12/03/2021

Las trabajadoras de prensa, grandes protagonistas del 8M

La jornada por el día internacional de lucha de la mujer trabajadora tuvo un protagonismo especial del gremio de prensa, en un momento especial en el que las conducciones de la CGT y la CTA abandonaron por completo la perspectiva del paro de y por las mujeres que se viene poniendo en pie desde 2016, cuando fue el asesinato de Lucia Pérez. En general, el paro fue boicoteado abiertamente por las centrales sindicales y no hubo ningún impulso al mismo.

La Corriente Federal, que en el pasado jugaba de doble agente dentro del movimiento de mujeres este año no pudo siquiera poner en pie un pequeño acto en el Congreso, debido a que en las reuniones previas su propósito fue poner una mordaza para que no se criticara a su gobierno y a sus dirigentes con cargos de funcionarias.

El paro de actividades fue resuelto en una asamblea nacional de la Federación de Trabajadores de Prensa (Fatpren) de la que participaron compañeras de trece provincias. La asamblea fue el motor de la medida y, a su vez, el síntoma de algo mucho más profundo que emergió el mismo 8M.

El protagonismo del gremio de prensa en las luchas por los derechos de las mujeres se evidenció tempranamente en la conformación del colectivo #NiUnaMenos y en la lucha por el derecho al aborto legal seguro y gratuito.

Pero también, a partir de la Secretaría de mujeres y géneros del SiPreBA, se pusieron sobre la mesa los reclamos y reivindicaciones de las trabajadoras de prensa. Una encuesta promovida desde el naciente sindicato reveló la brutal discriminación profesional y salarial que existe en todos los medios, reflejada también en una mayor precarización.

El sindicato y sus comisiones internas también desafiaron la orientación editorial de las empresas cuestionando el tratamiento machista de las noticias vinculadas a las diversas formas de violencia de género, la banalización del rol de la mujer en la sociedad y la reproducción de los estereotipos de género. De allí surgió, entre otros, el reclamo de la creación del cargo de editora de género que se fue abriendo camino en la mayoría de los medios gráficos y que llegó hasta Canal 13/Artear que, luego de la fallida persecución sindical y de género a Silvia Martínez Cassina, el mismo #8M designó allí a la periodista Marina Abiuso. Si bien este cargo no impone la línea editorial de las empresas y muchas veces hace recaer la responsabilidad en dichas editoras, el reclamo puso de manifiesto la importancia de las asambleas y la organización como método para conquistar los reclamos más sentidos.

Durante el #8m en canales de TV, radios y medios gráficos y digitales la ausencia de trabajadoras de prensa fue notoria y, a partir del papel de comunicadoras que ocupan, el reclamo pudo visualizarse ampliamente durante la misma jornada aportando objetivamente a una agitación política de orden general.

Las patronales, en muchos casos, dictaron asuetos como un intento de apropiarse demagógicamente de la medida que ya había sido adoptada por las propias trabajadoras. Ocurrió en los medios públicos y algunas emisoras y medios privados que, además, buscaron hacer del reclamo hacia ellas mismas una estrategia comunicacional y de marketing en beneficio de sus propios negocios.

El límite de esa demagogia se puso de manifiesto, por ejemplo, cuando la asamblea de trabajadoras de Radio Nacional elaboró un material audiovisual en el que junto a los reclamos contra los femicidios y la violencia de género en general incluía como parte de esa violencia los salarios de hambre y la precarización laboral que sufren las trabajadoras en la propia radio. El pedido de la comisión de mujeres para que su voz fuera puesta al aire recogió la negativa de las autoridades de la emisora pública en nombre de que el contenido “excedía los reclamos de la mujer”.

¿De qué hablaba el spot? De los derechos laborales que les faltan a las trabajadoras de Radio Nacional, del pase a planta de todes, por el reclamo de un salario mínimo igual al costo de una canasta familiar, por iguales derechos entre hombres y mujeres, por la reincorporación de las despedidas bajo la gestión de Macri que aún no fueron reincorporadas, por el día femenino, por las recategorizaciones y más. El video, además, cierra diciendo que las trabajadoras paran y rechazan el asueto de la empresa. La patronal de Radio Nacional intentó hacer lo que hicieron todas las empresas más allá del gremio de prensa y varias reparticiones públicas: negar que las mujeres tengamos derechos laborales específicos.

En la misma línea fueron las trabajadoras de Página/12 quienes, a través de la comisión de mujeres, pusieron en caja la demagogia del grupo Octubre, que optó por no publicar el diario. Entre otros reclamos denunciaron que “paramos porque hace tiempo que exigimos a nuestro empleador, el Grupo Octubre, que estas faltas se solucionen y que nuestros derechos laborales sean reconocidos. Pero la empresa no quiere sentarse a escucharnos siquiera”.

Las trabajadoras de Canal 9 e IP del mismo grupo propiedad del burócrata kirchnerista del SUTERH, Víctor Santa María, también pararon y, en el segundo caso, editaron un video que hicieron público con los reclamos votados en la Asamblea del ENM en el que se reflejan también los reclamos salariales y laborales y, entre otras definiciones, aseguran que “El Estado es responsable”.

La profundidad de las posiciones políticas que se hicieron públicas desde los lugares de trabajo y desde la propia Fatpren, excedieron a las del bloque de Mujeres Sindicalistas de la Corriente Federal y de la UTEP que no convocaron al paro y al que decidió adherir la mayoría de la conducción del SiPreBA. En particular en lo que hace a la responsabilidad del Estado en los femicidios, las condiciones laborales, la pobreza y el hambre.

Pero además, el carácter exclusivamente femenino del paro, una política promovida en sus orígenes por la burocracia sindical con el propósito de debilitar las medidas, distanciar las demandas de las trabajadoras del pliego general de demandas del conjunto de la clase trabajadora y dividir a la clase obrera frente a los capitalistas, en este caso, encontró una deriva positiva. Por un lado la signada por el programa desenvuelto por las trabajadoras en las demostraciones públicas de sus demandas y, por el otro que, al aire, los trabajadores de prensa hicieron uso de la jornada para defender la medida de las compañeras, reivindicar su labor profesional y difundir sus reclamos que, cuando no se producen las divisiones que impulsan las burocracias, debieran ser los reclamos de todas y todos. El ejemplo más alto se produjo cuando, en la conferencia de prensa que encabezó la ministra de Mujeres Géneros y Diversidad, los periodistas presentes cuestionaron la presencia del represor formoseño Gildo Insfrán y Elizabeth Gómez Alcorta, en un intento por correr el eje, desafió a los trabajadores poniendo de relieve la escasez de periodistas mujeres en el lugar. Los trabajadores la ridiculizaron: “la mayoría de las compañeras está de paro, ministra”.

La jornada sirvió, nuevamente, para dar muestras de un gremio que sigue de pie a pesar de los miles de despidos y la caída del salario por debajo de la línea de pobreza.

Así lo reflejan también los conflictos persistentes en los medios gráficos que, como en el caso de Página/12, se mantuvo durante todo el verano y logró algunas conquistas salariales y por teletrabajo.

La continuidad de la Utpba como representación formal de los trabajadores, ausente también en esta jornada, es una losa que se sostiene con el concurso de las patronales y el gobierno.

El SiPreBA cuenta con la legitimidad, la estructuración organizativa y la voluntad de lucha de la base suficiente para ir en ese mismo camino a conquistar su personería gremial, por el salario y todos los reclamos de género, como la ampliación de licencias, incluida la de violencia de género, jardines, lactarios, cupo laboral travesti-trans, igualdad salarial y el fin de la precarización laboral. Allí también se juegan los derechos de las trabajadoras.

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