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1 de octubre de 2015 | #1383

EXCLUSIVO DE INTERNET

Sobre la tortura

A fines de la década del '70 del siglo pasado, conocí a Aníbal (Pablo Rieznik) en Perú, en una de las reuniones fundacionales de la Tendencia Cuarta-Internacionalista (TCI). Estábamos presentes representantes de Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile, Brasil, Perú y Venezuela.

Saliendo a descansar luego de una jornada, un compañero chileno nos relataba, a Pablo y a mí, una situación que le sucedió en Chile, en la clandestinidad durante la dictadura de Pinochet. Un militante de la organización chilena detenido, se quebró bajo tortura y decidió colaborar. Por gestión del colaborador bajo tortura, se concreta una reunión entre él y el compañero que nos relataba lo sucedido. Se encuentran, y sin percibir el control policial acuerda una nueva reunión.

El día del segundo encuentro había dos cercos policiales. En el camino, el confidente tuvo un segundo de aire y logra avisar que era una trampa. Por supuesto, el compañero que iba a su reunión no lo sabía y ya se encontraba dentro del perímetro del primer cerco, pero sus camaradas realizaron un operativo y lograron interceptarlo, meterlo en un establecimiento y sacarlo disfrazado.

Así pudo burlar el cerco y salvarse.

La organización chilena acordó que el delator, a pesar de su aviso, debía recibir el trato correspondiente en caso de salir de su situación. En ese momento de la conversación Pablo dudó sobre la decisión, luego contó lo que padeció bajo tortura, nombró la aplicación del pentotal, de ser colgado y amarrado de los pies sobre un palo con la cabeza hacia abajo, método de tortura llamado Pau de Arara, y los vejámenes a que fue sometido. Resistió sin "confesar", pero expresaba lo terrible de padecer esa situación.
Independientemente de la posición correcta sobre el caso, la tortura como método utilizado ayer por los demócratas de ahora, que fue soportada por Pablo, nos recuerda que la represión, la tortura y el asesinato siguen latentes y en muchas ocasiones activos.
Las denuncias, las movilizaciones impulsadas por la izquierda argentina, y en particular por una organización, el Partido Obrero, forjado entre otros por Pablo Rieznik, mantiene una constante campaña para lograr el castigo a los culpables de esa larga noche. A su vez, se contrarresta el avance de corrientes que promuevan nuevos salidas de ultraderecha como respuesta de salida a la crisis. Hasta la Victoria Siempre es la única forma de erradicar la tortura. Aníbal, tras su valor y su trayectoria, las enseñanzas, notas, sus libros, son indispensables para elevar el nivel de conciencia y el programa, armas indispensable para la liberación.
La actividad de Aníbal dentro del marco internacionalista fue una constante. Con el Comité por la Reorganización de la Cuarta Internacional, CORCI, luego con la Tendencia Cuarta-Internacionalista y del último intento, la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta internacional, la CRCI. Recordamos su respuesta a Stephane Just, su análisis y critica al papel del POR durante la revolución boliviana de 1952 y, recientemente, sus análisis sobre el catastrofismo, todas herramientas fundamentales para la construcción del partido mundial de la revolución, la IV Internacional. Sigamos adelante.

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