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19 de mayo de 2005 | #900

Compañero Altamira, se equivoca

Leo atentamente Prensa Obrera todas las semanas. La recibo de manos de un compañero estudiante (Ismael) en la sede CBC Drago, en la que doy clases. Sus editoriales me parecen imprescindibles, aun en el disenso, a la hora de debatir posiciones y prácticas en torno al presente. En los últimos tiempos mi interés se revitalizó al calor del debate en torno a la constitución del necesario Frente de izquierda y los/as luchadores/as sociales que deberá articularse en torno a un programa anticapitalista, antineoliberal, anticonservador, es decir socialista, al que venimos dándole forma en muchas de las luchas que como partidos, movimientos y activistas llevamos adelante en nuestra vida diaria, aun en la imposibilidad de la coincidencia electoral. Sin embargo, en el último editorial firmado por el compañero Altamira encuentro un punto de disenso tan grave como lo que él allí explica y denuncia. Es claro que un frente que se oponga al aborto no es de izquierda: el aborto mata al igual que lo hace el pago de la deuda externa. Y en esto gran parte del activismo de las diversidades sexuales coincidimos, aunque en grados diferentes de compromiso y prácticas concretas. Sin entrar a considerar otras afirmaciones que realiza Altamira en este editorial y con las cuales encuentro matices o desacuerdos, hay una que me parece errada tanto desde el punto de vista de su correspondencia histórica como desde la concepción política que la sustenta. Allí dice Altamira: “La conexión entre la legislación que los estados impulsan o toleran con el negocio capitalista es tan estrecha que la sanción de la unión civil... contó con el apoyo del lobby de las agencias de turismo que compiten por el turismo gay...”. La primera parte de su consideración es acertada en líneas generales, sin embargo soslaya que las leyes, en tanto “productos culturales”, son la materialización de contradicciones materiales, como lo fueron las famosas “leyes sociales” que el peronismo consagró y el justicialismo desmanteló una a una: fueron verdaderos reaseguros de las relaciones de propiedad, pero a su vez un grado mayor de acceso a derechos y de puesta en práctica de un nuevo umbral en la dialéctica de clases que la izquierda no supo y/o no pudo profundizar. En este sentido algunos/as de los/as que activamos en y desde una articulación entre antidiscriminación y marxismo consideramos a la “unión civil” como una “batalla cultural” de capital importancia, no por la generalidad y la abstracción implicita en su carácter de clase (es claro que la preocupación por la unión civil no constituye una prioridad de colectivos como el de las travestis y los/as transexuales sometidas/os a la exclusión y la violencia estatal o los gays y las lesbianas pobres), sino por el carácter antagónico que inauguramos a partir de la consideración de la lucha por este “contrato” como un tema de acceso a servicios sociales y de lucha por la liberación y por la igualdad real y no meramente formal. Y en relación con los “hechos”, en aquellos días de pelea quienes hicieron lobby no fueron las contadas agencias de turismo, real manifestación del agónico y paródico capitalismo gay criollo, sino las sotanas púrpuras calzadas en los cuerpos enjutos de los obispos y de diputados de la derecha recalcitrante como Bussaca y Enríquez, liberales como la viuda Oyanharte, que se pegó el faltazo a la sesión, o “radicales” que no temieron decir que no en el momento del voto. Mientras tanto usted, compañero Altamira, también faltó a la cita y al debate y sólo le oí decir en una reunión de Comisión que usted apoyaba el proyecto de la diputada Marino, que sólo tenía por objeto “embarrar la cancha” para que nada saliera y que tuvo que retirar por la presión que ejercimos en la misma sesión. Compañero Altamira, un Frente de izquierda y los/as luchadores/as se construye en las prácticas y en un debate amplio en el que quienes luchamos no seamos convidados/as de piedra de las prácticas y de las afirmaciones que nos pretenden designar. Y sea esta carta un aporte al debate necesario con compañeros de luchas.

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