06/03/2008 | 1028

CRISTINA, MOYANO Y URIBE

En su afán de ofrecer discursos ‘doctrinarios’, la Presidenta revela una hilacha mucho más reaccionaria que la de su marido; en realidad, marca la evolución del régimen hacia la derecha.

Su improvisación ante el Congreso no tuvo desperdicio: atacó, de nuevo, a los maestros; denunció a la Corte por haber acordado la movilidad de las jubilaciones; exigió, a lo Blumberg, mano dura con la delincuencia, que, como todo el mundo sabe, es encubierta, prohijada y manipulada por sus propios aparatos policiales.

Quiere que los niños tengan 180 días de clase, pero no se dio cuenta de que, desde 2002, la deserción escolar crece en la primaria y que lo mismo ocurre con el número de becas que se otorgan.

¿No sería mejor que la señora se ocupara de esto?

Un ministro de su cuño, en Mendoza, llamó a disparar contra ocupantes de vivienda – quizá porque es más barato que construirlas y resolver un enorme problema del pueblo.

Tal vez porque estaba pensando en Blumberg, la inquilina de la Rosada no recordó en su discurso a Jorge Julio López, ni tampoco explicó por qué el torturador Ricardo Cavallo, encerrado en España, está desesperado para que lo juzguen en Argentina.

Cavallo espera que la extradición que tramita la Presidenta le depare un futuro parecido a los ochocientos criminales que siguen sin ser juzgados ni condenados en el país.

Pero mientras la Presidenta se anotaba contra jubilados y maestros, su secretario Moreno confeccionaba un índice de costo de vida que describe el futuro que el matrimonio oficial le depara a nuestro pueblo.

Ese índice no registrará los gastos de salud, salvo los asistenciales; tampoco los de educación, salvo los elementales; menos los vacacionales, salvo los que concedan los burócratas sindicales; ni tampoco los de la vivienda, salvo los que se incurran en una villa de emergencia.

Con salud, educación, recreación y vivienda cero, el índice Moreno promediará el costo de las necesidades básicas de una familia argentina.

¿No es simplemente maravilloso este ensueño nacional y popular?

Es que a la Presidenta le importa, antes que nada, el superávit fiscal, no solamente para pagar la deuda externa, sino los trenes bala y los contratos de obras públicas que forman la ‘caja’ oficial.

Por ejemplo, el Estado deberá emitir 4.000 millones de dólares en bonos para garantizar el financiamiento del tren bala que otorgará el ultrajado banco Société Génerale.

Un régimen como el que describe la Presidenta requiere, piensa ella misma, mano dura con los que disienten.

Por eso fue a verlo a Moyano, a pesar de que en otro discurso, el de su investidura, había prometido "no meterse en internas sindicales".

Es que Moyano, espera ella, puede movilizar a las patotas que, en palabras de Clarín (5/3), mantengan "a los díscolos, a los anárquicos y a los ultraizquierdistas en la banquina".

La subespecie referida son los trabajadores de la Línea 60, los del Casino, los del Subte, los del Hospital Francés, los petroleros y docentes de Santa Cruz.

Moyano, por su lado, está pensando en sus propios negocios con el Estado, como el Belgrano Cargas o los subsidios al transporte.

¿Pero puede un pacto de intereses hacer frente al descontento que producen la inflación, las inundaciones, la falta de energía, la crisis de vivienda?

Es con esta política anti-obrera que Cristina lleva esta semana sus improvisaciones al exterior, pero no para condenar a Bush y a Uribe por sus intentos de hacer abortar el intercambio humanitario y la paz en Colombia, y por preparar la desestabilización de Venezuela, sino para lograr que Chávez y Correa se avengan a un compromiso de ‘paz’ (¿?) con los criminales.

Como prueba de su ‘equidistancia’ la Presidenta viajará a Haití a reafirmar el compromiso de la fuerza militar de ocupación en ese país al servicio del imperialismo yanqui.

Vestida de traje, como una jueza, o con look informal, como le aconseja un modisto profesional, la Presidenta representa a la burguesía nacional aliada a Repsol, al Société Génerale, al Banco Mundial, a Wall Street (donde tocó la campanita).

Como también improvisó ante Moyano, reclama la colaboración de los obreros con el capital, o sea de la gallina con los zorros.

El resultado es una política contra los docentes y los jubilados, salarios reglamentados, flexibilidad laboral, la regimentación de los sindicatos por medio de la burocracia, la mano dura.

En esta hora de crisis del capital a nivel mundial, de crisis política internacional en América Latina y de amenazas imperialistas, de lucha por el salario y las libertades sindicales en Argentina, los luchadores deben empeñarse en estructurar una alternativa política propia de la clase obrera.

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