07/06/2019

El Partido Obrero demuestra su fibra revolucionaria

Texto sobre las detenciones de la dirección del PO durante el gobierno de Alfonsín

Los sucesos de las detenciones de la dirección del Partido Obrero en el gobierno de Alfonsín


En la Casa Rosada


En el dispositivo que la dirección del partido organizó para la lucha contra el intento de ilegalización del PO en el final del gobierno alfonsinista me tocó, en la fría mañana del 1º de junio de 1989, integrar el grupo que fue a la casa de gobierno. Recuerdo que tomamos dos taxis en Corrientes y Ayacucho dejando atrás al nutrido grupo de militantes que se agolpaban en las puertas del local central en el que estaban Cata Guagnini, Pablo Rieznik y Gregorio Flores.


En el primer taxi subimos Cristian Rath, Jorge Altamira, Diego Dieguez y yo, en el segundo Juan Carlos Capurro, y dos abogados, uno de la Liga por los Derechos del Hombre y otro de Familiares. Cuando llegamos a la Casa Rosada se decidió que éramos muchos para ingresar a la oficina del Ministro del Interior y Diego Dieguez y yo nos quedamos afuera y no entregamos los documentos que era el  requisito para pasar.  Transcurrido un tiempo que estimo en 30 minutos los compañeros salen y nos trasmiten que van a la oficina de prensa de Presidencia de la Nación porque los quieren detener y van a dar la noticia a los periodistas  presentes. Una vez ingresados un comisario se acerca a Rath, Altamira y Capùrro y les comunica que están detenidos. Frente a esta situación Capurro le reclama que le muestre la orden judicial, y agrega: “en este país mucha gente fue detenida y desaparecida sin que mediara orden judicial”. La respuesta del comisario fue sacar la pistola que llevaba y encañonó a los compañeros. Ante esta amenaza Capurro coloca un dedo sobre el caño del arma y le reclama que la baje. Acto seguido el comisario ordena a personal policial que los desaloje por la fuerza siendo sacados cada uno por dos policías  de la Rosada cuya foto dio la vuelta al mundo.  Diego Dieguez y yo no fuimos detenidos porque no entregamos los documentos y no ingresamos en la oficina del Ministro. En esas circunstancias Diego Dieguez me dice que el va a concurrir a una reunión que se hacía en Familiares con organismos de derechos humanos y partidos políticos y que yo vaya a la plaza donde se desarrollaba la rueda de las Madres.  Fui a la Plaza y le reclamé a Hebe de Bonafini que me permitiera denunciar las detenciones que acababan de ocurrir. No me lo permitió señalando que Madres iba asistir a la reunión de Familiares y que ya se sabía de las detenciones.


En los tribunales de Morón


En pleno estado de sitio los compañeros del Partido Obrero fuimos colocándonos en las esquinas que había a ambos lados del edificio de los tribunales. Los custodios eran un grupo de élite que no tenía identificación en sus uniformes, lo que indicaba que podían actuar sin límites legales. Esa amenaza no amilano a los militantes del partido que comenzaron a tocar el bombo y a cantar por la libertad de los compañeros.  Con el paso del tiempo los rostros de los agentes fueron perdiendo la agresividad con que nos habían recibido y se instalaba con más naturalidad el reclamo. Mientras permanecíamos en las esquinas los abogados entraban y salían comentando a la militancia las declaraciones de los compañeros. Todas llenas de espíritu revolucionario. En un momento los abogados reclamaron comida para los presos y el juez concedió que se ingresen alimentos. Fue entonces que Diego Dieguez se puso un saco del mozo de la pizzería e ingreso con las pizzas pudiendo traer noticias frescas de los detenidos.


 El juez en un momento de la declaración de Altamira –luego de muchas horas del proceso judicial-  le refiere con aire triunfante que se habían acallado los bombos, pero no pasó casi tiempo para que los bombos y los cantos por la libertad volvieron a resonar dando por tierra con la jactancia reaccionaria de Larrambebere y demostrando la inquebrantable voluntad de lucha de los militantes del partido.



Lamentablemente, la izquierda estuvo ausente en la movilización. Zamora hizo un paso furtivo para hacer una declaración a la prensa y Hebe de Bonafini otro tanto. Solo Nora Cortiñas estuvo todo el tiempo con los militantes del partido hasta que terminó la actividad habiendo cesado las declaraciones y consumado el traslado de los presos.


La actividad en el Parlamento


Al día siguiente los compañeros seguían presos y junto con Pablo Heller tuvimos la tarea de reclamar a los bloques parlamentarios un pronunciamiento por la libertad de los compañeros y el rechazo a un juicio que violaba las más elementales  normas democráticas. Pablo se dedicó al bloque radical que rechazaron la posibilidad de sacar cualquier pronunciamiento llevando a nuestro compañero hasta la irritación. Me tocó ver a los peronistas. Me entrevisté con De la Sota que no quiso hacer ningún pronunciamiento manifestando que había que esperar a lo que dictaminara el juez de la causa. Lo mismo contestó el diputado Digón casí a favor de la detención de los compañeros del partido. Pero lo más bochornoso fue la actitud del Partido Intransigente. Fuimos junto con Pablo al local central del PI y asistimos a una reunión de la dirección que iba a tratar el tema. Se sentían nos reprocharon que no habíamos querido, en su momento, firmar un documento multitudinario “en defensa de la democracia” que justificaba de hecho la masacre La Tablada. Pablo Heller los trato con justicia de miserables. Solo el diputado Aramburu del PI a título personal se animó a pedir un informe sobre las detenciones. Los supuestos demócratas habían mostrado la hilacha. Luego vino la liberación de los compañeros y el festejo en el fondo del local de Ayacucho. El Partido Obrero había pasado la prueba derrotando la maniobra de la burguesía.


6 de junio de 2019


 

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