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27 de mayo de 2020

Hace 20 años despedíamos a Carlos Lahera

Hoy celebramos su vida y su lucha, que es la nuestra.

No se puede separar la historia de un partido de la historia de los militantes “de carne y hueso” que lo formamos, seres humanos que abrazamos una causa vital.

Carlos Lahera, como algunas decenas de compañeros y compañeras que seguimos construyendo el PO y muchos que quedaron en el camino, formamos parte de la generación del Cordobazo. Habíamos despertado a las ideas revolucionarias en la secundaria, en nuestro caso en el Esteban Echeverría de Hurlingham.

En 1968 hubo una gran huelga del neumático con epicentro en Good Year, fábrica lindera a nuestro colegio. Allí llegaron de la capital, militantes de la TERS que tomaron contacto con un grupo de secundarios que habían ido a colaborar con la huelga del Sutna (50 años después el clasismo ha conquistado la conducción del Sutna).

Ya a finales de ese año e inicios del 69 el grupo del Echeverría había tomado forma. El 69 fue un año revolucionario, en el colegio organizamos un bloqueo de la escuela con cajones en las puertas y carteles colocados de noche en el interior luego de entrar por los techos, concretamos varios paros y protestas en consonancia con paros nacionales. No había centro pero todos éramos destacados miembros del Club Colegial.

De esa escuela salimos una decena de militantes que hemos dedicado nuestras vidas a la construcción y extensión nacional del Partido Obrero.

De Carlos a “Norberto” y de la escuela a la fábrica

Después de mitad de año, las persecuciones se fueron agudizando y presumíamos que podían allanar los domicilios, lo que nos obligó a Carlos y a mí a pasar varias noches en una quinta que nos prestaron y a no regresar a nuestras casas. Nos reunimos en una parroquia de la Capital y nuestro responsable nos propuso ponernos un alias para que en una persecución no nos identificaran, Carlos pasó a ser “Norberto” y yo “Melchor”, nombres por los que nos conocieron durante muchos años en el ambiente partidario.

Las ilusiones democráticas que teníamos en esa época eran igual a cero. Nos incorporamos de lleno a Política Obrera y estábamos convencidos de que la rebelión iniciada en el Cordobazo tenía destino de revolución. Como el tema era que las ideas revolucionarias penetren en la clase obrera, el camino era ir a las fábricas, lo que por otro lado nos resultaba bastante natural por provenir de familias trabajadoras. El 70 fue un año de transición en nuestras vidas, al finalizar ese año los dos buscábamos trabajo en fábrica.

A los 18 años cada uno por su lado formó una familia. En enero del 72 nacía Alejandro, primogénito de Carlos, en abril Nora Biaggio daba a luz a Romina Del Plá.

Era el año de la fundación de la UJS en ese gran congreso de 1.200 jóvenes en Arquitectura. Carlos al tiempo se incorporó a una textil: Hilanderías Devoto. Yo ingresé a Fundiciones Santini. Los dos fuimos delegados y participamos activamente de las grandes huelgas del 74 y 75.

La militancia y el golpe del 76 separaron nuestros caminos. Con Nora partimos a Córdoba a reemplazar compañeros que debieron exiliarse, Carlos quedó en Buenos Aires.

La legalidad y la extensión nacional del partido obrero

Carlos vino a pasar las fiestas del 84 a Santa Cruz y se quedó a vivir para siempre. Yo me había instalado a principios del 83 y trabajaba en las obras. Después de muy serias crisis personales que pasamos ambos, Santa Cruz fue la oportunidad de empezar de nuevo, de construir el Partido Obrero en el sur. Carlos se enamoró de Ana, una de las más importantes luchadoras por los derechos humanos, y vivió con ella hasta el final.

Apenas llegado empezó a colaborar con los panaderos que estaban organizando desde el PO el Sindicato de Panaderos de Santa Cruz, trabajó en él más de un año, en una experiencia inédita.

El año 85 nos llevó a conquistar en un frente con el MAS, que encabezó Eduardo Di Pierro la seccional Santa Cruz sur de la Uocra. Esa conducción clasista duró año y medio hasta que fue intervenida por la Uocra central y derivó en una larga batalla por el edificio, que defendimos junto al viejo Omar Amerio durante muchos meses. Carlos fue un activo colaborador en esta lucha.

Tiempo después Carlos me presentó en un trabajo, donde vendíamos planes de ahorro, empleo que me permitió estudiar el profesorado y a la vez atender el trabajo político en la cuenca de Río Turbio que era la zona que me asignaron para vender. Años más tarde Carlos asumiría la responsabilidad de desarrollar el partido en esa zona logrando formar verdaderos círculos partidarios entre los mineros y docentes. En el 87 Carlos había ingresado en la Municipalidad de Río Gallegos donde se destacó como delegado de comercio en la huelga del 88 contra el intendente Néstor Kirchner. Durante sus años en la municipalidad logró organizar una agrupación clasista que disputó varias veces la conducción del gremio. En esa experiencia incorporó a Virginia Sutherland, una valiosa compañera que hoy está construyendo el partido en San Juan.

El FUT y las conquistas parlamentarias

Carlos fue uno de los artífices de las campañas políticas que llevaron al FUT (Frente de Unidad Trabajadora) a conquistar dos bancas de constituyentes en 1994, que fueron las primeras de la historia del Partido Obrero en todo el país, y sirvieron para luchar contra los planes reeleccionistas y para desenmascarar los pactos entre peronistas y radicales también en Santa Cruz. Luego en 1998 en la segunda reforma (por la reelección indefinida) Carlos encabezó la lista de convencionales, elección que nos birló el Tribunal Electoral por faltarnos 100 votos para el piso del 3 % del padrón (de un padrón que además estaba inflado por una inmensa cantidad de personas fallecidas).

En el ínterin entre ambas constituyentes, habíamos logrado en un amplio frente del activismo ganar la conducción Provincial y de las principales filiales de la Adosac (sindicato docente) a la lista celeste que luego se desintegró en la provincia hasta nuestros días. Ricardo Mercado, Ada Vivanco, Omar Latini y muches otres formaron parte de esa conquista. Carlos por supuesto fue parte vital de todo este proceso. La recuperación de la Adosac, con destacada participación de militantes del Partido Obrero (FUT), junto a las conquistas parlamentarias llevó a Kirchner a bloquear nuestro acceso a los medios que hasta entonces había sido bastante amplio.

Las elecciones de 1999, con el triunfo de la Alianza y la re-reelección de Néstor en Santa Cruz, plantearon nuevos problemas políticos. Carlos había sido clave en la extensión del Partido Obrero a muchas localidades, incluso hasta Los Antiguos.

El XI Congreso y la despedida

En esa tarea nos encontró el XI Congreso del Partido Obrero, al que concurrió una importante delegación de Santa Cruz, entre la que se encontraba Carlos. Era un congreso optimista, Altamira acababa de ingresar como legislador porteño y había algunas delegaciones extranjeras entre las que recuerdo a un pintoresco ruso, con un traje que llamaba la atención. Todos percibíamos la profundidad de la crisis y empezaba a alumbrar el movimiento piquetero. El Argentinazo del 2001 estaba a la vuelta de la esquina.

La tarde del sábado 27 de mayo Carlos expuso ante el Congreso. Esa noche despedíamos a una compañera de Caleta que debía viajar la mañana siguiente. A la salida de la pizzería nos despedimos, horas después nos avisaban que Carlos había fallecido de un ataque al corazón.

El Congreso reunido al día siguiente le rindió homenaje y al finalizar la sesión se realizó un acto en el local central en presencia de sus restos. Para los compañeros de Río Gallegos el golpe fue muy duro, se abría un vacío inmenso con su partida, que luego vinieron a llenar nuevas generaciones de militantes, al calor de las rebeliones de 2007, 2011 y las posteriores de 2016 y 2017.

En la Prensa Obrera unos días después otro querido compañero de la misma generación, Pablo Rieznik escribía exaltando su papel en el período que nos tocó vivir y sus cualidades no solo militantes sino también humanas. La noticia conmocionó el ambiente político de Río Gallegos. En las marchas por el asesinato de Cabezas los fotógrafos recordaban la ausencia de Carlos.

Con esos ojazos azules aniñados como de quien siempre espera sorprenderse, con sus manos temblorosas Carlos era una buena persona en el sentido más amplio de la palabra y era capaz de debates duros y denuncias implacables como la que le costó una querella judicial de un alto jefe policial por denunciar torturas en la escuela de policía, de la que de todos modos salió airoso.

En este 2020, el PO late en cada rincón de Santa Cruz, en las escuelas y Universidades, en las minas y los campos petroleros, en el Polo Obrero y el movimiento de mujeres, en oficinas, corralones y hospitales… Hace 100 años el Gallego Soto era elegido para encabezar la Sociedad Obrera de Río Gallegos y desde el fin del mundo seguimos luchando por alumbrar una nueva era…

Hoy a 20 años Carlos, abrazamos a tus seres queridos y celebramos tu vida, tu entrega, las convicciones firmes, el empeño en la organización, en fin celebramos en tu memoria a todos los militantes revolucionarios.

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