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27 de enero de 2005 | #885

Kirchner "arregla" con Aguas

Kirchner , dice la prensa, salió “eufórico” de su entrevista con Chirac, porque el francés le habría dicho con relación al conflicto con el pulpo Suez (Aguas Argentinas), que “si tienen que rescindir el contrato, háganlo, pero no demoren”. Es obvio que el Presidente de Francia no va a “escupir el asado”, porque “rescindir el contrato” significaría que la Argentina se haga cargo de la deuda externa de la empresa por casi 700 millones de dólares, más las indemnizaciones que la empresa reclama en esa cueva de ladrones que es el Ciadi. En otras palabras, lo que dijo Chirac fue que la privatización debe continuar y que la plata para invertir la ponga el Estado o que aumenten las tarifas. Una ruptura “no amigable” (e incluso una ‘amigable’) está excluida por la necesidad de seguir con el canje de la deuda. Por eso, Lavagna repitió más de una vez que la rescisión del contrato “no es una alternativa”.
 
Aunque algún vocero del gobierno ha presentado una rescisión del contrato con Aguas Argentinas, como otra manifestación de su “nacionalismo”, la parte más interesada en la rescisión podría ser la propia empresa. En la década del ‘90, tres grandes pulpos europeos –las francesas Suez y Vivendi, y el británico RWE– acapararon las principales privatizaciones de los servicios de agua en varios países. Suez se retiró de Bolivia, Indonesia, Puerto Rico y Filipinas; Vivendi de Puerto Rico; los ingleses de Indonesia. En la década del ‘90, estas empresas lograron enormes beneficios con tarifas dolarizadas en países que tenían sus monedas sobrevaluadas. Pero las devaluaciones de las monedas locales volvieron impagables las tarifas dolarizadas y los ajustes tarifarios en dólares. Por eso, los pulpos del agua han congelado sus inversiones en todos lados y se están retirando. En el camino, rapiñan lo que pueden en términos de “indemnizaciones”.
 
Lavagna blanqueó la verdadera discusión cuando dijo que se le había ofrecido a Aguas Argentinas un aumento tarifario del 16% (la empresa reclama el 60%). Un acuerdo tarifario debería ir acompañado de un “compromiso de inversiones”, principalmente por parte del Estado argentino. El nacionalismo de Kirchner consiste en utilizar el superávit fiscal para compensar a los privatizadores.
 
Una verdadera cueva de ladrones.

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