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7 de junio de 2007 | #995

Acerca de "El oro de Moscú"

¿Qué tiene que ver Lenin con el General Videla?

“Mi reflexión fundamental es mi pérdida de fe en el leninismo”, dijo en una entrevista con Página/12 (18/5) Isidoro Gilbert, autor del libro El oro de Moscú, reeditado por Sudamericana trece años después de su primera publicación por la editorial Planeta, en 1994.

Las razones de esa pérdida pueden encontrarse en los datos que el propio Gilbert ofrece en su libro y en esa entrevista. Por ejemplo, señala que José Ber Gelbard, titular de la Confederación General Económica (CGE) entre los años '50 y comienzos de los '70 del siglo pasado, era afiliado secreto del PC y “creó un aparato económico que manejaba empresas, entre ellas la embotelladora de Coca-Cola en la Capital; amigos que ponían capitales y derivaban parte de las ganancias a las finanzas partidarias. Al oro de Moscú se lo llevaron los grandes exportadores de cereales y carnes que aprovechaban el bloqueo derivado de la invasión soviética a Afganistán, a fines de 1979, mientras aquí gobernaban Videla y Martínez de Hoz, para hacer ventas enormes y a precios muy superiores a la cotización internacional”.

Cuando se publicó la primera edición de su libro, Gilbert dijo a la revista Punto Crítico: “Yo pertenecía a una estructura ubicada muy por encima del PC local. Esa estructura se ocupaba directamente de las relaciones entre el Estado argentino y la Unión Soviética”. No tiene mayor importancia la actuación personal de Gilbert en ese entramado, pero sí la tiene el hecho de que su confesión denuncia la existencia del entramado mismo.

Se entiende así cómo y por qué el PC sostenía que Videla era un “militar democrático”, a quien correspondía defender del “ala pinochetista” de las Fuerzas Armadas que supuestamente representaba el almirante Emilio Massera. También que el partido stalinista no se movilizara siquiera por sus propios desaparecidos (¡Teresa Israel!) y los elogios que Radio Moscú dedicaba a la dictadura en sus emisiones en castellano.

De ahí se desprende la pregunta del título: ¿qué tiene que ver Lenin con el respaldo a Videla?

De ayer a hoy

El detalle de aquel aparato financiero tejido por Gelbard indica que el estalinismo argentino vivió de explotar y reprimir obreros en Fate o en Coca-Cola (incluso, muchas veces, a militantes de su propio partido) y, ya bajo la dictadura, de los réditos económicos de su vieja alianza con lo peor de esa “oligarquía con olor a bosta de vaca”, como llamaba Domingo Faustino Sarmiento a los terratenientes. Esa alianza ya había actuado entre 1945 y 1946, cuando el PC, en la Unión Democrática, con el programa del Partido Conservador y a las órdenes de Spruille Braden, embajador de los Estados Unidos, organizó la campaña de la derecha contra Perón. En esos días, Vittorio Codovilla llegó a dar a Braden el título de “ilustre embajador aliado”.

En esa nota de Página/12, Gilbert explica que en la segunda edición de su libro “hay datos nuevos sobre un extraordinario espía soviético, Iosif Grigulevic, que estuvo en la Argentina en los años '40 como saboteador del comercio con Alemania y España. Yo lo conocí personalmente en Moscú, cuando no sabía que era un agente. Es un personaje fascinante: participó del intento de asesinar al mariscal (Josep Broz) Tito y en el primer atentado contra (León) Trotsky”. O sea que el 'leninismo' pretendió matar a Trotsky.

Tiene su lógica que un criminal como Grigulevic le parezca “fascinante” a Gilbert: en 1978 fue el único que aceptó ir oficialmente, en cuanto partido, a una comida organizada por Videla el 1° de diciembre de 1978 (véase, entre otros, http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_sucia_en_Argentina). Allí estuvieron Fernando Nadra y Juan Carlos Domínguez. Al despedirse, Nadra le dijo a Videla: “Gracias, general, por permitirnos estar acá”.

¿Qué tiene que ver el 'leninismo' con ese agradecimiento servil a Videla?

Ahora, como ya hiciera en 1985 el XVI Congreso del PC, Gilbert piensa que ese respaldo a la dictadura fue un error, “en el cual influyó el peso militar del PC: hubo militares comunistas o amigos del partido” (entrevista con Página/12). Gilbert no da nombres de esos oficiales, pero se debe subrayar que ninguno de ellos fue comunista: fueron stalinistas, cosa por cierto muy diferente. Entre ellos, añadimos nosotros, puede incluirse al ya fallecido coronel Francisco Cornicelli, delegado personal de Alejandro Lanusse en sus negociaciones reservadas con Perón cuando éste aún estaba en Madrid.

Isidoro Gilbert recuerda el principio del fin: “Luego de Malvinas, en un acto multitudinario en el Luna Park (convocado por la Multipartidaria, integrada por el PJ, la UCR y el MID de Arturo Frondizi, entre otros) el PC propuso formar un gobierno cívico-militar que convocara a elecciones: los chiflaron. Luego se aliaron con (Ítalo) Luder, lo cual significaba avalar la autoamnistía que había dictado (Reynaldo) Bignone. La militancia comunista votó por (Raúl) Alfonsín…” (entrevista con Página/12).

Como se ve, Carlos Heller no inventó nada cuando puso cinco millones de dólares del Credicoop para sostener la “convertibilidad” de Domingo Cavallo, ni cuando defendió el “corralito”, ni cuando transformó en patota a una parte de los empleados de su banco para hacer frente a los ahorristas estafados, ni cuando fue a las elecciones porteñas con el menemista-grossista-kirchnerista Daniel Filmus, como ayer hiciera su partido con Braden, con los conservadores, con Luder, con Herminio Iglesias…

Pero, señor Gilbert, ¿cuándo tuvo usted la "fe en el leninismo" que dice haber perdido?

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