14/07/2011 | 1185

Elsa: 261 días después

Cuando este número de Prensa Obrera esté en la calle, habrán pasado 268 días de lucha por la recuperación de Elsa Rodríguez.

Desde los primeros segundos del intento de asesinato de nuestra compañera, por parte de la patota de Pedraza, comenzamos la pelea por su recuperación.

Entendimos que su recuperación (en el más amplio de los sentidos) formaba parte de la lucha por el juicio y castigo a sus agresores y los de Mariano, por lo que nos empeñamos junto a su familia en apoyar los esfuerzos de médicos y enfermeras para luchar contra la muerte a la que la condenaron los asesinos.

Comisiones internas, sindicatos, delegados y gente del pueblo en general rápidamente se acercaron a dar su aporte solidario para ayuda a Elsa y su familia. Fueron más de 500 compañeros del PO los que hicimos el aguante, día y noche, a lo largo de los 86 días que estuvo internada en el hospital Argerich.

Pancartas y pasacalles rodearon el hospital con mensajes de sus compañeros, que le pedían lo que demostró tener: «Fuerza Elsa».

Pasaron los días y un día compartimos con su familia y sus compañeros la primera buena noticia: no dejamos que triunfe la impunidad, ya que metimos presa a la patota de la burocracia sindical de la Unión Ferroviaria. Elsa todavía no lo podía saber y siguió peleando.

Pasamos por la etapa más difícil de su internación, que fue el período en estado de coma en el Argerich. Fuimos muchos de sus compañeros del Polo y del Partido Obrero los que acompañamos la fiereza con que sus hijas defendieron su vida contra toda desesperanza.

En esos días, miles y miles salían a las plazas del país por el juicio y castigo a los asesinos de Mariano y ni uno se olvidó de mandarle su aliento a Elsa.

Al cumplirse un mes del crimen de Mariano, una movilización del Polo y el Partido Obrero partió desde el lugar del ataque de la patota, donde hicimos una vigilia desde el día anterior, para luego de una larga marcha llegar hasta el Argerich a llevarle el afecto y la fuerza de sus compañeros.

Su vida y su lucha, como la de tantas otras compañeras y compañeros del Polo, salió a la luz pública y empezó a conmover hasta a los periodistas de los medios masivos.

Sus hijas contaron cómo se organizó para pelear por ellas, por el pan diario, rechazando las prebendas de los punteros que asolan los barrios y comenzó el trabajoso y necesario camino de la formación política de los explotados y oprimidos, su propia formación que desarrolló en el Polo y en el Partido, en el Plenario de Trabajadoras, junto a los tercerizados y las capas más explotadas de los trabajadores, a los que comprendió y apoyó desde el principio.

Esta historia impresionante traspasó la censura habitual que sufrimos los que luchamos por el socialismo y llegó a miles y miles de personas, lo que se tradujo en una inmensa solidaridad que le iba dando más fuerza a su recuperación.

Y Elsa salió del coma y nos abrazamos a ella, y ella nos abrazó.

Llegó el día en que salió del Argerich y comenzó su rehabilitación ambulatoria en un instituto público de la Capital.

Peleando como lo hizo siempre, un día en su casita del barrio Bustillo, en Berazategui, nos mostró -al que escribe y otros compañeros- que se podía poner de pie y no era un día cualquiera: fue el día que metimos preso a los asesinos Pedraza y Fernández. Allí está, en Prensa Obrera, la foto de ese día: Elsa con una de sus nietas levantando un afiche que dice «CARCEL YA A PEDRAZA», en el mismo momento en que los burócratas asesinos salían esposados de sus lujosos domicilios.

Su rehabilitación sigue hoy en el hospital Jorge, de Almirante Brown, al que concurre tres veces por semana. Se recupera lentamente y aún tiene una dura lucha por delante.

Durante todo este tiempo se hicieron colectas y festivales que nos van a permitir terminar de construir su casa, adaptada para su rehabilitación.

La Secretaría de Vivienda de la provincia de Buenos Aires viene incumpliendo la entrega de los materiales comprometidos para su terminación, vamos a hacer todos los esfuerzos por la vía que sea para que nos den lo que le corresponde, no tenemos dudas de que lo lograremos.

El 27 de junio, Elsa escribió su nombre en un cuaderno, el día anterior se cumplieron nueve años de la masacre del Puente Pueyrredón. Al acto concurrió, como lo hacia todos los años ella, su hija Vanesa con una de sus nietas. Seguramente es otro símbolo de la continuidad la lucha contra la represión y la impunidad.

Los que buscamos su recuperación desde el primer segundo, los que luchamos junto a ella contra la explotación capitalista y por cada una de las reivindicaciones de los trabajadores, sus compañeros del Polo y del Partido Obrero y todos los que ayudaron en su recuperación, peleamos hoy junto a su familia para que el día que juzguen a los asesinos de Mariano y sus agresores la veamos entrar victoriosa, caminando, a los Tribunales.

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