Partido

27/3/2017

Francisco Obregón

El recuerdo de Juan Ferro.


Lo conocí a principios del 1972. En esa fecha me incorporé al Partido Obrero y con él participé de mi primera reunión de círculo.


 


Francisco era en ese entonces delegado de la comisión interna de la fábrica metalúrgica Roura Lametal. Cuando me integré al equipo me enteré de que éramos todos metalúrgicos de esa fábrica, de Yelmo y de Siam.


 


Recuerdo esa primera reunión donde lo conocí porque después de que discutimos la situación política y de las fabricas donde militábamos, pidió que se incluyera un punto internacional, pues él estaba estudiando la revolución española y quería saber las diferencias entre Andrés Nin y Trotsky .Una inquietud que lo pintaba de cuerpo entero.


 


Los casi tres años que milité con Obregón fueron de una increíble experiencia, política y sindical; integramos juntos la Coordinadora Metalúrgica de la Matanza, participamos de decenas de plenarios, vimos juntos el ascenso de la JTP en las fábricas y su caída estrepitosa a manos del Comando de Organización y la Juventud Sindical peronista. Eran tiempos de enormes debates políticos y siempre encontramos en Francisco una referencia para la participación en ellos y en las asambleas de nuestras fábricas.


 


Fue con Francisco que discutí mi primera intervención en una asamblea general en un gran conflicto de Yelmo. A mí me temblaban las piernas porque en la misma participaba nada menos que Abdala Baluch, que era secretario general de la UOM Matanza y había sido secretario general de la CGT. Francisco me dijo “es un burócrata más, hablá como lo hacés en el equipo”.


 


Nos reuníamos en su casa, que en aquellos tiempos era una casilla prefabricada en Merlo, en medio de un descampado. Me quedó grabada su pasión por el chamamé. Nos reuníamos los sábados de mañana y ya antes de llegar escuchaba esa música que lo apasionaba. Tenía como su tesoro decenas de aquellos ´long play´.


 


Después la militancia nos llevó por otros caminos pero con él aprendí algo muy importante: aprendí a escuchar.


 


Murió como vivió. Fue, hasta el final, un revolucionario.


 


 Hasta siempre, Pancho.