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23 de junio de 2016 | #1416

¡Hasta el socialismo siempre!

Como siempre ocurre, cuando un revolucionario nos deja, no puede sino provocar emociones de diverso tipo, especialmente en aquéllos que, como en mi caso, compartimos militancia y lucha. Antonio se vinculó con Política Obrera durante la dictadura militar -o sea, en la época más difícil y hasta heroica de las que ha recorrido la construcción partidaria.
 
Lo conocí cuando me trasladé a Tucumán. Antonio ya era parte del núcleo partidario con el que, a principios del ’83, nos lanzamos a recorrer barrios y pueblos, y obtuvimos la primera personería electoral del Partido Obrero en el país.
 
Fue un período de mucho sacrificio, pero Antonio los aguantaba todos. Tiempo después, a fines del ’85, Antonio, con su compañera Raquel, también militante partidaria, se trasladaron a Belén, en Catamarca, y allá también, con ellos, se inició el proceso de construcción del PO.
 
En Belén, Antonio comenzó su carrera docente, que a partir del ’96 iba a continuar en la capital provincial. En todos esos años, Antonio fue un puntal en la construcción de la regional partidaria, donde Antonio fue decisivo y en esa condición se transformó, en distintos momentos, en el dirigente provincial y fue candidato destacado en varias elecciones.
 
En esas fases de cansancio y vacilaciones, donde la voluntad parece ceder, Antonio, nunca perdió las perspectivas. Para él, había que luchar, si la revolución iba a tener una dirección que la llevara a la victoria, ésa sería el Partido Obrero y así se mantuvo hasta el último día.
 
Un abrazo afectuoso a sus hijos León, Julio, Agustín y Lucía; a su ex compañera Raquel, y a todos sus compañeros y amigos.
 

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