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14 de julio de 2005 | #908

De la cortesana roja de Apold a la monaguillos rojos de Cafiero

El MST viene buscando la manera de maquillar a Mario Cafiero para poder presentarlo al electorado —pero en especial a su propia militancia— como un referente de izquierda. Alternativa Socialista, el periódico de uno de los MST, no tuvo mejor idea que publicar en un número de este mes un reportaje a Cafiero, en el cual éste reivindica la construcción de un frente de izquierda y nacional, además de señalar la vigencia histórica de las banderas del peronismo: “La soberanía política, la independencia económica y la justicia social”. Si la intención del MST era despegar a Cafiero de su imagen de hombre del clero resaltando su “perfil antiimperialista”, lo único que ha logrado es embarrarse más en el fango de las organizaciones que están siendo arrastradas a la cooptación del Estado vía políticos patronales.

La denominada “izquierda nacional” ha representado la subordinación de la izquierda a la burguesía nacional. Nace a mediados de 1940 planteando la necesidad de superar el proimperialismo del PS y del PC, y arrogándose la capacidad de “entender al peronismo” y a las “masas obreras”. Su principal bandera ha sido la “revolución nacional”, causa última por la cual merecen sacrificarse los intereses históricos de la clase obrera en función de entremezclarlos con los de la burguesía. Transformada en una causa común de explotados y explotadores, la liberación nacional dejaría de ser para la izquierda nacional un episodio dentro de la revolución social para convertirse en un fin en sí mismo.

La “izquierda nacional” ha atacado el “reduccionismo clasista” del bolchevismo, argumentando que éste “divide al pueblo” y sólo le “hace el juego al imperialismo y a la oligarquía”. Ha señalado la inviabilidad del internacionalismo proletario, al cual identificó con el estalinismo, y ridiculizó como una simple expresión de la “nostalgia de los inmigrantes”, en referencia a los obreros europeos que llegaron al país a partir de fines del siglo XIX. Ha revestido de lenguaje marxista las principales tesis del nacionalismo de Forja y de Arturo Jauretche, enemigos de la construcción de un partido obrero independiente.

La izquieda nacional nació con la cooptación que el peronismo realizó de las sectas trotskistas de mediados de los ‘40 y de parte del activismo obrero de aquella época que comenzaba a romper con el PC. A partir de aquí actuó como vasallo político del peronismo defendiendo el “apoyo crítico” a la burguesía nacional y trabando cualquier intento de reagrupamiento independiente de la clase obrera.

Luego de 60 años de “proyecto nacional” peronista, luego de conocer el lamentable final de la izquierda nacional, la cual terminó integrada al principal partido patronal de la historia (Jorge Abelardo Ramos, uno de sus principales exponentes, terminó como embajador de Menem) o reducida a secta tradicionalista (Norberto Galasso fundó la corriente historiográfica “federal provinciana”) e incluso luego de haber hecho su propia experiencia en esa corriente (Nahuel Moreno cofundó en los ‘50 el Partido Socialista de la Revolución Nacional jactándose de actuar bajo la dirección del General Perón), el MST insiste en querer someter a la izquierda a elementos proburgueses laderos del “nacionalismo popular” en boga. Les niega a los explotados la posibilidad de un canal obrero y socialista para forjar una salida frente a la barbarie del capital.

Hace ya bastante tiempo se definió a Abelardo Ramos como la “cortesana roja de Apold”; de la mano de Cafiero, ¿estaremos frente a los monaguillos rojos del clero? El MST dirá si la comparación es demasiado grande, o demasiado chica.

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