25/10/2021

2.000% de inflación en los últimos diez años

Todos los que gobiernan y gobernaron son responsables del hambre popular.

Cuando continúa en boca de todos el “congelamiento de precios” trucho del gobierno, el debate sobre su telón de fondo también se coloca en el centro de la escena. La inflación es una bola de nieve que no para de crecer, aniquilando a su andar el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones. Tal es así que en un informe reciente (Infobae, 24/10), donde comparan precios de 2011 a esta parte, los aumentos en algunos ítems van desde un 526%, como el detergente de ropa Skip, hasta… un ¡7.500%! como el precio de los tomates.

Si se hace un promedio general del aumento de precios, se puede establecer que la inflación de esta última década acumula un 1.936%. Tal es así que en 2011 con $1.000 bastaba para “llenar el changuito”; este monto alcanzaba para comprar 60 productos de primeras marcas. El combo incluía desde carnes y verduras hasta productos de limpieza. Hoy un billete del hornero (la emisión de billetes cada vez más altos es otra prueba inequívoca de la inflación) puede comprar un kilo de asado, un pote de queso crema y un kilo de sal. De hecho, para comprar estos mismos 60 productos hoy se necesitan… $18.000.

Son muchos otros los números que constatan el desmadre inflacionario. Por ejemplo, con $1.000 se podían comprar 400 paquetes de harina Pureza, hoy se compran menos de 9. Se compraban entonces 88 paquetes de yerba Rosamonte, hoy menos de 4. De las 101 latas de atún de primeras marcas para las que alcanzaba entonces hoy solo se compran 4. Una liquidación colosal del poder adquisitivo de los trabajadores y jubilados. En tanto, el salario mínimo era entonces de $2.700. Hoy está en $32.000, por lo que creció un 1.185%.

De entonces a esta parte hubo varios intentos de los gobiernos, de Cristina a Macri y ahora a Alberto, de congelar o regular los precios. Todos fracasaron en evidencia, de los Precios Cuidados (2013) a Precios Esenciales (2019) y los ensayos de Paula Español y ahora Roberto Feletti con el gobierno de los Fernández. Pero mucho más estrictos fueron todos los gobiernos en imponer sucesivas paritarias a la baja hasta dejar los salarios debajo de la línea de pobreza. Esto, por supuesto, con la colaboración de las burocracias sindicales entreguistas.

Los datos de esta tendencia sostenida durante toda la última década dejan en offside a La Cámpora, que publicó un comunicado apoyando el congelamiento que es cuanto menos una farsa. Le endilga la fuga de capitales, la devaluación y la “entrega del poder económico a grandes grupos empresarios” solo al macrismo, y sostiene que ahora, bajo el gobierno de los Fernández, la culpa de la inflación sería de la concentración monopólica y de la capacidad de los pulpos de remarcar los precios arbitrariamente. Pero el gobierno no combate a los grandes capitales como las alimenticias, sino que solo intenta consensuar algún mínimo acuerdo en un cuadro de caos económico. Si el “congelamiento” es rechazado por los principales pulpos del país, a diferencia de otras ocasiones en el pasado de medidas similares, es porque pretenden a cambio mayores concesiones de un gobierno golpeado que tras las Paso redobló las prerrogativas a distintos sectores capitalistas.

En lo fundamental, el comunicado camporista es una farsa porque la fuga de capitales, que es la principal causa de la desvalorización del peso, no empezó con el macrismo ni terminó con él. Representa una línea de continuidad bajo todos los gobiernos, incluidos el de los Kirchner y ahora de los Fernández. Uno de los principales artífices de la devaluación es el pago de la deuda externa, un cometido para el que ellos mismos se adjudicaron en su momento, bajo el gobierno de Cristina, “ser pagadores seriales”.

Por mucho que le pese a Máximo y a La Cámpora con su impostura de decir “que no van a pagar la deuda con el hambre popular”, es precisamente eso lo que hicieron y hacen. La eliminación del IFE, el ajuste en partidas de asistencia social, la perpetuación de un salario mínimo de indigencia, la eliminación de la movilidad jubilatoria a una semana de asumir Fernández y el recorte sobre los alimentos a los comedores populares en consonancia con el FMI son un hecho innegable. Un país cuya pobreza creció del 35,5% tras la salida de Macri hasta un pico del 50% de los hogares bajo línea de pobreza en el primer semestre del año, cuando se llevan pagados desde diciembre de 2019 a la fecha más de 12 mil millones de dólares de deuda externa, tira por la borda la perorata kirchnerista. Son responsables del hambre popular y de la inflación.

Estos diez años de escalada inflacionaria constatan que a ambos lados de la “grieta” hay un régimen político de hambre y de saqueo del país. Todos los que nos gobernaron son responsables. Desde el Frente de Izquierda – Unidad tenemos un programa de salida que parte desde las reivindicaciones más inmediatas de los trabajadores y ataca los puntos estratégicos en que se genera la inflación. Planteamos la ruptura con el pago de la deuda externa, la nacionalización de la banca y el comercio exterior, la apertura de los libros de las empresas del campo a las góndolas y la elevación de salarios y jubilaciones a un piso de $100.000, donde se ubica hoy la canasta básica familiar. La vía para alcanzarlo es que los trabajadores tomemos la delantera y reorganicemos al país sobre nuevas bases sociales, quebrando a un régimen de “pagadores seriales”, endeudadores y especuladores que nos dificultan cada vez más poder llegar a fin de mes.

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