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21 de julio de 2005 | #909

Jubilados y porteros: culpables

Los jubilados o los porteros son los responsables por la inflación; esto es lo que, según parece, aprendió Lavagna en las universidades extranjeras. Kirchner se plegó a su ministro y dejó por el momento de lado un aumento a los trabajadores en retiro. Teme que los jubilados se atropellen frente a las góndolas o las farmacias y hagan estallar el índice de los precios.

El carácter interesado de los planteos del gobierno salta a la vista, apenas se repara que la demanda general de la economía está compuesta por dos rubros, no uno: los salarios y los ingresos de los trabajadores en general, por un lado, y las ganancias de los capitalistas, por el otro. Los salarios e ingresos se encuentran largamente por detrás del aumento del costo de vida; las ganancias, por el contrario, han subido en forma escandalosa. La razón principal de este aumento de ganancias es la devaluación del peso para los exportadores y la enorme desvalorización que ha sufrido la fuerza de trabajo. Los precios mayoristas han aumentado, desde 2001, más de un 170%, o sea el equivalente a un dólar a 3 pesos. Los precios mayoristas se han re-dolarizado, mientras los salarios se han pesificado; la suba de los precios mayoristas tiende a trasladarse al minorista. La inflación es el mecanismo que ha permitido esta confiscación económica, a partir de la devaluación.

La inflación debería tener como techo el nivel de precios de la economía internacional, que tiende más bien a bajar (deflación) a pesar incluso del crecimiento de la cotización de los combustibles y las materias primas. Pero como el gobierno mantiene una política de devaluación del peso, comprando dólares masivamente, los precios internos (y las ganancias capitalistas) siguen creciendo.

El principal aumento de la demanda se origina en las ganancias, a las cuales hay que agregar la que proviene del ingreso de capitales especulativos y del turismo, así como de las ganancias especulativas que obtienen estos capitales especulativos. Como la demanda originada por: 1) las ganancias, 2) el ingreso de capitales especulativos y 3) las ganancias de estos capitales, no se vuelca a inversión (es del 8-10% neto, o sea excluyendo amortizaciones, de un producto bruto disminuido de 140.000 millones de dólares); ella presiona sobre los precios de todos los consumos suntuarios y de la propiedad. A la suba de los precios suntuarios (restaurants, cosmética, transporte de turismo, autos, nuevos artículos electrónicos) hay que agregar la suba de precios de los terrenos para construcción, lo que arrastra al aumento a las viviendas y a los alquileres. Lo que se concluye de aquí es que para combatir la inflación hay que ‘reprimir’ la demanda que viene de las ganancias, no la de los salarios, esto por medio de impuestos diferenciales y progresivos, que retengan la totalidad de los beneficios capitalistas extraordinarios; el gobierno, en cambio, ¡está subsidiando a los pulpos capitalistas, por un monto equivalente al 20% del presupuesto nacional!, a través de exenciones, subvenciones y aportes de capital (fondos fiduciarios). Se atribuye la inflación a los salarios y a las jubilaciones cuando un aumento como el que han tenido los alquileres alcanza para reducir la demanda disponible de los asalariados, al extremo de invalidar en forma absoluta que ella produzca la inflación.

Frente a la inflación los trabajadores no tienen otro medio de defensa que el aumento de los salarios, pues no pueden confiar en que la carestía sea frenada por la acción del Estado capitalista, que es lo que proponen centroizquierdistas y ‘progresistas’, con lo cual manifiestan su hostilidad a los aumentos de los salarios, del mismo modo que los capitalistas. Los capitalistas pretenden que los trabajadores se hagan cargo económicamente de la estabilidad del capitalismo. El Estado ha asegurado el ajuste por inflación de la deuda externa en pesos (que se traslada también a la nominada en dólares por medio del mecanismo de nivelación de rendimientos —arbitraje), pero se opone, como también se oponen los centroizquierdistas, al ajuste por inflación de los salarios.

La inflación preocupa a los economistas del régimen. Miguel Bein, por ejemplo, dice que “El gran desafío es que la situación no se desmadre (...) Estamos muy cerca de esa situación (!!!), en la cual la inflación genera inflación” (Página/12, 16/7). Palabras fuertes. Otro, González Fraga, apenas logra disimular los peligros. Dice: “La inflación de 2005 será la más alta de los últimos años (...) Que quede claro: se puede convivir con una inflación del 10 u 11 por ciento (...)” (ídem). Al primero le preocupa la posibilidad de una desorganización económica y una rebelión popular; al segundo le interesa mantener en funcionamiento una máquina de superbeneficios.

Ante la perspectiva de una economía cada vez más inflacionaria, la reivindicación que deben hacer los trabajadores es el inmediato ajuste de los salarios por inflación. Se plantea, de nuevo, la lucha entre la economía política del capital y la economía política de la clase obrera.

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