fue duramente criticada por Romina Del Plá en su intervención posterior) es una hostilidad de clase. De las Macha, Gaillard y Brawer nos separa una frontera infranqueable.


Es necesario reforzar la organización independiente de las mujeres para superar a las defensoras de este régimen de opresión.





 



 

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