07/07/2020

El hombre de organización del Partido Obrero: Cachito

Muy emotiva la nota recordatoria que escribieron los compañeros de la regional del Partido Obrero de la Zona Norte el sábado pasado en Prensa Obrera, ante el fallecimiento de José Luis Velárdez, «Cachito». Lo conocieron allí y lo respetan por su entrega e inteligencia militante. Pero apenas intuyen la historia de rebeldía de Cachito.

Se incorporó al Partido (entonces Política Obrera) probablemente en el año 1972. Fue activo constructor de la agrupación clasista Tribuna Textil. Despedido de la fábrica textil San Andrés, situada en San Martín, por parar su máquina y salir en defensa de una compañera injustamente sancionada.

No podía soportar la injusticia. Ya en la secundaria, sin estar incorporado a ninguna organización, desarrolló un movimiento de protesta en defensa de un compañero discapacitado al que se le hacía bulling. Fue echado del colegio y tuvo que terminar la secundaria en una escuela nocturna, luego de su jornada de trabajo.

Su hora más gloriosa en la historia partidaria fue cuando entro a militar al local central del Partido Obrero de la calle Ayacucho en Capital. Fue escogido para ese puesto de importancia en el «aparato» del partido por su integridad de obrero, su disciplina, conciencia y sacrificio. Esto fue probablemente en el año 1986, luego del 4° Congreso Nacional del PO que tuvo que rearmar, luego de una crisis partidaria, su organización.

Desde entonces, y durante una década y media, Cachito fue la cara ejecutiva de la Organización del Partido. En torno a él giraba toda la parte organizativa de la vida partidaria: la impresión, la distribución regional y nacional de la Prensa Obrera, garantizaba la salida de la agitación partidaria, el armado organizativo de las marchas y movilizaciones en que intervenía el Partido, la realización de los campamentos de formación política, el cobro de finanzas, entre tantas otras tareas.

Era el hombre-organización. Y siempre en un marco de camaradería con todos los compañeros. Se convirtió en una leyenda viviente del aparato del Partido. Después del Argentinazo en el 2001, la gran presión que vivió, trabajando sin horarios ni escatimando esfuerzos, lo obligó a alejarse por un período. Apareció tiempo más tarde en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, donde se reincorporó como militante de base y se ganó rápidamente su lugar en la secretaría de organización y en el respeto de todos los compañeros.

Su vida fue dedicada a la lucha por poner en pie al PO. Cuando estaba al frente de la organización en Ayacucho sumaba a sus hijos, que lo acompañaron en diversos momentos en la tensión de una creciente actividad militante. Para ellos, Rodrigo, Gaby y Ale, para su compañera Silvia, nuestro saludo camaraderil. Cuando se escriba una historia del PO, obreros como Cachito figurarán como los verdaderos constructores del Partido.

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