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29 de julio de 2005 | #910

Medio país cobra menos de 500 pesos

Kirchner lo hizo

Esto es lo que informa Clarín (26/7), a partir de datos del Indec. Abarca a casi siete millones de asalariados, “sean privados o estatales”.

¿Estos son los salarios responsables de la inflación?

La información destaca que la mitad de los asalariados registrados o en blanco tiene un salario promedio de 740 pesos (la totalidad de este grupo saca en promedio 900 pesos).

Es un mito entonces que la pobreza afecta solamente a los que están en negro.

El promedio de lo que ganan los trabajadores en esta última situación es de 470 pesos, pero la mitad apenas llega a 350 pesos.

Son cifras de terror.

Ponen en evidencia las inmundas mentiras que propalan el conjunto de los partidos capitalistas, cuando dicen que los que trabajan están bien y no son pobres.

Para Carrió, López Murphy o Alicia Kirchner, hay que atender solamente a los niños de las madres sin recursos pero de ningún modo interferir en el salario.

Hay que dejar, dicen, que la explotación social de la clase obrera siga su curso.

Hay que cuidar, antes que nada, dicen, la tasa de rentabilidad del capital.

Para los partidos capitalistas la pobreza deriva de la ‘exclusión’ del proceso de trabajo capitalista, cuando las cifras dicen que es, fundamentalmente, el resultado de la ‘inclusión’ en ese proceso de explotación social.

La función social de la pobreza obrera está retratada en el informe del Banco Central (Clarín, 25/7) que señala que “desde la devaluación, el costo laboral se redujo en un 30%”. En los autos y en el hierro y el acero, la reducción del costo laboral ha sido del 55,9 y del 63 por ciento, respectivamente.

En las famosas industrias inflacionarias, la leche y los productos alimenticios, la reducción del costo laboral ha sido, desde 2001, del 16,1 y del 31,9 por ciento, en cada una.

Kirchner lo hizo.

Esta enorme reducción de costos laborales “es por aumentos de precios y mejoras de producción”.

Pero estas ‘mejoras’ de producción no son otra cosa que flexibilidad laboral, porque todo el mundo coincide en que no hay inversiones, aunque las inversiones, de todos modos, tienen por objeto explotar con más intensidad a la fuerza de trabajo —de lo contrario son superfluas para el capitalista, o sea un derroche para el propósito fundamental del capitalista, que es incrementar la rentabilidad (en tasa y en cantidad).

La lucha contra la pobreza, entonces, carece de cualquier posibilidad de éxito si no es una lucha contra el capital, una lucha contra la presión capitalista por una mayor explotación.

Reivindicamos, en definitiva, que el salario mínimo cubra el costo de la canasta familiar; que el horario de trabajo se reduzca; que los ritmos del trabajo sean controlados por los trabajadores; que las patronales y el Estado paguen una jubilación del 82 por ciento del salario.

En una palabra, se trata de oponer la economía política de los trabajadores a la economía política del capital.

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