14/02/2019

Radfem, la atomización de la lucha de las mujeres y las disidencias

Vamos por un 8M de la mujer trabajadora independiente del Estado, la iglesia y los partidos que gobiernan

La lucha de por los derechos de la mujer a nivel mundial fue, indiscutiblemente, la que protagonizó el 2018. En nuestro país este movimiento movilizó a millones por el aborto legal, reflotó la consigna de separación de la Iglesia del Estado y, ya en diciembre, puso en evidencia la descomposición social bajo este régimen con el #MiraComoNosPonemos a raíz de la denuncia de las Actrices Argentinas sobre Juan Darthés.


Como cada año, el próximo 8 de marzo, además de un canal para desarrollar un programa para las mujeres y disidencias, será un terreno de disputas al interior del movimiento. Como nos tiene acostumbrados, el kirchnerismo  ya ha dado muestras de agachar la cabeza frente a sus aliados clericales: las declaraciones de CFK en la pasada “contracumbre” y los recientes dichos de Ofelia Fernández (Patria Grande) son una muestra clara de ello. Sin ir más lejos, el pasado 1F las organizaciones del kirchnerismo se ausentaron de la movilización por la niña jujeña obligada a continuar su embarazo.


“Feminismo radical” 


Las radfem (partidarias del “feminismo radical”) se congregan en  asambleas en la Plaza Congreso. El disparador para la convocatoria -que en su primer martes llegó a agrupar a 500 jóvenes de entre 15 y 25 años- fue la intervención de este grupo en el llamamiento al paro del 8 de Marzo. El activismo radfem quiere que participen únicamente las mujeres, a las que denominan “hembras humanas” en las cuentas de Instagram que crearon. Esto implica no sólo excluir a nuestros compañeros varones de una lucha de carácter de clase por la emancipación de la mujer trabajadora, sino también un giro reaccionario ya que desconocen totalmente la identidad autopercibida de las personas trans y travestis en la medida que pregonan lógicas biologicistas y discriminatorias. Este movimiento nació en Estados Unidos en los 70, sus activistas son denominadas  peyorativamente como “terf” (siglas en inglés para feministas radicales transexcluyentes). Janice Raymond, feminista radical, fue fundadora del feminismo “trans excluyente”. Acompañando esta caracterización, el feminismo radical transfóbico desconoce incluso lo barbárico de las condiciones materiales en las que sobreviven las personas trans y travestis –con una expectativa de vida de 35 años- obligadas a prostituirse casi como único medio de vida, debido a que desde que nacen son excluidas de las condiciones de vida más elementales, como la familia, la escuela y el sistema de salud. A este sector le adjudican una socialización primitiva bajo su condición masculina, y de allí desprenden una desviación de origen sobre la que basan su rechazo. En cambio, cuando la transexualidad procede de una persona nacida “hembra”, la acusación que se desata sobre ella es la de “traidora” a su condición biológica. Esta tendencia del feminismo radical sin lugar a dudas expresa un punto de vista altamente reaccionario.


 Asimismo en las convocatorias que hacen las radfem hay un llamamiento a “no usar glitter” en las movilizaciones y que “tampoco se vistan inapropiadamente los pañuelos verdes porque las mujeres tenemos que mostrarnos de luto por las víctimas de violencia”. Con esto último colocan a las mujeres simbólicamente como víctimas eternas y no como un factor activo en la lucha por las reivindicaciones de sus derechos. 


Opresión y clases sociales


Este  sector del feminismo subraya que el patriarcado existe porque “el género masculino oprime al género femenino”, a partir de lo cual concluyen que las mujeres debemos luchar por la abolición del género. Quienes se identifican como radfems suelen polemizar con el feminismo liberal, el cual, entre otras cosas, busca embellecer la prostitución como ‘elección’, desdibujar la figura de la mujer y mercantilizar su lucha. Sin embargo, lo que está ausente en ambos espacios es una lectura clasista que explique el mecanismo mediante el cual la burguesía garantiza la reproducción de un régimen de explotación sobre una mayoría desposeída y despliega diferentes formas de opresión, entre las que se destacan las que sufren las mujeres. Sin esta lectura es imposible ver cómo se articula a su vez la explotación, perpetuando la doble opresión contra las mujeres. Su carencia de programa de salida conduce a responsabilizar a los hombres, a las personas no binarias, a las personas trans y travestis de la opresión hacia la totalidad de las mujeres cis. En definitiva, niegan la explotación que llevan adelante las mujeres de la burguesía sobre el conjunto de la clase obrera y sobre las mujeres obreras en particular, subestiman las consecuencias de la  socialización de las personas bajo el sistema capitalista y reconocen la condición de mujer en un puro determinismo biológico que orienta al movimiento en un sentido reaccionario, fomentando divisiones y creando enemigos entre sectores oprimidos y víctimas de este régimen social.


La evidente dilución de la problemática de las mujeres (entendida esta como una construcción social dentro del régimen capitalista), fomentada por posiciones posmodernas y por corrientes patronales, al interior del movimiento de mujeres, no encuentra una respuesta en un movimiento que promueve la interpelación de las mujeres como una creación puramente biologicista, fomentando una división artificial entre víctimas de diferentes opresiones y en definitiva, siendo funcionales a un régimen de explotación que se vale de esas opresiones para perpetuarse. 


8M


Mientras desarrollamos este debate, en el movimiento de mujeres necesitamos concentrar fuerzas para confluir en una gran acción de frente único que el próximo 8 de marzo, en conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, enfrente a las políticas de ajuste, represión y discriminación. 


Preparemos un 8M con un gran paro internacional de la mujer trabajadora y llenemos las calles por el aborto legal seguro y gratuito, por educación sexual laica y científica, por la separación de la Iglesia del Estado y por el desmantelamiento de las redes de trata. Para terminar con todas las formas de opresión, nuestra tarea es desnudar que no se trata de un enfrentamiento de sexo contra sexo, sino de clase contra clase.

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