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12 de septiembre de 2019

Sale En Defensa del Marxismo n° 53: el debate del XXVI Congreso del Partido Obrero

La nueva edición de En defensa del marxismo, revista teórica del Partido Obrero, recoge una selección de los textos del debate que atravesó al XXVI Congreso del PO. Su salida, este miércoles 11, es una ocasión para recapitular políticamente las caracterizaciones en disputa, a la luz de la evolución posterior de los acontecimientos.

Bancarrota económica

Una característica de nuestro documento congresal fue desarrollar una caracterización correcta de la bancarrota económica. Señalamos, acertadamente, que el rescate del Fondo Monetario no era suficiente para cubrir los vencimientos de deuda durante este año, dado que el gobierno no contaba con los recursos necesarios para hacer frente a la renovación de las Letes y diferentes bonos. Las tendencias al default, de acuerdo al documento del XXVI Congreso, estaban inscriptas en un cuadro de una bancarrota económica de fondo, en el marco de la crisis mundial. Así como en el XXV congreso el documento congresal, con varios meses de anticipación, puso de manifiesto las tendencias a un acuerdo con el FMI como resultado de la insolvencia del gobierno y de la necesidad de rescatar a los acreedores privados, en el congreso de este año las tendencias al default fueron correctamente establecidas.

En la previa del debate congresal, el grupo de Altamira caracterizó que la dirección del Partido Obrero había “abandonado el catastrofismo” porque algunos compañeros pusieron en debate la idea de Altamira de que la burguesía había perdido la iniciativa estratégica en Latinoamérica, que habría pasado potencialmente a manos de la izquierda revolucionaria. El balance de los planteos del XXVI Congreso arroja el resultado contrario: la caracterización de las tendencias a la bancarrota capitalista estuvo plenamente presente en el Congreso, como base para una política revolucionaria.

Ofensiva y recambio patronal

A partir de aquí, las divergencias que puso de manifiesto el debate congresal se concentraron en la caracterización política y  las tareas de la etapa. En la caracterización del XXVI congreso pusimos de manifiesto que se estaba procesando un recambio político del macrismo por la vía electoral. Resaltamos el valor para la burguesía del operativo de contención política de parte del peronismo y la oposición patronal, para evitar una irrupción del movimiento obrero y popular en el marco de la crisis. Mostramos que las ilusiones en un recambio pejotista kirchnerista del macrismo eran un factor de bloqueo de las tendencias a la lucha. Y destacamos la necesidad de enfrentar la política de la burocracia sindical y el triunvirato piquetero, para enfrentar en la calle y derrotar la política de Macri.

El grupo de Altamira atacó violentamente estas caracterizaciones. Atacó la idea de una contención política sosteniendo que el peronismo-kirchnerismo estaba en “retroceso”; y desistió de entrada de analizar las tendencias en el movimiento obrero y popular, para evitar poner de manifiesto nuestra lucha política, en todos los frentes, contra la política de contención del peronismo y la burocracia. Por medio de este método, llegó a la conclusión de que la consigna debía ser “Fuera Macri, Asamblea Constituyente” y que la lucha política contra la influencia del nacionalismo en las masas no estaba planteada.  Atacó por “electoralista” a la mayoría del Partido Obrero, por defender una línea independiente del nacionalismo.

La ignorancia del peso del nacionalismo en el movimiento popular llevó a Altamira a despistes monstruosos, como plantear que la no aprobación del proyecto del aborto legal podría abrir una situación prerrevolucionaria (!!!) o que el movimiento de mujeres había superado las expectativas en el parlamento luego de la votación en el Senado.

Con el argumento de la “disgregación” del proceso electoral, y el retroceso del kirchnerismo, el grupo de Altamira eludió en forma concreta la lucha política contra el nacionalismo durante todo el período previo a las elecciones, y, en sus consignas, en las elecciones mismas. Cuando abandonó la consigna “Fuera Macri, Asamblea Constituyente”, fue para reemplazarla por “Fuera el FMI”, un mal sustituto para la consigna del PO que fue “Fuera el régimen del FMI” atacando el recambio pejotista por su carácter fondomonetarista. En un recalculando de GPS, caracterizó la polarización electoral (luego del congreso) como una pelea entre “resucitados”.

Mientras sus seguidores planteaban organizar la rebelión popular, aunque ignorando la crítica a quienes trabajaban para bloquear esa rebelión, Altamira atacó todos los esfuerzos reales que realizó el Partido Obrero por superar en la lucha el bloqueo y la contención de la burocracia, tanto a través del Polo Obrero, al que se refirió siempre como si fuera un grupo asistencial, ignorando el rol de primer orden que está jugando en la lucha de clases de nuestro país en toda la etapa política, como a través del Plenario Sindical Combativo, que desestimó como un acuerdo de “tendencias de la izquierda”.

Consignas transicionales y el problema del poder

La defensa de la consigna “Fuera Macri, Constituyente” venía atada a la caracterización de una “crisis de régimen” y la necesidad de defender una alternativa “de poder”. Pero, en los hechos, mientras este debate se llevaba adelante, se desenvolvía la campaña electoral. En nombre de la crisis, se llamaba a no intervenir en esta campaña, no designar candidatos, demorar la intervención del Partido Obrero y los acuerdos del Frente de Izquierda.

Las elecciones vinieron a poner las cosas en su lugar, porque no hay una perspectiva de poder para la izquierda si no desarrollamos a fondo un debate y una delimitación política, no solamente con el macrismo, sino fundamentalmente con el PJ y el nacionalismo, que concentran una expectativa de salida a la crisis para las masas. El XXVI Congreso valoró esta situación y desarrolló las consignas políticas de la etapa teniendo en cuenta esta perspectiva.

El debate sobre el planteo “de poder” llevó a abandonar, en los hechos, el Programa de Transición, reemplazándolo por un razonamiento propagandístico. Porque donde el Programa de Transición plantea vincular los reclamos elementales de las masas a las transformaciones de fondo bajo la dirección de la clase obrera, el grupo de Altamira desarrolló la tesis de las consignas de poder “en estado puro” (la Constituyente), rechazando el valor de las consignas de transición. En este punto, el razonamiento se vinculaba al del grupo del boliviano Guillermo Lora, aunque reemplazando el planteamiento de la dictadura del proletariado por el de la Constituyente.

Rupturismo y después

Estos debates de consignas, métodos y planteos, con toda la importancia política, no constituían el fundamento para una ruptura. La ruptura del Partido Obrero representa un golpe a la izquierda revolucionaria en la Argentina y en el mundo, como se ha expresado en el interés y la preocupación que este proceso ha despertado en compañeros de muchísimos países. Sin embargo, luego del Congreso, Altamira y su grupo organizaron una dirección y un congreso clandestino, con el propósito de conformar una “tendencia pública” que nunca fue más que una mascarada para una ruptura abierta. El rechazo de su grupo de discutir en los términos del armisticio de Atenas, un intento de las organizaciones internacionales vinculadas a la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional de evitar una ruptura, puso de manifiesto la determinación de esta intención rupturista.

El otro elemento que demuestra el rupturismo sin principios son los virajes de consignas de la mano de la evolución de la situación política. Antes de las PASO, Altamira abandonó el planteo de Fuera Macri, que era obviamente un llamado a votar a Fernández. Luego, abandonó la Constituyente, reemplazando la agitación por la de la huelga general. El reemplazo de consigna muestra por otro lado una continuidad del método, porque se esgrime ahora la huelga general con el mismo método ultimatista y por fuera de la lucha política concreta en cada fase, que antes tenía la Constituyente. Por lo tanto, se coloca la consigna como una consigna propagandística. Como antes, está ausente en los planteamientos de la tendencia la lucha política y programática con el peronismo. No es para menos, cuando se caracteriza el triunfo de Alberto Fernández como un avance en la lucha antiimperialista en Latinoamérica.

El valor del XXVI Congreso

El santo y seña del rupturismo posterior al XXVI Congreso fue la denuncia del mismo como “amañado”, como un congreso donde “no se pudo discutir”. La publicación de los textos de un amplio período de tiempo de debate congresal da cuenta de lo contrario: no solo que se discutió ampliamente, sino que un elemento importante en las polémicas fue la defensa del debate colectivo frente a la idea de una personalidad iluminada (hombre – programa) capaz de ponerse por sobre la militancia del Partido.

La publicación busca clarificar también este ataque al Congreso del Partido Obrero, de aquellos que participaron del mismo sin objetar su representatividad, para hacerlo posteriormente en los medios de comunicación. Y muestra, también, que los debates entroncan con los debates estratégicos de la izquierda argentina, sobre cómo desarrollar una perspectiva socialista frente a la bancarrota capitalista, por un lado, y al nacionalismo burgués, por el otro.

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