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28 de febrero de 2008 | #1027

La 'solución' de Cristina y Macri

Para los cartoneros, los maestros y las paritarias

De repente, se supo la verdad. A la "Argentina exitosa" que suele recitar la presidenta se le cayó la careta.

La brutal represión a los cartoneros de Belgrano sacó a la luz lo que ocultaban.

En la Argentina de los Kirchner y los Macri, siete mil familias trabajadoras siguen ingresando a la Capital, todos los días, para hurgar en las bolsas de basura.

Ponen en peligro su salud, sus vidas, el futuro de sus hijos.

Pero si no lo hicieran, estarían condenadas a una miseria aún más atroz.

Los voceros oficiales los llaman "excluidos del sistema".

Los Macri se quejan: "¿por qué no van a trabajar, si hay tantas actividades que están demandando mano de obra?"

La razón es sencilla: en el país del "modelo productivo", con unos cuantos kilos de cartón y de plástico se reúne más dinero que el que aporta un salario mínimo. O un básico de los que se gana en un "call center", un supermercado o un taller textil.

¿"Excluidos"? La permanencia del cartonero retrata la miseria social que envuelve a los "incluidos", o sea, a los trabajadores ocupados.

La lista de responsables por la "Argentina cartonera" es, por eso, más extensa.

Incluye a los Moyano, que firmaron un aumento real del 7% para todo el año cuando la inflación prevista no bajará, en ningún caso, del 20%.

También están los Yasky, que pactaron un salario "conformado" que deja a los maestros muy cerca del ingreso cartonero.

Mientras tanto, el valor de la canasta familiar crece al compás de los alimentos que se venden al mundo, y que llenan los bolsillos de la patronal exportadora.

Los controles de precios del impotente Moreno terminan siempre en lo mismo: en la falta de leche, aceites o naftas. Y luego, en los aumentos que exigen los pulpos agrarios e industriales.

Después del fracaso en contener la carestía, el gobierno optó por disfrazarla: por eso, han agravado la falsificación de los índices de precios, y la persecución a los trabajadores del Indec.

Pero ninguna careta o disfraz dura demasiado tiempo.

El pueblo que trabaja está haciendo oír su voz.

Así ocurrió con la juventud trabajadora del Casino, en su histórica huelga de cien días.

Así actuaron también los obreros petroleros de la Patagonia, en lucha contra el mismo patrón Cristóbal López.

También los compañeros del la textil Mafissa, que ocuparon la planta contra los despidos y el lock-out patronal.

Es, también, la extraordinaria reacción de los asambleístas de Belgrano, que enfrentaron a la represión policial en defensa de los cartoneros.

Todos ellos levantaron con fuerza el mandato que Moyano y Yasky entregaron sin luchar.

Sigamos a Mafissa, al Casino, a los petroleros del Sur: asambleas en los talleres, en los colegios, en hospitales y reparticiones: por un salario que cubra el costo de la canasta familiar, hoy, en los 3.000 pesos.

Por la vigencia del convenio superior en cada industria, para terminar con las tercerizaciones; por la efectivización y el pase a planta, para terminar con el trabajo en negro.

Elijamos a nuestros paritarios.

La Argentina de Kirchner, Macri, Lavagna o Carrió ya ha mostrado lo que le depara al pueblo trabajador.

Construyamos una alternativa propia de los trabajadores.

Para que el trabajo deje de ser un "cartoneo". Y el cartonero sea un trabajador del medio ambiente, con salario, jubilación y obra social.

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No cars.

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