08/02/2020

Jimena Barón y la promoción de la prostitución

La campaña publicitaria del tema “Puta” de Jimena Barón utilizando las tarjetas y volantes que se usan para promover la prostitución en la vía pública, causó un amplio revuelo. En la polémica se posicionaron por un lado quienes rechazan la idea de la prostitución como trabajo, levantando fuertes críticas a la cantante, y por el otro lado conocidas defensoras de la concepción del “trabajo sexual” en el campo regulacionista. Los ejes y responsabilidades colocadas en la polémica merecen una  reflexión.


“Cualquier otro trabajo” o cómo invisibilizar la violencia hacia la mujer


“Todo trabajo es explotado” se puede leer en las redes sociales en estos días. Lo incorrecto de esa afirmación no solo radica en la violencia, violaciones y vejaciones cotidianas que sufren las mujeres en situación de prostitución, sino en las causas y consecuencias detrás de la mercantilización de cuerpos (de las mujeres, trans, travestis, adolescentes y niñas) en el marco de la opresión capitalista. Colocar a la prostitución en el mismo nivel que “cualquier otro trabajo” niega, entonces, la singularidad de la opresión de la mujer y el lugar que en esta realidad ocupa la posesión corporal y sexual de las mujeres.


Ahora bien, la prostitución es la fuente de ingreso de miles de mujeres, la mayoría de las cuales llegó a esa situación como corolario de realidades de profundo sometimiento físico y psicológico. Su extensión social está ligada directamente a la miseria social, a la ausencia de otras oportunidades y a la explotación de diferentes formas de vulnerabilidad social. Desenvolver a fondo la pelea por el acceso a la salud, vivienda, educación es una tarea importantísima del movimiento de mujeres y en general de todos los trabajadores. También lo es la lucha por el fin de la persecución y violencia policial que no sólo regentean prostíbulos y utilizan a mujeres y niñas en los negocios del narcotráfico, sino que también asesinan a sangre fría como sucedió con Sandra Cabrera quien ejercía la prostitucion y denunciaba los crímenes policiales en torno a la explotación sexual. Estas luchas y estos objetivos, están ausentes en Ammar (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) y ATTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina) en la actualidad, organizaciones que abandonaron la lucha contra el Estado, su prepotencia y su hostigamiento hacia las mujeres. 


Pero, dicho esto, cuando hablamos de voluntad en el ejercicio de esta práctica, es una porción ínfima la que representan las mujeres que pueden elegir ese destino. La regla y no la excepción es que la explotación sexual es una de las industrias más importantes a nivel mundial. Un negocio millonario que somete a las mujeres a tener que transitar ese camino como fruto de distintas circunstancias tales como la pobreza, el desempleo creciente que afecta a las mujeres de forma particular, el sometimiento sexual al interior del núcleo familiar y por supuesto la trata de personas con fines sexuales. 


En nuestro país, hay casi 3000 mujeres desaparecidas, según el Ministerio Público Fiscal, muchas de ellas son víctimas de redes que las cooptan o las secuestran para ser prostituidas. Según la ONU, 2,5 millones de personas a nivel mundial son víctimas de trata actualmente. El blanqueo de capitales impulsado por el gobierno macrista permitió que numerosos capitalistas que viven de este negocio pudieran legalizar sus ganancias sin que esto les costara escraches mediáticos de ningún tipo. Nuevamente, la regla y no la excepción es que son las mujeres más pobres quienes son empujadas a ser el objeto de la explotación sexual. Esa es la fisonomía que adopta la prostitución en el régimen capitalista y la promoción de la prostitución como opción personal válida es a su manera un triunfo del Estado proxeneta y prostibular y una subestimación del impacto que esta realidad tiene sobre la mayoría de las mujeres.


¿Regulacionista u opresor?


El sector que considera que la salida a las vejaciones y violencias que sufren las mujeres en situación de prostitución es el regulacionismo estatal son, en su mayoría, voceras de la cooptación estatal al movimiento de lucha de las mujeres por nuestros derechos. Desde Ammar hasta las referentes del PJ-Kirchnerismo pasando por el progresismo encolumnado en el Frente de Todos, hoy gobierno nacional, esconden detrás del embellecimiento de la prostitución como trabajo sexual que el fin último de la legalización de la práctica es el incremento en las ganancias capitalistas y de sus Estados. Es ilustrativo el caso de Alemania donde los resultados de la reglamentación de la prostitución por parte del Estado son las grandes tarifas que las mujeres deben pagarle a los burdeles y al Estado sumado al deterioro de las condiciones para las prostitutas, muchas veces inmigrantes que son explotadas en los prostíbulos locales. Además, aquellos países donde la prostitución es legal, prolifera al mismo tiempo un mercado paralelo donde es posible acceder a todo lo que en la reglamentación está prohibido (violencia fisica, explotación sexual infantil, etc). 


A su vez, promueven en el movimiento de mujeres la expectativa de un Estado que garantice derechos a las mujeres en situación de prostitución, el mismo Estado que sostiene un régimen de explotación del conjunto de  los trabajadores al servicio del pago de la deuda y la política del FMI, el mismo Estado garante de la opresión sobre las mujeres que no garantiza siquiera acceso a educación sexual en las escuelas. Es entonces,una ilusión perversa en quienes son responsables y partícipes de las medidas económicas que atentan contra las condiciones de vida de las mujeres y del conjunto de lxs trabajadorxs de la Argentina. 


Ni Barón ni el arte, el Estado es responsable


En el campo llamado abolicionista, sin embargo, la polémica por la campaña de la cantante no estuvo orientada a  profundizar en las responsabilidades políticas y materiales de esta problemática sino que se centró la crítica en la figura de Jimena Barón. Esto deja de lado el rol de la policía, los gobiernos provinciales y el gobierno nacional como principales responsables e implicados en el entramado del negocio de la prostitución en nuestro país.

 Los “posicionamientos éticos” carentes de la denuncia al Estado como principal proxeneta y responsable de la violencia hacia las mujeres son un arma de doble filo para el movimiento de mujeres que necesita organizarse de manera independiente por todos sus derechos.


Jimena Barón tiene todo el derecho a posicionarse en el marco de su actividad artística como quiera, otras de criticar lo que sin lugar a dudas es una campaña superficial y poco compenetrada con las problemáticas de la mujer y con la comprensión de que la prostitución no es un juego de elecciones personales. Sin embargo,  focalizar simplemente en un ataque a su figura podría rápidamente convertirse en un acto de censura que merece ser rechazado y un desvío. Muchas de las personas críticas con Jimena Barón son tributarias del Estado proxeneta, han realizado charlas y campañas “abolicionistas” auspiciadas por gobiernos proxenetas, se llaman a silencio frente a las complicidades políticas con mafias regenteadoras del negocio de la trata y de la prostitución, pero llenan las redes sociales para reprochar a Barón su promoción prostibular.


Por la organización independiente de la mujer trabajadora


La lucha para terminar con la más extrema forma de sometimiento personal que es la posesión física y psíquica de la mujer trabajadora y su mercantilización, no puede estar ligada a una ilusión en el Estado, su aparato judicial, sus fuerzas de seguridad, y demás herramientas centrales en la proliferación del proxenetismo. 


La crítica a Barón puede valer en el marco de mostrar y mostrarle que su campaña es funcional a una de las formas de violencia más feroces del Estado, el negocio de la prostitución, el atropello policial hacia las mujeres prostituidas, la protección del negocio de violaciones, secuestros, ablandes con drogas, amenazas a los entornos familiares de las mujeres captadas, abortos forzados y todo tipo de vejaciones. Pero que el escándalo marketinero no confunda, los responsables de la esclavitud sexual están sentados en los gobiernos, los cuarteles y los juzgados.

 

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