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2 de agosto de 2012 | #1233

En las vísperas de una pelea política de fondo

Cómo se prepara una situación pre-revolucionaria desde arriba

El gobierno parece lanzado a la arremetida final contra Clarín. Lo ha conminado por medio de cartas documento para que proceda a las “desinversiones” que establece la ley de medios. Obliga a Clarín a desprenderse de su principal señal de cable -TN- y de numerosas licencias que fue adquiriendo en el interior del país; se quedaría apenas con Lanata y la inimitable parodia de Fátima Flores. Los K están convencidos de que la estocada de gracia contra la “corpo” les asegurará la supervivencia política, la superación de la desesperante situación económica y la reelección indefinida -”Cristina eterna”. Quedaría la vía libre para que los “críticos del lenguaje” hagan abuso de sus cualidades. La convicción de que el litigio va a un desenlace surge del fallo de la Corte que hace caducar el próximo 7 de diciembre las cautelares obtenidas por Clarín. Para la “corpo”, sin embargo, el fallo permite dilaciones, porque no se pronunciaría sobre la cuestión de fondo -el perjuicio económico que le causaría una desinversión apresurada. Si la estrategia de seguir ganando tiempo, por parte de Clarín, significa una apuesta a la desestabilización política -que mandaría la susodicha ley al museo-, la desinversión “forzosa” equivale a ir por el camino del decreto de necesidad y urgencia, del desplante a los planteos judiciales y de la intervención estatal por la vía de los hechos. Otro hecho que mete presión a la crisis política es el destino del grupo Blaquier, cuyo mandamás está acusado de crímenes de lesa humanidad en Libertador General San Martín. El pulpo organizó, la semana pasada, una “movilización” en apoyo propio. La participación comprobada de Blaquier en la desaparición de personas es conocida desde hace décadas, pero hasta hace muy poco el kirchnerismo lo tuvo como aliado; y el vice, Boudou, tenía al jefe efectivo del ingenio Ledesma, Federico Nicholson, como “partner” en los “courts” de tenis. Dadas estas “amistades”, no faltan quienes sospechan que lo que se está dirimiendo es la propiedad del pulpo, que recibe millones de dólares de subsidios por parte del gobierno nacional para producir bioetanol -combustible que goza de enorme prestigio en la Rosada.

La Jabonería de Vieytes

Como si aún fuera necesario declarar abiertas las hostilidades, CFK ha vuelto a denunciar un conciliábulo de los directivos de Clarín, La Nación y Perfil con Biolcati y la cúpula de la Mesa de Enlace en la muestra de la Sociedad Rural. CFK recordó los negocios sucios entre Clarín y las AFJP, pero se olvidó de los desfalcos de la Anses por parte del gobierno. El alineamiento de fuerzas se desarrolla a la luz del día. Hace sólo un par de semanas se formó una nueva asociación patronal, como si ellas escasearan. El dato relevante es que fueron de la partida -además de La Nación y Clarín- grupos que hasta ahora sabían comulgar con el gobierno, como el fondo agrícola Grobocopatel, las empresas telefónicas y hasta el monopolio minero Xstrata, controlante de La Alumbrera. Llamó la atención la presencia en el entrevero de la fundación de YPF, aunque es sabido que Galuccio quiere una asociación con pulpos internacionales y no una intervención del Estado en las cuentas de las petroleras. El grupo en cuestión no tiene los trazos de un “lobby” -cuya función es obtener ventajas del oficialismo de turno-, sino que se parece más a “la Jabonería de Vieytes”, de mayo de 1810. Esta nueva entidad apunta a un cambio completo de política económica; en especial, a una devaluación y al retorno a la libertad cambiaria -lo que va más allá del gobierno actual. La devaluación y el tarifazo no son solamente una necesidad capitalista. Son, por sobre todo, el santo y seña de una alternancia política. Si logra empujar al gobierno a realizar el trabajo sucio, mata dos pájaros de un tiro, porque además se saca de encima al propio gobierno, que difícilmente pueda sobrevivir a un “Rodrigazo”. A la izquierda revolucionaria se le plantea la compleja tarea de impulsar la lucha contra el ajuste kirchnerista y denunciar en forma sistemática la formación, de nuevo, de un bloque capitalista poderoso, que adorna sus intenciones golpistas y antiobreras con peroratas democráticas. Entre la “cadena nacional” y los medios capitalistas “encadenados”, primero caracterizamos el carácter capitalista y antiobrero de los bandos en pugna, y enseguida llamamos a los trabajadores a luchar por una salida propia.

Ojo al piojo

La acentuación del carácter conspirativo que ha asumido la política tradicional se manifiesta en una infiltración de oficialistas entre los opositores y viceversa. En la “CGT Balcarce”, por ejemplo, nadie confía en nadie: todo el mundo sospecha de que el “tapado” es el otro. Esto ocurre en gran escala en la provincia de Buenos Aires, donde los intendentes cambian de mazo en cada reparto. La pelea por el juego de azar puede cobrar tintes mafiosos. Moyano ya sufrió esta experiencia con los pases de sus ex aliados a la CGT obesa, y ahora con ex amigos que le rescinden contratos a Covelia. El moyanismo se reúne con todo el mundo, incluso con el frente sojero de Binner y de Buzzi -o sea que se afilió a la devaluación del peso. Esta conspiración de todos contra todos acentúa la importancia de la independencia obrera, pues el movimiento obrero es uno de los principales terrenos de conspiraciones, ya que en una confrontación decisiva la clave será la conducta de las masas. Un peligro es que los trabajadores ocupen lugares rivales en una lucha que no es la de ellos. A eso tienden los que presentan la crisis en curso como “una interna” de peronistas. De ningún modo: es una crisis de régimen político y, por arriba, una pelea de buitres capitalistas. La ‘causa popular’ es una bolsa de gatos El oficialismo está surcado por esa misma división, lo cual, de paso, explica “la soledad” que se le atribuye a CFK, o la acentuación del método de gobierno personal o de camarilla. Buena parte del oficialismo presiona por una devaluación; en especial, los intelectuales del “modelo” como Eduardo Curia, Aldo Ferrer o el diario Infobae. Otros elementos se nuclean en torno de Scioli -o, alternativamente, de De la Sota, aunque la figura “en ascenso” es el “Tigre” Massa, que viene asomando por los palos. Lavagna, Remes Lenicov, Sarghini trabajan con Scioli. Alberto Fernández, que se cubre debajo del paraguas de Scioli, rememora, siempre que puede, los viejos tiempos del “tipo de cambio competitivo”. Es lícito caracterizar que Galuccio de YPF se encuentra en la misma posición, para bajar -licuar- costos de producción. Los grandes monopolios petroleros han hecho saber que no piensan invertir un solo dólar si no consiguen mayores tarifas y la remisión de utilidades a sus casas matrices -aunque sea a 6,50 pesos el verde. El pago de los 2.300 millones de dólares del Boden 2012 -que irá a los bolsillos de los fondos buitres y a las cuentas neoyorkinas o londinenses- será la ceremonia de proclamación de la orden de devaluar el peso. El tiempo es oro En esta crisis vertiginosa importan los tiempos y los ritmos. Scioli necesita llegar a las elecciones del año que viene de pie; lo mismo Clarín. El gobierno ha perdido la posibilidad de una victoria por puntos. Por otro lado, la crisis ya no es nacional -es lo que dejó el golpe en Paraguay. La enfermedad de Chávez, el resultado de las elecciones en Venezuela, la crisis económica en Brasil, la división creciente del Frente Amplio en Uruguay son todos escenarios de una misma crisis. Venezuela entró al Mercosur por un golpe de mano de los gobiernos de Argentina y de Venezuela, así como por golpes internos de Roussef y de Mujica en sus propia cancillerías. El agotamiento de las limitadas experiencias nacionalistas ha abierto un frente internacional de crisis, del cual el imperialismo buscará sacar provecho si no se interpone una acción histórica independiente de obreros y campesinos. Se plantea como una tarea política de primer orden explicar el cuadro de la situación a los sectores más activos de las masas y, con ello, la necesidad de estructurar un bloque político independiente, el cual solamente puede ser el resultado de la unión de la izquierda revolucionaria y el movimiento obrero. Gabriel Solano

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