27/05/2020

Salud y gestión menstrual: que el Estado se haga cargo

Exigimos que garantice la entrega gratuita de los productos necesarios y condiciones sanitarias adecuadas y brinde la información necesaria (ESI) para evitar complicaciones de salud.

Transitando actualmente el mes de la salud menstrual, y ante el Día internacional por la salud de las mujeres que tiene lugar este jueves 28, se hace preciso atender la grave situación que se vive en esta materia.


La falta de acceso a productos de gestión menstrual o el uso de materiales inadecuados para contener el sangrado, sumados a la falta de agua potable en numerosos barrios del país, es una combinación explosiva que lleva a un aumento de infecciones de todo tipo.


Actualmente, el costo anual de toallitas ronda los $2.900, y el de los tampones $3.800. Esto ocurre en un país en el cual, según cifras oficiales, las mujeres percibimos ingresos que son, en promedio, un 27% menores que los de los varones y la brecha es aún mayor (36,5%) entre las asalariadas, que estamos más expuestas a la informalidad laboral. Por otro lado, entre las jóvenes casi una de cada cuatro busca activamente un trabajo remunerado sin conseguirlo, y la falta de cupo laboral trans deja a varones trans excluides del mundo laboral formal.


La menstruación tiene un impacto concreto en la vida de las personas; la utilización de elementos que contengan el sangrado no son opcionales en esta sociedad. El extendido tabú hacia la mancha de sangre genera “vergüenza” e impide habitar el espacio público. Esto repercute en la vida social, laboral y educativa, incluso es factor de ausentismo escolar y laboral para muchas mujeres, varones trans y no binaries.


El mes de la salud menstrual se generó en contraposición al “día de la higiene menstrual”, oponiéndose al concepto de que la sangre menstrual es algo sucio, lo que suma a la construcción de sentido y discurso en torno al ciclo. Aprovechamos esta instancia para resaltar que se trata de una parte importante de la salud de las mujeres e identidades menstruantes.


Sin productos de gestión menstrual, acceso a condiciones sanitarias y ESI, nuestra salud está en riesgo


La falta de acceso a la información científica es una parte central del problema y también lo es la falta de implementación de la Educación Sexual Integral. La menstruación como contenido educativo debe ir más allá de lo que se suele desarrollar como obligatorio en Ciencias Naturales (primaria) o en Biología (Secundaria). Ni hablar de las famosas “clases” brindadas en espacios educativos, muchas veces utilizadas como reemplazo de ESI desde empresas que se dedican a la comercialización de productos de gestión menstrual (los más caros en términos anuales). Hay que resaltar que, por lo general, además de estar vacías de cientificidad llegan tarde: la mayoría de las niñas y jóvenes ya han tenido su primer sangrado y/o relación sexual al momento de esa charla.



La menstruación como contenido permite educar en el autocuidado y la autopercepción; facilita visibilizar las distintas representaciones de la feminidad e identidad de género, a la vez que nos permite abordar la genitalidad y las inquietudes acerca de las relaciones sexoafectivas.


El Estado debe garantizar que la ESI sea un vehiculizador del potencial que tienen los espacios educativos para derribar estigmas y estereotipos.


Pero principalmente debe impartirse la información necesaria, en ámbitos educativos y en los barrios (sector muchas veces excluido por completo del acceso al derecho de la educación) para que dejen de haber casos de infecciones completamente evitables.


Menstruar sin riesgos en el capitalismo: una carga individual en beneficio de sus ganancias


A la brecha salarial se le suma la carga económica de los elementos de gestión menstrual. Desde el Estado y los medios de comunicación nos bombardean constantemente con campañas del tipo la menstruación “es cosa de mujeres”, o al hablar de ello lo colocan en el área de “cuidados de higiene personal”. El capitalismo, para desligar de carga económica a los Estados, históricamente se ha encargado de ocultar el ciclo menstrual, en gran medida para que se cumpla a rajatabla la tan requerida “productividad” que los capitalistas le exigen a las y les trabajadorxs y afectar lo menos posible sus ganancias. Es por eso que aún hoy en muchos trabajos hacen caso omiso al mal llamado “día femenino”, un derecho laboral conquistado que implica una licencia de 24 horas -mientras gremios como el docente y el estatal ni siquiera cuentan con ello. Esto no podría ocurrir sin la pasividad de las burocracias sindicales de distinto tipo y color en casi todos los gremios.


En el ámbito educativo lo único que existe, y solo para secundaria, es la posibilidad que otorga la normativa de educación física, por la que “en caso de no poder participar de la clase por motivos de salud o fuerza mayor el alumno/a podrá hacer uso de SAF (sin actividad física) no computándose como ausente, pero debiendo permanecer en la clase con una actitud activa y colaborativa.”


A la vez que nos educan bajo el sometimiento, utilizan frases como “está nerviosa, seguro le vino”, entre otras, para estigmatizarnos e ir en contra de los derechos de las mujeres y diversidades, sexuales y de género trabajadoras.


Con la crisis del Covid se dificulta aún más el acceso


No podemos olvidarnos que en este contexto de crisis sanitaria y económica los sectores más golpeados se encuentran desempleades o sin “changas”.


Sin trabajo genuino y condiciones mínimas de vida, es imposible para la clase trabajadora y para quienes se encuentran en situación de calle hacerse de toallitas, tampones u otros métodos para contener el sangrado. Capítulo aparte para las personas que se encuentran en contexto de encierro, en donde el derecho a la salud menstrual está completamente vedado por las condiciones de hacinamiento e insalubridad que allí se registran, y por la falta de presupuesto que sufren las instituciones carcelarias, lo cual genera escasez de insumos de todo tipo.


Las mujeres y las identidades menstruantes necesitamos y debemos exigir que el Estado cuente con partidas presupuestarias que permitan el acceso a los distintos elementos de gestión menstrual (incluida la “copita” y toallitas de tela) en forma gratuita y libre, en los distintos centros de salud del país.


Este 28M, visibilicemos nuestros reclamos.






 

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