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24 de septiembre de 2015

Pablo, amor por la humanidad

Fue en el 2009 cuando, por las causalidades de la vida, termine representando a un pequeño colectivo estudiantil del cual era parte (había ingresado a este grupo hacia un par de meses en la universidad) frente al Congreso del Partido Obrero de Argentina. Fue una locura total. Llego a Buenos Aires y se me indica ir a un café, ahí me encontraría con personas responsables de las delegaciones y me dirían que hacer. Todo esto era nuevo para mí, no tuve tiempo ni siquiera de darme cuenta bien lo que estaba haciendo. Llego al café, me dicen que había un retaso con varias de las delegaciones, y en la mesa habían cuatro personas, uno dirigía la discusión. Siempre he tenido problemas de concentración, en ese entonces era peor la cosa, y miraba a estos tipos discutir cosas que no entendía, además todos hablan en portugués, y me aburrí. Debo confesar que después de ese viaje nunca más he dicho “estoy aburrido” o “no tengo que hacer”. Interrumpí la discusión, no daba para más, pregunte que tenía que hacer al otro día, me despedí y me fui. Pasaron los días del congreso y el día antes de la vuelta discutiendo con Jorge Altamira, él se dio cuenta (obvio) que todo lo que le contaba de Chile no tenían el respaldo de una caracterización política elaborada y era puro activismo, y me dice “che, leíste las formas del trabajo de Rieznik”, en ese entonces no había leído nada de nada, ni del que me decía y de nadie. Le dije que no, el salió y vuelve con un libro verde y me dice “Léelo, te a va a servir si realmente queres militar, cuando vuelvas a Argentina me lo pagas”. De vuelta en el bus tenía más de 15 horas para leer, el libro este me tuvo pegado hasta que llegue a Santiago. Me demore muy poco en terminarlo, cosa rara en ese entonces cuando no tenía un hábito lector que me costó mucho desarrollar.Un día se me ocurre “googlear” (para conocerlo) al Rieznik este que estaba volteando todas las concepciones con las cuales comprendía la vida hasta ese entonces. Pongo su nombre en la barrita y me quería matar, Pablo Rieznik era el tipo que dirigía la discusión con los brasileños en el café, Pablo era el tipo del que arranque en el café porque me “dio la lata”.
 
Tengo que reconocer que nunca pensé que terminaría militando, pasaron muchas cosas en un periodo muy corto de mi vida que me empujaron a hacerlo. Conocer a Luis Vitale antes de su muerte, comenzar a estudiar economía política con un ex mirista después de que viera que dentro de mi mochila estaba “Dialéctica de Concreto” de Karel Kosik (él no se reconocía como “catastrofista", así que esta relación fue corta, pero me sirvió), ser invitado a hacer guardia de honor al funeral de Víctor Jara, terminar en el congreso del Partido Obrero como consecuencia de un activismo universitario muy “amateur” que me valió la invitación de la persona que me metió en esto, y que aún es mi compañero de combate, fueron cosas que me cambiaron la vida.
 
Me obsesione con Rieznik, hice todo lo posible para conseguir todos sus libros (acá no llegan), creo que me faltan 3 0 4 números para tener todas las revistas de EDM donde escribió periódicamente, llegue al extremo de bajar el programa de un sus cátedras de la UBA y hacerme un programa de estudios con toda la bibliografía, el cual desarrolle disciplinadamente todas las noches de un verano. Ese verano discutí noches completas con Pablo, sin estar el presente, discutí con sus libros, muchas de ellas hasta que salía el sol. Ese verano no salí de vacaciones. Llego marzo y me sentía un marciano. No podía ser de otra forma, leí “Las formas del trabajo y la historia” incluso antes que el Manifiesto Comunista.
 
Ayer me entero de la muerte de Pablo, y me dio una pena enorme. Llore, no me da vergüenza decirlo, hace rato que no lloraba.
 
Uno de los grandes problemas de la izquierda chilena es su atraso político y teórico como consecuencia del genocidio de la dictadura y de lo enraizado de corrientes descompuestas que aun influyen en la formación de los nuevos militantes, y en Pablo encontré una guía, encontré una referencia, encontré el maestro que busque acá y nunca encontré. No puedo hablar de el como persona, después del “episodio ese” intercambie palabras con el unas 3 o 4 veces más (nunca le dije estas cosas, por vergüenza quizás), la última vez en el pasado congreso donde ya lo vi más deteriorado de salud, pero puedo hacerlo desde el reconocimiento del impacto que género en mi persona. A pesar de que no lo tuve cerca físicamente, el me obligo a esforzarme en profundizar mis estudios autodidactas de marxismo, realmente lo reconozco como un maestro.
 
Con Pablo, y toda su producción teórica, comprendí que con la dialéctica y el materialismo podemos comprender todo, como comprender cosas tan pequeñitas como los quarks o tan grandes como una galaxia, pasando por la historia de un planeta chiquito que está en un galaxia chiquita donde los tipos que ahí viven producen lo que necesitan y han basado esta existencia en relaciones que se sustentan en contradicciones sociales irreconciliables, cosa que se debe trasformar, como todo en la vida.
 
Pablo Rieznik me ayudo a digerir lo que hacía, y los costos de hacerlo, me permitió comprender que la existencia de todo lo conocido es el punto de partida y el punto de llegada a la vez, que a pesar de que como seres humanos somos una parte ínfima del universo tenemos la capacidad de comprender cosas que están fuera de nuestra capacidad preceptiva, que nos volveremos gigantes y trascendemos a nuestras capacidades inmediatas cuando nuestro alimento es el conocimiento. De ultima, estudiar con Pablo “sin el”, me ayudo a ponerme un objetivo que yo pudiera sentir del porque tenía que luchar por el gobierno de los trabajadores y el socialismo: luchar para que llegue el día en que pueda estar todo el día, todos los días, sentando en un telescopio gigante ayudando a la humanidad a profundizar, aun mas, su conocimiento del universo. Logre pensar en la libertad así. Sé que, lo más probable, es que esto no se cumpla, mis convicciones fundadas en la tarea histórica de derrocar al capital ya me bastaban fuertes para poder seguir, pero yo necesitaba un objetivo así. Puede parecer una tontera, pero lo necesitaba. Con el tomo forma mi actual pasión por la astronomía.
 
Hay personas que te enseñar a luchar, teórica y prácticamente hablando, pero muy pocos te ayudan para que puedas ser feliz haciendo esto, hoy puedo decir que soy un militante feliz, abrazando una causa tan cruda como esta y tan llena de complicaciones. Muy pocos te enseñan con su ejemplo que estamos obligados a comprender más y más todos los días, a sentir amor por la humanidad, a pensar en todo lo que se podría lograr sin las amarras del capital, a sentir amor por todo lo existente. Gracias Pablo por ayudarme, sin saberlo, a tomar este camino y a sentir amor por el universo incluidos nosotros mismos, amor por las estrellas, estrellas a las cuales volviste ahora que te fundes con el universo. Hasta la victoria compañero.
 
Vitoco La Rosa

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