05/08/2021

Semana de la Lactancia: amamantar en tiempos de crisis económica y social

El Frente- Medicina UBA

Desde 1992 se conmemora en más de 120 países, incluyendo a Argentina, la Semana Mundial de la Lactancia Materna que abarca desde el 1 al 7 de agosto, instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef.

Son múltiples los beneficios de la lactancia materna ya que contribuye a la salud y bienestar tanto de la persona que amamanta como del lactante, favoreciendo su crecimiento y desarrollo en funciones del sistema inmunológico, procesos cognitivos y psicosociales, el acceso a sabores y variedad de nutrientes que con la leche de fórmula es mucho más restringido. Según el Ministerio de Salud de la Nación, esta favorece la baja incidencia de infecciones respiratorias y de diarrea, reduciéndose el riesgo de hospitalización por ambas patologías en un 57% y 72%, respectivamente, y que a largo plazo, también se observa que disminuye en 26% el impacto del sobrepeso y de 35% en diabetes tipo 2, mientras brinda una oportunidad de reforzar el apego, con beneficios para el desarrollo infantil.

Más allá de sus múltiples beneficios, aunque la decisión de amamantar debería ser una elección libre, permitiendo que las personas gestantes puedan decidir si lo mejor para elles es dar la teta o no, la gran mayoría de las personas que deciden hacerlo, ven prontamente bloqueada esa posibilidad por diversos motivos.

La presión entre amamantar o ir a trabajar

En Argentina, la prevalencia de lactancia al momento del nacimiento es de más de un 95%. Sin embargo, a los 6 meses, la lactancia exclusiva se reduce bruscamente y se ubica alrededor del 40%. Según datos relevados en 2018 de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, 1 de cada 10 lactancias se pierden por motivos relacionados al regreso laboral.

En este punto cabe destacar las paupérrimas condiciones laborales y de vida de las personas que eligen maternar. Solo son 90 los días que los lugares de trabajo otorgan la licencia por maternar (45 días antes y 45 días después de la fecha probable de parto, según certificado médico, o bien 30 días antes y 60 días después) en el caso de que el trabajo sea «formal» o «en blanco». Pero en la mayoría de los lugares de trabajo y de estudio no existen sectores exclusivos para amamantar de forma segura y mucho menos jardines infanto-juveniles. Tampoco se implementan de manera real los programas de promoción de la lactancia materna vigentes, en los períodos de embarazo y lactancia para que se ejerza de forma cuidada y responsable.

En esta situación de crisis económica y social las mujeres son las más perjudicadas, porque son las que cobran los peores salarios, son las más precarizadas y son las que más violencia sufren. Amamantar, maternar y todo lo que implica ejercer la maternidad, incluso el desarrollo de la lactancia en tiempo y forma en este contexto se torna una decisión sumamente difícil por no decir casi imposible ya que las mujeres en muchos casos llegan a perder su trabajo por querer ser madres o tienen que volver rápidamente a trabajar luego de dar a luz.

Ante esto, el rol del Estado es ser el principal garante del ajuste que genera estas condiciones de vida y que golpea fuertemente a las mujeres, particularmente a las más pobres. Un ejemplo de ello es el Plan de los 1.000 días, que además de abarcar a una porción muy pequeña destina migajas para este sector y no hay ningún tipo de medida real que regule las licencias por maternidad, ni que regule a las patronales frente a los despidos de embarazadas y/o madres y mucho menos algún tipo de incentivo para que exista por lo menos un presupuesto acorde para creación de jardines infanto-juveniles en los lugares de trabajo y de estudios.

Como si fuera poco, la relación entre el Estado y las industrias farmacéuticas y laboratorios se cuela en la salud pública y dificulta aún más el proceso de amamantar.

Es la industria farmacéutica junto con los laboratorios privados quienes se esconden detrás de las góndolas de los supermercados e intervienen en los consultorios de pediatría donde se incentiva a los profesionales de la salud a entregar muestras de leche de fórmula durante un período de tiempo. Este reemplazo disminuye la producción de leche materna y la relactación de nuevo del organismo resulta ser muy dificultosa. Por lo tanto, las personas que quieren amamantar, se ven obligadas a depender de las leches de fórmulas que producen empresas como Nestlé, Pfizer y Mead Johnson que acrecientan sus ganancias a costa de la salud de la población y a quienes el Estado no regula ni interviene en pos de hacer oídos sordos para además sacar provecho del mismo negocio.

Por lo dicho anteriormente, es de vital importancia la defensa de los derechos de las personas gestantes para llevar adelante una lactancia libre y segura y la promoción de la misma.

Vamos por la apertura de jardines de infanto-juveniles y sectores para amamantar en todos los lugares de trabajo y casas de estudios, por la real implementación de los programas de promoción de lactancia materna en los períodos de embarazo y lactancia y centros de atención integral de salud de las mujeres en los barrios populares. El Estado debe tomar las medidas necesarias para garantizar una maternidad y paternidad por igual, libre, cuidada y responsable.

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