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5 de noviembre de 2015

Pablo Rieznik se fastidiaba con la academia

Tuve la oportunidad de ser alumno de Pablo, cuando a principios de 2013 dictaba la Materia Economía para historiadores en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Si bien muchos de mis compañeros de clase se fastidiaban porque Pablo "no explicaba los autores, ni los textos", a mí me fascinaba porque hablábamos de la realidad de la política nacional (a él lo conmovía la pobreza, la explotación y la miseria), de la ciencia, de las matemáticas y muchas otras cosas. En términos Weberianos (donde el profesor tiene que atenerse simplemente a ser "un científico de la ciencia" y no hablar de política en la facultad), es evidente que a Rieznik no le importaba. En una clase me hizo hervir la sangre con esa impronta que los caracterizaba cuando sostuvo: "Chicos lamento decepcionarlos con los que les voy a decir, ya que ustedes están aquí para ser futuros integrantes de la academia, pero la academia no te forma para transformar el mundo, solo hace posible que lo conozcamos y a veces entenderlo". Esto último me ganó al partido y me hizo dar cuenta de que no podía estar atornillado al pupitre y a las garras de la intelectualidad burguesa. Pablo me ganó al partido, y así como a mí, hay cientos de casos. Pablo era eso, lo podías odiar y lo podías adorar, pero en el fondo era un revolucionario gigantesco. ¡Hasta la victoria siempre compañero Pablo! 

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