18/09/2015

Pablo Rieznik, y su “vida propia”


¡Oh, Señor!, da a cada uno su muerte propia.


Una muerte que derive de su vida,


en la cual hubo amor, comprensión, y desinterés.


Pues sólo somos la corteza y la hoja.


Y la gran muerte que cada uno lleva en sí


es el fruto en torno al cual todo gravita.


Rainer María Rilke, El libro de las horas, 1906


 


En varias ocasiones Pablo hizo referencias a un poema de Rilke, que lo había impresionado en su juventud, referido a la “muerte propia”. Siendo un tema frecuente en la obra del poeta, puede ser el que encabeza esta nota, o puede ser algún otro. Para Rilke, cada uno lleva la muerte dentro de sí, como el fruto a la semilla. La idea de morir una muerte propia es inseparable a la de vivir una vida propia, elegida.


 


Y eso hizo Pablo. No sobrevivir, sino vivir.


 


Y si alguien dejó una semilla con su vida, ese fue Pablo Rieznik, un gran revolucionario, un luchador, y un ser humano excepcional. Sus obras seguirán formando cuadros políticos, su ejemplo está vivo en tantos compañeros que militaron junto a él o que fueron formados por él.


 


Al amigo que se fue, lo recordaremos siempre por su inteligencia, su honestidad, su franqueza, y también por su sentido del humor.


 


Envío un abrazo a María, a sus hijos y familiares, y a todo el Partido Obrero, porque hoy despedimos a uno de nuestros mejores compañeros. Orgullosos de la vida que eligió y vivió.


 


Rafael Fernández, del Partido de los Trabajadores de Uruguay


 

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