15/06/2016 | 1415

Machismo y sociedad de clases

La multitudinaria jornada del #Niunamenos el pasado 3 de junio volvió a poner en primer plano político la cuestión relativa a la violencia de género, y todas las políticas contra la mujer que, lejos de alivianarse en el último año después de la primera movilización, se agravaron en todos sus puntos
Por Joaquín


La multitudinaria jornada del #Niunamenos el pasado 3 de junio volvió a poner en primer plano político la cuestión relativa a la violencia de género, y todas las políticas contra la mujer que, lejos de alivianarse en el último año después de la primera movilización, se agravaron en todos sus puntos. La predisposición popular a salir a la calle por este tema quedó reforzada e incluso engrandecida. Luego de la marcha, salieron voces críticas a un twit de Altamira (ver notas) en el que decía que la trata no es un problema de machismo sino de la organización social.


Un repaso por las concepciones del profesor británico Terry Eagleton, de amplio renombre en el campo intelectual mundial, podría, quizás, servir y sumar como aporte a esta polémica.


En su libro de 2011 “Por qué Marx tiene razón”, desmonta diez concepciones típicas sobre el marxismo del sentido común que intentan desacreditarlo en sus premisas, y una de ellas es que los nuevos movimientos sociales (apoyados sobre la etnia, el género, las colonias, etc.) sustituyeron al marxismo por “tener conceptos anticuados como la clase”.


Como él mismo indica: “Ambas historias (la del patriarcado y la sociedad de clases) están tan estrechamente relacionadas en la práctica que costaría imaginar el derrocamiento de una de esas dos instituciones sin que ello generara tremendas ondas expansivas que desestabilizaran la otra”.


Algunas corrientes izquierdistas olvidan, en su afán de fingir una cierta “flexibilidad” en su programa, un punto básico cuando se trata de cualquier tema social que es historizar. Al historizar, Eagleton descubre que, si bien una es anterior a la otra,  la violencia machista y el capitalismo parten de un mismo trayecto explotador.


Lejos de fetichizar concepciones y sustraerlos de la dinámica social más amplia, el marxismo debe estudiar los procesos sobre los que se posa la explotación capitalista e identificar la importancia de que, en definitiva, la lucha de clases es el motor de la historia.


Hay que entender los vaivenes históricos y la tendencia social capitalista para comprender la crisis de la familia en el marco del agotamiento histórico del capital, para no cometer el error de identificar las perspectivas “culturales” como las predominantes. Sigue Eagleton: “El conflicto entre las grandes empresas trasnacionales y la mano de obra mal pagada, étnica y en muchos casos, femenina, al sur del planeta es una cuestión de clase en el sentido marxista del término (…)  Las mujeres siempre han formado una parte sustancial de la fuerza de trabajo y nunca ha sido fácil desligar la opresión racial de la explotación económica. Los llamados nuevos movimientos sociales tienen muy poco de novedoso en su mayoría”. Será por eso, que mucho antes que el feminismo posestructuralista de la década del ‘60 en los países occidentales, el marxismo, el bolchevismo y la revolución rusa tuvieron un foco de primer orden puesto en los problemas de “género”, tales como la regulación laboral, el divorcio o el aborto legal.


Dicho todo esto, no hay que olvidar que, además del contenido específico del debate -que siempre es bienvenido- es una costumbre del PTS “debatir al interior” del Frente de izquierda. Esta actitud es fácilmente trasportable a otras referencias (ejemplo, ver en Milagro Sala una “luchadora”, o coquetear con el kirchnerismo en un frente antimacrista).


No nos debe sorprender, entonces, que una de las manifestaciones más apasionantes de la lucha de clases de las últimas décadas como lo fue el movimiento piquetero, tenga en sus mujeres uno de sus capítulos fundamentales (contra la división de trabajo machista y contra la concepción burguesa de familia) (Rath, 2004).