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29 de julio de 2005 | #910

El coraje de un padre, la miseria del capitalismo

Para lograr que un médico atendiera a su hija, gravemente enferma por la desnutrición, un catamarqueño debió caminar más de 20 kilómetros con la pequeña arriba del lomo de un burro y luego viajar otros 85 kilómetros en una combi. El pueblo en el que viven —Río Grande— no tiene energía, agua, desagües ni teléfono. De hecho, la familia que quedó allí debió esperar la llegada de una carta, ocho días después, para enterarse del resultado de la odisea.

La miseria social provocada y sostenida por el régimen K estuvo a punto de matar a otro argentino. Si la nena sobrevivió fue porque el padre superó los obstáculos que le puso en su camino este régimen social.

Ninguna de las pavadas que puedan decir ahora el gobernador Brizuela del Moral, el ministro de Salud, Aguirre, o el jefe sanitario de la zona puede ocultar la realidad: la indigencia a la que ha sido llevada buena parte de la población catamarqueña producto del saqueo capitalista de las riquezas provinciales y de la venalidad de los funcionarios encargados de custodiarlas.

El cuadro

Río Grande es un pueblo en el que viven entre 23 y 70 familias (La Nación, 22/7, y Clarín, 23/7) “todas numerosas. Muchos viven del trueque”. “A falta de agua potable, beben de un riacho”. El pueblo más cercano por donde pasan vehículos se encuentra a 50 kilómetros. Por toda asistencia sanitaria en Río Grande vive un enfermero. La escuela-albergue a la que concurren 27 chicos no tiene energía. “Los habitantes de esa zona de la Puna perviven con sus necesidades básicas insatisfechas, mal atendidos y con altos índices de desnutrición. Para tener atención médica, deben ‘bajar’ a las cabeceras departamentales y en muchos casos, como el de Avelino y su hija, deben recorrer caminos de herradura, siempre a pie”.

 

 

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