12/08/2010 | 1141

Homenaje a Ricardo Jelicié

Cuando lo conocí era yo un joven. Vino a casa de mi madre con su pequeño hijo Emiliano, que jugaba con un autito mientras él me proponía ser el baterista de su banda de heavy metal “Abadón”. De puro ignorante, no me daba cuenta de que estaba sentado frente a un pedazo de rock nacional. Ese muchacho de largos pelos y espesa barba había formado parte de “Engranaje” y “Sacramento” junto a Bocón Frascino, Tito Milanesa, Ciro Fogliatta y Alfredo Toth, entre otros, y había grabado los coros del mítico “30 Minutos de Vida” de Moris. No acepté la propuesta, pero nos quedamos charlando largo rato acerca del deseo que compartíamos de tocar otros estilos musicales más ligados al jazz y al funk.

Me lo volví a cruzar en el escenario de JazzBar, en Ramos Mejía, como bajista y coreuta de Lover Jazz, junto a Angélica y Gustavo Villegas y Tony Cavalaro. Cada uno por su lado, estábamos cumpliendo el deseo de tocar nuevas músicas.

Más tarde, formó parte de “Baranda”, junto a Javier y Willy González, Pablo Ansolabehere, Jorge Araujo, María Teresa Ugarte, Carlos Riganti y Gustavo Cavana. También junto a Javier y Pablo, más Sebastián Cugliari, Guillermo Esborraz y Miguel Cuchietti formó “Angel Funk” como cantante y letrista.

Me incorporé al Partido Obrero a fines de 1989 y en 1990 participé de reuniones de Prensa Obrera en casa de Javier González y Patricia Barone. Allí volví a encontrarlo junto a su compañera, Teresa. Poco tiempo después, ambos militaban en el círculo docente de La Matanza y yo en la UJS, junto a sus hijos menores Miranda y Matías.

Ricardo Jelicié, como militante, era todo un artista. Junto a él, toda actividad era divertida. Su histrionismo llegaba a la gente y no había quien se resistiera a sus argumentos para vender la prensa o firmar una adhesión o afiliación. Y si a alguien se le ocurría negarse, siempre tenía un comentario simpático para que el ánimo no decaiga. Pero sin duda encontró su lugar en el partido cuando se hizo cargo de la relación con los medios zonales de comunicación. A pura pata y pulmón, armó una vasta red de radios y periódicos locales a los que les repartía puntualmente la prensa, comunicados y listas de candidatos. Fueron muy sonadas las recorridas de medios armadas por él para nuestros candidatos nacionales (Altamira, Rath, Pitrola, Rapanelli) y zonales (Sosto, Romina Del Plá y quien escribe, entre otros). En todos, fuimos recibidos cordialmente gracias a la relación que él supo cultivar, incluso con aquellos que se identificaban con partidos adversos al nuestro.

También se convirtió en un gran suscriptor de la prensa. Juntos metimos un par de goles que hasta ese momento nos parecían imposibles, como suscribir al secretario de prensa de la UOM Matanza, o a la Oficina de Prensa del Concejo Deliberante. Pero si algo lo entusiasmaba, eran las actividades que se combinaban con su papel de cantor, como cuando tocamos en el corte de la Panamericana de los compañeros de Editorial Atlántida, junto a Oscar Ríos (La Buenos Aires) y Julio Figueroa (Mr. Hyde).

En 1991, junto a Gustavo Infantino, fundamos “La Bolsa”, una agrupación blusera en la que Ricardo llegó al máximo desarrollo como cantante. Aún hoy sorprenden las grabaciones de su voz, la que por su color y afinación definidamente bluseras le otorgó el apodo de “El Negro”. Pero lo que lo convertía en un grande era su humildad. Ricardo nunca se la creyó. Recuerdo que al final de un show, una pareja norteamericana se acercó a felicitarlo por su desempeño. Ricardo, con ayuda de Gustavo, les explicó que cantaba por fonética ya que no hablaba ni una palabra de inglés. Unas semanas después, se inscribía en los cursos de la UBA para superar esa limitación. Sin duda, esa misma humildad haría que él no estuviera de acuerdo con el concierto homenaje que le rendiremos el próximo sábado, pero también terminaría aflojando al saber que quienes lo organizan son sus propios hijos, de los que siempre estuvo muy orgulloso.

Para aquellos que deseen participar, la cita es a las 20:30 horas en “El Sótano”, Perón 1372, Capital, en los subsuelos de Unione e Benevolenza. Muchos de los músicos que compartimos con él estaremos allí celebrando haber sido sus colegas, compañeros y amigos.

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