16/06/2016 | 1415

¿Por qué el capitalismo no puede abolir la opresión de género?

El PTS abrió un debate sobre la opresión de género a partir del disgusto que les produjo un tuit de Altamira donde se afirmaba que la especificidad de la trata es su carácter capitalista. A un intento de respuesta de Andrea D'Atri ("También se trata de machismo") Jorge respondió con un artículo donde desarrolla pormenorizadamente nuestro punto de vista sobre el machismo, la opresión de la mujer y el capital. D'Atri decidió tirar la toalla, dejando sin responder los argumentos en pugna

Foto: Federico I.


El PTS abrió un debate sobre la opresión de género a partir del disgusto que les produjo un tuit de Altamira donde se afirmaba que la especificidad de la trata es su carácter capitalista. A un intento de respuesta de Andrea D'Atri ("También se trata de machismo") Jorge respondió con un artículo donde desarrolla pormenorizadamente nuestro punto de vista sobre el machismo, la opresión de la mujer y el capital. D'Atri decidió tirar la toalla, dejando sin responder los argumentos en pugna.


Guillo Pistonesi, por su parte, responde… posteando una cita del historiador Perry Anderson. “La opresión de género excede con creces el marco de las formas que adquiere el sistema de clases”, dice Pistonesi, parafraseando (mal) a Anderson, como si, incluso así, de esto se derivase que la opresión de las mujeres es independiente del marco de la explotación capitalista (tal la posición del PTS). Lo cierto es que Pistonesi, sin argumentos, descontextualiza una cita y le cambia el sentido para justificar una posición indefendible desde el punto de vista del marxismo.



Anderson señala en el texto citado, que podría haber un capitalismo sin opresión de género, solo que esto no es posible porque la opresión de género es muy antigua y está muy arraigada: “el capitalismo como modo de producción a nivel de abundancia superior es concebible en principio con una equiparación -e incluso con una inversión- de los papeles masculinos y femeninos habituales. Las clases, relacionadas diferencialmente con los medios de producción, podrían subsistir sin familias nucleares o barreras de género en ellas” .


Donde Pistonesi ve “osadía” no podemos más que ver un planteo que el marxismo ya había hecho mucho antes de que Anderson escribiera sus textos sin ninguna pretensión de originalidad, sólo tomando conceptos necesarios para describir procesos históricos. El texto de Anderson acierta al no atribuir al capitalismo un odio de género per se. En ese punto, el nivel de especulación al que llega imaginando un capitalismo sin opresión de género, ayuda a sintetizar dicha norma. ¿Puede entonces, practicarse la abolición de la opresión de género bajo el capitalismo? “No, dice Anderson, por una razón fundamental e inamovible (sic). Desde un punto de vista histórico, la dominación sexual es mucho más antigua que la explotación de clases, y se encuentra mucho más enraizada culturalmente como modelo de desigualdad. Romper sus estructuras requeriría una carga igualitaria de esperanzas y energías psíquicas colectivas mucho mayor de la que sería necesaria para abolir la diferencia entre las clases”. Altamira, dándole a esa dominación antigua un carácter concreto, afirma que "el capitalismo es la estructura de dominación, que se sirve de las herencias históricas y del núcleo familiar cerrado -el complemento ‘doméstico’ de la explotación económica general". Esta 'útil' herramienta de control social, la opresión de la mujer, ha sido la que persistió a través de los tiempos, no ya como una característica “inamovible”, como asegura Anderson, sino como una categoría lo suficientemente dinámica como para adaptarse a cumplir funciones al servicio de diferentes sistemas sociales. De lo contrario, podríamos suponer que el capitalismo heredó esta forma de opresión casi involuntariamente, por la fuerza de su arraigo social, lo cual puede ser así en un primer momento, ya que estos cambios son mucho más lentos, pero no puede seguir siéndolo más de 200 años después de su entronamiento. El capitalismo se sirvió de ella y la amoldó a sus necesidades y leyes.


La opresión hacia la mujer, mayoría total dentro de la clase obrera, con las variaciones que ha vivido a través de la historia, es una herramienta de disciplinamiento social o de sometimiento de las mayorías populares, tan efectiva que nadie ha inventado herramienta que la sustituya, y asume diferentes formas bajo el mismo sistema de explotación capitalista. Finalmente, Anderson señala muy acertadamente: “Cualquier movimiento que encarnara valores capaces de realizar una sociedad sin jerarquía de géneros sería por si mismo incapaz de aceptar una sociedad basada en la división de clases.


En este sentido, el dominio del capital y la emancipación de la mujer son histórica y prácticamente irreconciliables". Agregamos nosotros que esa característica de arraigo tiene su correlato en la ideología reinante, la cual se forma bajo el modo de explotación capitalista y de ninguna manera coexiste independientemente de él. Pistonesi, que ha convertido a las reivindicaciones de la mujer en un sustento de su política reformista y oportunista, insiste: La antigüedad de la opresión de la mujer demostraría que “la opresión de género excede con creces el marco de las formas que adquiere el sistema de clases”. Si esto fuera así, la existencia de esta opresión tendría un carácter ahistórico e independiente de las condiciones materiales de las diferentes sociedades. ¡Adiós a la ciencia y al materialismo histórico! Con la división de la sociedad en clases, la opresión de género ha adquirido formas específicas bajo cada régimen social identificado con la acumulación del excedente y su apropiación privada, y fue moldeada para garantizar en ellos las posiciones dominantes de clases minoritarias. Polemizamos con posiciones no marxistas dentro del movimiento de mujeres, no por un interés de delimitación sectario, sino porque, incluso aunque sean mayoritarias, no pueden ofrecer una salida a la barbarie que se desata hoy contra las mujeres trabajadoras. Y en definitiva, esa es nuestra preocupación central.

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