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28 de febrero de 2008 | #1027

La lucha del Casino | No podrán con la conciencia de clase que generó esta huelga

Cuando llevaba 108 días, tras dos meses de acampe en Plaza de Mayo, ocho veces reprimida, más allá del límite de sus fuerzas, una asamblea resolvió levantar la huelga del Casino Flotante sin poder reincorporar los despedidos, con los delegados en la calle y diezmada por más de doscientos arreglos o despidos encubiertos.

Aun en esas condiciones, la huelga se levantó en asamblea de la misma manera que empezó, en el marco de un conjunto de resoluciones para defender los derechos legales de los despedidos y delegados, y planteando una clara tarea de reorganización futura del Casino y de todos los trabajadores del juego.

Toda gran huelga obrera termina chocando con el Estado capitalista; ésta empezó por ahí, al desnudar ante millones de personas los lazos de Kirchner con el empresario Cristóbal López. Toda huelga tan extendida pone en práctica distintos métodos de lucha; ésta los practicó a todos, incluyendo el desafío de ocuparle la plaza a una Presidenta recién asumida y de acamparle al Macri del "orden" en las narices de la Casa de Gobierno.

La huelga del Casino ha resonado en todas las latitudes obreras del país. Con su impulso, treinta valientes obreras petroleras de la Patagonia, también represaliadas de Cristóbal López en la empresa Oil, coparon una asamblea general petrolera y la ganaron en su defensa. Cómo desprenderla de la huelga de la 60 o de la ocupación de Mafissa.

Convocando dos grandes plenarios obreros, la huelga se hizo carne de toda una nueva generación de activistas obreros y su lucha resultará definitivamente imborrable adentro y afuera del Casino, sus trescientos despedidos llevarán la enorme experiencia a otros lugares del movimiento obrero.

Jamás pudo calcular Cristóbal López las decenas de millones de dólares que le costaría esta huelga y de hecho no la pudo ganar con las armas normales de la patronal, que son enormes. Necesitó del concurso de todo el régimen kirchnerista para sostener el golpe y no resultó menor el costo para los "nacionales y populares" de haber tenido que usar a la Prefectura de Febres contra la clase obrera. El Somu, que inició con su patota la provocación, tuvo que postergar para mejor oportunidad el zarpazo sobre el botín de afiliados y aliarse con sus rivales de Aleara.

La huelga puso en su lugar a los Moyano y Cía ante millones de trabajadores como lo que son: una burocracia incompatible con la juventud obrera. A su turno desnudó a los "mediadores" como Recalde y a las corrientes políticas que depositaron en ellos un gramo de confianza.

La derrota física de la huelga no empaña ni un milímetro su enorme alcance político de cara a la vanguardia obrera, como ocurrió con las derrotas que precedieron al Cordobazo en el 68/69, con Villa Constitución del '75 antes de la huelga general o con las ocupaciones de Ford o Atlántida, preparando grandes luchas futuras, poniendo a prueba una nueva vanguardia obrera.

Su Cuerpo de Delegados, elegido para luchar -y ganar- un nuevo convenio, para terminar con los despidos -algo que consiguió- , se vio puesto a prueba en una tarea enorme, extrema, que lo transforma en una referencia ineludible para todos los compañeros del gremio del juego y del conjunto del movimiento obrero.

Cierta sobrevida de las últimas semanas de la huelga tras el espejismo de una "mesa de negociación" que no fue tal (así lo dijimos desde estas páginas y así lo sostuvimos ante los huelguistas), extendió innecesariamente el final permitiendo operar a la patronal con más arreglos, pero quién puede reprocharle a un solo activista de esta huelga heroica lo que dejaron luchando contra la patronal, el régimen kirchnerista y la burocracia sindical.

Cristina Kirchner y Cristóbal López pudieron con el dinero, con Servini, la Prefectura y la Federal, pero no podrán con la conciencia de clase que generó esta huelga.

Néstor Pitrola

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