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5 de enero de 2005 | #883

Quedó al desnudo el vaciamiento de la salud pública

La responsabilidad del gobierno de Ibarra no se limita a la falta de control de las discos como Cromagnon, la tragedia puso de manifiesto el desabastecimiento que sufren los servicios de salud.
 
Faltaron tubos de oxígeno y hasta mascarillas. Por TV se pudo ver que los jóvenes rescatados con signos de asfixia eran apantallados, mientras las ambulancias no daban abasto para su traslado. Un tubo de oxígeno y varias mascarillas pueden contener las crisis de asfixia y... salvar vidas y daños neurológicos.
 
En los hospitales no había respiradores suficientes. Lo cual obligó a traslados de pacientes y de respiradores de un hospital al otro. Un bebé fue trasladado a la provincia de Buenos Aires, donde tampoco había respiradores, por lo que fue nuevamente derivado al Hospital Garrahan, donde llegó fallecido.
 
En los hospitales porteños no hay cámara hiperbárica que mantiene el 100% de oxigenación a dos o tres atmósferas, es decir una hiperoxigenación. Es el tratamiento que se utiliza para combatir los casos de intoxicación severa con monóxido de carbono. El del Hospital Muñiz está roto y nunca se dio el dinero para repararlo. (Hay uno, sí, en el Hospital Naval, pero no en el de Niños). El tratamiento enérgico que realizan estas cámaras puede sacar de la gravedad extrema a un paciente en cuestión de horas. El monóxido de carbono invade la hemoglobina doscientas veces más que el oxígeno y sólo un tratamiento enérgico permite expulsarlo.
 
¿Cuántas vidas se podrían haber salvado?
 
También faltó material de los laboratorios para diagnosticar la severidad de los casos que se presentaban. En la mayoría de los laboratorios de los hospitales no hay reactivos para medir el dosaje de carboxihemoglobina, que indica el nivel de envenenamiento con monóxido de carbono, y la envergadura y el tiempo del tratamiento que hay que desarrollar. Las ambulancias iban y venían al Hospital Fernández, y otros llevando análisis y perdiendo tiempo valioso, por falta de insumos.
 
Esto sigue ocurriendo en una ciudad populosa que ha tenido en pocos años tres graves catástrofes (Embajada de Israel, Amia y Lapa).
 
Rechazamos por encubridora la solicitada (“Frente al dolor la solidaridad del hospital público”) que publicó en el día de la fecha la Asociación de Médicos Municipales, dirigida por una dirección ibarrista. En la misma se saluda el esfuerzo y sacrificio de los médicos que trabajan en los hospitales, pero se oculta el sabotaje a la estructura sanitaria de la Ciudad, hundida por la falta de presupuesto y por la política privatizadora de Ibarra.

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