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29 de julio de 2005 | #910

Kirchner y Lavagna trabajan para los Mastellone

¿Preocupación por los consumidores? De ninguna manera. La decisión del gobierno de subir las retenciones a la exportación de leche ha sido saludada por La Serenísima, en una solicitada del miércoles 27. El pulpo no tiene la menor intención de bajar el precio del fluido, algo que puede hacer porque tiene el monopolio del mercado interno (La Serenísima no es principalmente exportadora sino ‘consumera’). Mientras tanto, las mayores retenciones a la exportación bajarán el precio que se paga a los tamberos, con lo cual La Serenísima (y también SanCor) ganarán por partida doble: pagando menos la materia prima y castigando con un precio más alto al consumidor. La afirmación de Clarín (23 y 27/7) de que la medida “castiga” a los exportadores no se compatibiliza con la realidad, esto por la sencilla razón de que los exportadores descargarán el peso de las retenciones más elevadas sobre los tamberos. Los exportadores, asimismo, siguen contando con el beneficio extraordinario de la suba del precio de la leche en el mercado externo, mientras que las retenciones a las exportaciones sólo afectan a una parte del beneficio extraordinario otorgado por la devaluación del peso.

La crisis en torno al precio de la leche ha puesto en evidencia el empeño del gobierno en ‘reconstruir a la burguesía nacional’ a expensas de los consumidores. No defiende, en cambio, el ingreso nacional de la producción argentina a expensas de los pulpos extranjeros que negocian exportaciones. Estos pulpos transfieren el tributo de las retenciones a los productores agrarios, lo cual les permite conservar para ellos los beneficios extraordinarios que han generado tanto los elevados precios internacionales de las materias primas y alimentos como la devaluación del peso. Las retenciones a las exportaciones cumplen también una función que rara vez es mencionada, la de evitar que ocurran sobreproducciones que hundirían los precios internos e internacionales, como ocurriría si la totalidad de los beneficios extraordinarios fueran capturados por los productores. En mercados como el de la soja, la producción argentina podría influir en la determinación del precio internacional, aunque en la actualidad ese precio está condicionado más por la demanda que por la oferta.

La conclusión del ‘incidente’ de la leche es que el gobierno de Kirchner es rabiosamente capitalista.

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