19/02/1998 | 574

¿Qué pasó en el IIIº Congreso Argentino de Sida?

En el mes de noviembre de 1997 se realizó, en la ciudad de Mar del Plata, el III Congreso Argentino de Sida, organizado por la Sociedad Argentina de Sida —SAS. Estuvieron allí destacados especialistas a nivel internacional, como el médico argentino González Montaner, radicado hace algunos años en Canadá. Además de la presencia de los funcionarios del Programa Nacional de Sida; médicos infectólogos, psicólogos, sociólogos, etc., todo aquel profesional que, en distintos lugares y ámbitos, trabaja con el tema HIV-Sida. Pero lo más interesante estuvo dado por la participación de las personas que viven con HIV-Sida y de las asociaciones civiles u organismos no gubernamentales. Como es de suponer, estos últimos no fueron considerados, a pesar de su importancia, como los protagonistas de la historia. Muy por el contrario, se dio el caso de llegar a ser discriminadas las mujeres de la Asociación de Meretrices de la República Argentina —AMAR— por los mismos organizadores, ya que no les posibilitaron un lugar adecuado para exponer sus experiencias de trabajo y ni siquiera se les otorgaron alojamiento ni ayuda alguna. Las demás organizaciones y grupos familiares tuvieron su lugar dentro del Congreso, en un espacio súper reducido e inadecuado, por llamarlo de alguna manera, ya que los paneles y mesas se pusieron en el hall de entrada a la cocina y a los otros servicios del hotel. Es así que en el ‘prestigioso’ III Congreso Argentino de Sida, las ONGs concluyeron: «La distribución de los espacios en este Congreso, el aislamiento de las organizaciones no gubernamentales y grupos de personas viviendo con VIH, su exclusión de la mayoría de las mesas, el desconocimiento de su experiencia y producción científica, son una señal de que la discriminación se ha instalado entre quienes debiéramos estar reuniendo esfuerzos y voluntades». Está visto que las camarillas de médicos reunidos en la SAS, junto con los laboratorios internacionales —preocupados en insertar en el mercado sus medicamentos—, no vieron lo esencial de las personas con HIV y las asociaciones civiles.


Así se denunció el trato discriminatorio del Congreso y también que «el problema principal es que el Ministerio de Salud de la Nación no acata la Ley ni los fallos de la justicia, no cumple con su responsabilidad de garante de la salud de la comunidad y permanece insensible a todo reclamo». Asimismo hicieron hincapié en la corresponsabilidad de los ministerios y direcciones provinciales y municipales de la situación de las personas con HIV —al someterlos a innumerables trámites burocráticos, a vivir en una constante angustia de que se interrumpa la provisión de medicamentos; a ver y escuchar la escasa difusión de los avances médicos, ligada a desalentadores»mensajes de muerte»; a la discriminación laboral, etc.— y, particularmente, porque aceptaron, mediante Convenio, la descentralización sin recursos impuesta a través de la Resolución Ministerial 346.


Es decir que aceptaron «sin chillar» que la provisión de medicamentos y reactivos se realice siempre y cuando la Nación tenga fondos.


Más allá de los sucesos del III Congreso Argentino de Sida, se pone en claro que en el tema del Sida, en cualquier lugar del país o del mundo, la salida es la organización de las personas con HIV-Sida, sus familiares y amigos; la denuncia ante la falta de medicamentos y el llamado a todos los afectados, pero también a los jóvenes estudiantes y al pueblo trabajador, a defender y reclamar salud pública para todos.

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