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11 de julio de 2013 | #1276

Moreno: Nuestra solidaridad con los trabajadores de prensa

"Ella no es una señora, es una periodista de Clarín".

"Los periodistas de Clarín tienen las manos manchadas con sangre".

Tales son las lindezas que Guillermo Moreno les dedicó a la periodista Silvia Naishtat y, enseguida, al editor de Clarín Walter Curia, cuando le preguntaron por las remarcaciones de precios en los supermercados. El incidente se produjo al terminar la celebración del aniversario de la independencia de Estados Unidos, que la embajadora norteamericana, Vilma Martínez, organizó para su despedida de Argentina.

El lugar y las circunstancias no constituyen un dato menor. Ese energúmeno increpó a Naishtat, a quien identificó con su patronal, después de chuparle prolijamente las medias a la representante del gobierno criminal de los Estados Unidos, que, por supuesto, no tiene las manos manchadas con sangre sino el cuerpo entero. La dictadura militar fue establecida por exigencia del gobierno y el establishment norteamericanos. Mientras Moreno se deleitaba en la embajada, su mandamás, CFK, viajaba a Cochabamba para protagonizar una ficción de denuncia de los imperialismos capitalistas.

Los "opositores" limitan este atentado contra la "libertad de prensa" a los desbordes de Moreno, cuando el atropello arranca desde el mismo lugar de trabajo, que condiciona el conjunto de la labor informativa, el manejo de los titulares y la iniciativa intelectual de los periodistas. Desde aquí nos solidarizamos con Silvia Naishtat sin restricciones. Moreno actúa en función de una línea general del gobierno.

Moreno representa el fracaso del intervencionismo del Estado como método para encauzar las contradicciones del capitalismo y de la política capitalista oficial.

Guillermo Moreno ha convertido un conflicto de intereses entre el gobierno y Clarín en un ataque del Estado contra los trabajadores del medio. Esto desnuda su carácter antiobrero. Más tarde o temprano volverá a pactar con su oponente capitalista. Con los trabajadores, en cambio, ha creado un foso infranqueable.

Héctor Magnetto, convertido en el gran demonio por el gobierno, era hasta 2005 un excelente amigo del oficialismo, al punto que, en 2004, el entonces presidente Néstor Kirchner mandó la guardia de infantería contra los trabajadores gráficos que habían ocupado la planta donde se confecciona la revista Viva. Reprimió obreros para defender a Magnetto. Es más, aún en 2007, cuando ya había empezado la pelea, el mismísimo Moreno firmó la resolución que extendía las concesiones del grupo Clarín.

Pero, además, Moreno ataca a trabajadores que se organizan y movilizan contra su patrón, contra Noble y Magnetto, que eligen su comisión interna y sus delegados paritarios después de una década de represión interna. Y, en ese caso, la patronal de Clarín encuentra el respaldo sistemático del Ministerio de Trabajo.

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